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Malos humos
Según acuerdo tomado por el Consejo de
Ministros del Gobierno de España recientemente, los fumadores lo vamos
a llevar crudo a partir de principios del año 2006. No se podrá fumar
en las oficinas, en centros públicos, en hospitales, en el Metro,
ferrocarriles, autobuses ni demás medios de locomoción que no sean
privados. En la calle todavía no se ha prohibido pero puede que llegue
el día en que se haga, así que quien quiera quemar tabaco se tendrá
que encerrar dentro de su casa y rogar a Dios que el resto de su familia
también fume o no le moleste que él lo haga. Si no, tendrá que irse
al campo para hacerlo y esperemos que los pájaros no se quejen. Y que
no se declare un incendio forestal porque será el primer sospechoso de
haber sido el pirómano.
Tampoco en los bares y restaurantes se permitirá el consumo de tabaco
salvo que los establecimientos cumplan con unos requisitos muy
especiales y también en zonas restringidas. Se acabó el cigarrito
después del postre y el café, amigos. Y no digamos ya nada de los
puros que son habituales tras los banquetes nupciales.
De hecho, en muchos sitios de los mencionados ya está prohibido: Metro,
autobuses, Centros de Salud, etc., pero la gente se los salta un tanto a
la torera,.sobre todo en el Metro. En los hospitales sí suele
respetarse, aunque a ver cómo se puede controlar al padre primerizo
para que no eche un cigarrillo tras otro mientras aguarda el nacimiento
de su vástago... Y en el transporte público sí se respeta, aunque es
chocante que los mismos conductores vayan fumando muchas veces.
¿Les he contado la anécdota del taxista que iba fumando una apestosa
farias después de la comida y cuando le detuve, tras indicarle mi
destino, al verme encender un cigarrillo me dijo que allí no se podía
fumar? Le pregunté que por qué él sí y me contestó que porque el
taxi era suyo y hacía lo que le salía de las narices, (mencionó otra
parte del cuerpo, está claro). Le indiqué que se detuviera al borde de
la calzada y descendí del vehículo sin pagarle. Me exigió que lo
hiciera y le respondí que con mi dinero viajaba donde me daba la gana y
que si quería consultábamos con un policía. Arrancó de estampida e
imagino que aquella tarde se acordaron de mi progenitor, pero qué vamos
a hacerle... Si cada cual hace lo que le sale del pie yo también lo
hice en aquella ocasión.
Estoy plenamente de acuerdo con que los no fumadores no tienen por qué
aguantar ni sufrir los humos de los que sí fumamos aunque ello me
fastidie ya que coarta uno de mis derechos, el de suicidarme lentamente;
pero, puestos a exigir y a legislar correctamente, también yo podría
exigir que la persona que viaja a mi lado en el transporte público
venga recién salido de la ducha y no eche olor a sudor. O que eche un
pestazo a alcohol que tire de espaldas, cosa que también me ha
sucedido. Pero lo que no se puede hacer es atacar única y
exclusivamente a una parte de la sociedad porque se haya impuesto una
moda.
El tabaco es un veneno. Eso lo sabemos todos los que fumamos y no
debemos ni podemos engañarnos. Pero también mata la bebida y todavía
no se exige que las botellas de güisqui lleven una etiqueta que diga
ESTO MATA. Ni he visto que los automóviles luzcan en la exposición un
cartel avisando de que se trata de un arma letal y no tienen que hacer
más que leer la cifra de muertos todas las semanas para comprobarlo.
No voy a hablar ya de las drogas, las legales y las ilegales, porque
sería desbarrar demasiado. Sí, legales; no han leído mal. ¿Cuántas
pastillas tranquilizantes que crean adición se consumen al día y por
prescripción facultativa? Naturalmente que son necesarias para curar,
pero bajo sus efectos se conducen automóviles y se maneja maquinaria
peligrosa y nadie más que el prospecto avisa de ello. A nadie le
detienen para hacerle un control de si ha tomado medicamentos
psicotropos o si ha fumado, pero sí para ver si ha ingerido una gota de
alcohol.
Luego, ¿en qué quedamos? Si el tabaco es nocivo pero no está
perseguido mas sí se avisa del riesgo que se corre consumiéndolo,
¿por qué no se avisa lo mismo con la bebida cuando ésta sí se
controla? Incongruencias, digo yo...
Lo que más fastidia del caso es que el fumar fue una costumbre
importada de América e incentivada por los yanquis; y ahora, ellos
mismos son quienes se han encargado de difundir la moda de que hacerlo
causa problemas.
¿Cómo prevé el oficinista fumador su futuro cuando no pueda encender
el pitillito? Pues más negro que sus pulmones. ¿Qué escritor o
periodista se imagina dando rienda suelta a su imaginación sin la
cajetilla de tabaco al lado? ¿Y cuántos médicos tendrán que irse a
un rincón escondido para echar una calada sin que les vean los
pacientes a los que está aconsejando que lo dejen? Lo dicho, y con
todos mis respetos, una memez.
El hombre empieza a morir desde que nace; otra cosa es que acorte su
vida con malos hábitos y que incordie a los demás que no consumen.
Pero para todo habría que utilizar el mismo rasero, es mi opinión.
Los humos son muy malos pero hay malos humos peores que los del tabaco,
como puede ser la falta de respeto al prójimo. Les aseguro que si
tuviéramos un poco de cariño a éste no tendrían por qué prohibir
nada.
Acabo, que tengo que bajar al estanco. Se me acabó el último cigarro.
¡Suerte! Otro día les hablaré del juego, otro vicio legal y fomentado
por el Estado y que llega a ser mucho más nocivo. ¿Conocen a alguna
persona que se limite a fumar que haya matado a su esposa y a sus hijos?
Yo tampoco.
A
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