Faluya

A lo largo de la Historia ha habido nombres de ciudades, o simplemente pueblos, que se han hecho famosos por haber supuesto la tumba de un ejército victorioso hasta ese momento. Stalingrado puede ser el ejemplo más reciente durante la II Guerra Mundial. Allí, la poderosa máquina de guerra alemana se estrelló contra una desesperada defensa de los regulares soviéticos y sucumbió ante ella dando lugar al principio del fin del III Reich. Anteriormente había sido Londres, sepulcro de la invencible Luftwaffe germana.
En España, Madrid resistió hasta el fin el cerco de las tropas franquistas. Cádiz doblegó el orgullo del francés con su terquedad; y hasta un humilde pueblo en esa época, hoy ciudad dormitorio madrileña, Móstoles, tuvo la osadía de declarar la guerra al mismísimo emperador de los franceses, iniciando la lucha contra el invasor.
En el instante en que son esta escritas estas líneas, Faluya, una pequeña ciudad al oeste de Bagdad está siendo atacada por los marines norteamericanos en una cruenta lucha cuerpo a cuerpo, ellos que se creían que se trataba de un video juego... La resistencia de un pueblo puede ser infinita hasta llegar a la muerte y el recientemente reelecto Presidente de los Estados Unidos que dio la guerra por concluida hace un año se va a tener que meter sus palabras de victoria por donde le quepan.
Al final, Faluya caerá como cayeron en su día Sagunto, Numancia y Masadá, pero a costa de la vida de muchos soldados americanos; de esos mismos soldados que le han votado alegremente. ¿Y de qué servirá esa pírrica victoria? Para nada porque con ella no se contribuirá a la pacificación del país iraquí como no sea que haya alcanzado la paz de los muertos.
Una vez más se demuestra el sentido de la estrategia de los generales estadounidenses. Para ellos, la vida de sus hombres es cosa baladí. Les consideran, por lo visto, como solamente carne de cañón y no les importa meterse en los fregados más absurdos aún a costa de los ataúdes que luego retornan a algún lugar de Idaho o de Ohio cubiertos por la bandera de las barras y estrellas. Señor Bush, que las guerras no se ganan solamente con bombas atómicas y proyectiles inteligentes. Al final son los soldados de infantería los que tienen que ocupar el terreno y se ve que en eso sus muchachos son menos diestros que los "rebeldes" que les hacen frente. Morir a miles de kilómetros de la patria de uno debe ser bien triste, pero cuando tampoco se sabe por qué demonios se muere debe ser más triste todavía. Pero, en fin, el pueblo así lo ha querido y le ha votado; y es que dicen que sarna con gusto no pica. Si las que tuvieran que estar en estos instantes peleando calle por calle en esa remota ciudad iraquí fueran las hijas de don George seguro que ya habían firmado el armisticio.
A todo esto, Arafat se muere; hasta le tenían preparado ya el entierro y el funeral. Pero se conoce que el tipo tiene más aguante de lo que pensaban y les ha dicho a sus enterradores aquello del Tenorio: - Los muertos que vos matáis gozan de buena salud.
Naturalmente, por muchos milagros que haga la ciencia acabará falleciendo, posiblemente cuando ustedes lean estas líneas ya haya sucedido, pero el espectáculo que nos están ofreciendo sus acólitos es parecido al reparto del imperio de Alejandro entre sus generales con el cadáver del conquistador macedonio aún caliente. Con la enorme diferencia de que aquí no hay imperio que valga para repartir, como no sea dinero.
Curioso tipo este Arafat. De terrorista a pacificador. La única persona que ha osado lanzar un discurso en la Sede de las Naciones Unidas llevando pistola al cinto. Creo que los mismos hebreos le han permitido morirse de viejo, si no es cierto el rumor de que le han envenenado, porque hacía un poco como de dique de contención ante el fanatismo de los palestinos más cabreados con muy justa razón ante el expolio a que son sometidos desde hace décadas...
Sea como sea, la vida sigue igual, como decía la canción de Julio Iglesias. Las gentes pasan, los hombres se van; pero otros habrán de venir a tratar de fastidiarnos nuevamente.
Faluya... Pobres ciudadanos, pobres combatientes y pobre lugar que se ha hecho célebre por una causa tan triste. No hay duda de que el hombre es un lobo para el hombre... Lo malo viene cuando lo que se encuentra enfrente no son precisamente corderitos.

 

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