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Don Emilio y su botín
Hace ahora poco más de dos años que escribí
en esta misma sección de mis pecados, (porque es que esto de escribir
ya es vicio, oiga), el artículo titulado El botín de don Emilio,
refiriéndome a las excesivas ganancias obtenidas y pregonadas en el
ejercicio de 2001 por el afamado banquero.
Entonces expuse una serie de razonamientos en un escrito demasiado
extenso como para que lo leyera hasta el más fiel de mis lectores. Hoy
no, hoy voy a ir al grano directamente.
Don Emilio, y le llamo así porque los empleados de su Banco me llaman
don Francisco cada vez que voy a ver el estado de mi cuenta nada
corriente porque ya se halla en estado comatoso, fue denunciado hace
veinte años por una presunta estafa al ofrecer a sus clientes unos
intereses mayores que los permitidos por la Ley. Después vino lo de las
jubilaciones a sus compañeros de tertulia, digo de trabajo, a los
cuales recompensó con una exorbitante suma para así justificar la que
él tenía pensado llevarse cuando le llegara la hora. No la de morirse,
claro, sino la de dejar paso a otros más jóvenes para poder disfrutar
de sus riquezas aunque él fuese quien siguiera sosteniendo la sartén
por el mango. Y el mango también, como decía el Tartufo representado
por el inolvidable actor José María Prada.
Veinte años, veinte largos años y es ahora cuando por fin va a
comparecer ante un Juez, creo que una Jueza, y a sentarse en el
banquillo. Largo plazo me parece, pero será que para los encargados de
la Justicia el tiempo pasa más rápidamente que para los demás
mortales y de esta forma lo que a nosotros se nos hace largo a ellos les
parece brevísimo.
Han pasado Gobiernos, han desaparecido Partidos, han mandado unos y
otros se han ido al ostracismo; pero don Emilio siempre ha estado ahí
sin que nadie le reclamase nada. Sus motivos habría, es de sospechar. Y
no seamos mal pensados, que los políticos, sean del signo que sean, son
siempre honrados. Si alguno obtuvo alguna vez una hipoteca benigna o un
crédito blando fue solamente por un capricho de don Emilio no porque a
cambio hiciera la vista gorda. Que yo sepa, Felipe González abandonó
su cargo con idéntico patrimonio que el que tenía cuando era sólo
líder de la oposición. Y Aznar, otro tanto de lo mismo. Por eso tiene
que irse a dar conferencias a Georgetown el pobre. Se ve que no le llega
el sueldo.
Y no comencemos a comentar que es que ZP todavía no ha cobrado, (digo,
no ha percibido ningún favor del banquero), porque la amenaza de que
iba a ser reclamado viene de antes de la subida al poder del Partido
Socialista aunque ya se hizo firme cuando éste estuvo en el Gobierno.
La cosa se barruntaba desde antes, así que no le busquemos tres pies al
gato.
El caso es que don Emilio se enfrenta a la petición de una larga
condena por parte del Ministerio Fiscal. Hablan hasta de veinte años.
¡Ni que hubiera matado a nadie con nocturnidad y alevosía, leñe!
Solamente se ha limitado a chupar un poco la sangre a los españolitos
pero no les ha dejado anémicos. Un poco fastidiadillos eso sí, pero
los enfermos todavía viven, como dicen en El Tenorio: - Los muertos
que vos matáis gozan de buena salud...
La única pregunta que a estas altas horas de la noche viene a mi
cabeza, y supongo que a la de muchos honrados trabajadores que mañana
saldrán a ganarse el sustento, es a cuántos no habrá embargado y
desahuciado de sus hogares el mismo personaje que dentro de poco va a
enfrentarse a la Ley por el sólo hecho de no haber pagado a su debido
tiempo una letra de su hipoteca o por estar en números rojos durante
largo tiempo.
Ésa y cuánto tiempo pasará entre rejas realmente el magnate
suponiendo que sea finalmente condenado. Observando lo ocurrido con el
ex - general Rodríguez Galindo, al que se ha liberado de la prisión,
es de imaginar que bien poco. Con la diferencia de que el guardia civil
es el militar más condecorado de la Democracia Española y que si,
cumpliendo sus órdenes, sus subordinados se excedieron no hicieron más
que acabar con unos asesinos que bien lo merecían aunque se diga que no
hay que tomarse la justicia por mano propia sino ateniéndose a las
leyes.
¡Nada, don Emilio! Ya nos contará usted, si Dios así lo quiere, cómo
es la cárcel por dentro. Pero, tranquilo, que sus millones no se los va
a quitar nadie. Seguirá siendo el más rico del cementerio...
A
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