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Héroes y villanos
El miércoles 15 de diciembre, doña Pilar
Manjón, Presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo les
cantó las cuarenta, pero en bastos, a Sus Señorías en la Comisión
Investigadora de los Sucesos del 11 de Marzo. Y digo que se las cantó
en bastos al acusarles de que ellos, en las anteriores comparecencias
tanto del señor Aznar como del señor Zapatero, se las habían cantado
unos a otros en copas y en espadas. En copas para su predilecto los unos
y en espadas para el rival los otros. Lo que haría falta ahora es
saber, si es que existe, si alguien las cantó en oros y se benefició
de las muertes de tantos inocentes; pero eso ya lo dirá la Historia,
esa jueza incorruptible de la verdad. Verdad que ha quedado de
manifiesto en las palabras de la señora Manjón, entrecortadas por las
lágrimas y ante las cuales han guardado el más respetuoso silencio
todos los presentes, como no era menos de esperar.
Hace unas noches también, quedó de manifiesto la honradez y la
valentía de un hombre, de un ciudadano de a pie aunque en esta
ocasión, como en muchas porque es su trabajo, circulase en un camión
por la N - I. Al observar como un kamikaze conducía en sentido
contrario y a alta velocidad, esquivando a los automóviles que venían
en dirección correcta, se desgañitó avisándole y dando la alarma a
todos los servicios de Urgencias. Cuando, al final, el conductor suicida
se estrelló contra otro turismo que venía por su sentido normalmente,
el heroico camionero no pudo hacer otra cosa, ni más ni menos, que
lanzarse con un extintor en la mano a intentar sofocar el aparatoso
incendio creado tras la colisión, arriesgando su vida para extraer del
coche de las víctimas a los dos únicos supervivientes, los dos hijos
del matrimonio que en él circulaba y que murió en el acto o abrasados;
eso ya no importa.
Lo significativo del hecho fue el valor demostrado por el anónimo
transportista, que a su pesar ha dejado de ser anónimo y va a ser
condecorado por la Comunidad de Madrid. Él dijo: - Yo hice lo que
tenía que hacer y no quiero que mi nombre salga en parte alguna.
Cualquiera en mi lugar hubiese hecho lo mismo.
Las Autoridades no lo han considerado así y van a homenajearle
públicamente. Siguiendo sus deseos, este humilde villano sí
conservará en silencio su nombre; es lo que él pedía. Pero parece que
nuestros dirigentes no opinan de igual forma y necesitan hacer célebres
a personas que no lo necesitan. Será para contrarrestar la tristemente
ganada celebridad de otros cuyos nombres sí quieren guardar en el
anonimato: Los de quienes, pocos días después, el domingo pasado por
la noche y durante la celebración del partido de fútbol entre el Real
Madrid y la Real Sociedad de San Sebastián, avisaron de la existencia
de una bomba colocada dentro del Estadio Santiago Bernabéu.
Fue maravilloso y ejemplar observar por televisión cómo unas 80.000
personas abandonaron el recinto deportivo en el más completo orden y
con una calma total en poco más de siete minutos, sin causarse el menor
incidente de histerismo o de pánico que hubiese dado lugar a una enorme
tragedia. Porque bomba no había pero que el objetivo buscado por los
terroristas era que cundiese el desconcierto está muy claro. Así no
hubiesen podido ser acusados de haber asesinado a nadie sino solamente
de promover el desorden. Bien sabe ETA, (y quienes con sus palabras y
actos apoyan sus pretensiones), que, si originan una catástrofe igual o
posiblemente mayor que la del 11 de marzo, quizás esa noche no hubiesen
podido dormir tranquilamente en sus casas porque el pueblo madrileño
está más que harto de sus provocaciones y hubiese ido a buscarles y a
sacarles de la cama a patadas.
Héroes y villanos, de todo hay en la Viña del Señor... Pero no
villanos por haber nacido en la Villa y Corte sino por su vileza y
maldad innatas, ampliamente demostradas a lo largo de décadas.
¿Hasta cuándo? Hasta que Dios quiera o hasta que la paciencia de todo
un pueblo se agote y ponga de una vez las cosas en su sitio.
La semana que viene les felicitaré las Navidades; hoy solamente tengo
palabras para alabar a la señora Manjón, al camionero valiente y al
esforzado pueblo de Madrid y, particularmente, a los asistentes al
mencionado evento deportivo. ¡Va por ellos! A los otros, a esos
bandidos encapuchados y a las ideas que defienden, mi más tremendo
desprecio, como siempre.
A
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