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¡Vaya un par!
El alcanzar el cargo de Presidente del
Gobierno de España debe dejar una impronta especial en la persona que
lo consigue, de modo que a partir de ese instante ya no es un ser
cualquiera; lo cual es lógico, pero es que a estos privilegiados les
marca no sólo para el período de su mandato sino para siempre. Y les
suele marcar de un modo extraño y peculiar: Les vuelve, digamos,
"diferentes".
Adolfo Suárez pasó a la Historia por su célebre: Puedo prometer y
prometo, frase que lo mismo las generaciones venideras aprenden
igual que la de Luis XIV de Francia: Después de mí, el Diluvio.
Quizás no se le recuerde por ser quien hizo posible la Transición
Española hacia la democracia, pero apuesto a que esas palabras se
recordarán in secula seculorum.
De Calvo Sotelo no recuerdo nada en especial porque casi se le podría
denominar El breve, como al también galo Pepino, por lo poco que
duró en el puesto. Y de Felipe González podría recalcar varias, pero
la que ahora más recuerdo es aquello que dijo cuando le preguntaron
sobre quién era Juan Guerra y aseguró que era un cantante
sudamericano. También su manera de matizar ciertos adjetivos, por
supuesto...
De José María Aznar se pueden recordar varias. Las más célebres: ¡Váyase,
señor González! y España va bien. No voy a entrar ahora en
recordar lo que dijo cuando la foto de las Azores antes de la guerra de
Irak porque, ¿para qué? Se dicen mentiras cuando se va despacio,
según afirma el cantar, y ahora no estamos para perder el tiempo; ni
ustedes como lectores ni yo como articulista.
Rodríguez Zapatero todavía no ha soltado ninguna como no sea lo del talante.
Pero ya la dirá, tranquilos. De momento se nos han ido los dos a
Estados Unidos a lanzar discursitos. Uno en la ONU y otro en la
Universidad de Georgetown. Puedo asegurarles que cuando vi los aplausos
que le dedicaban a Aznar al término de su conferencia pensé que los
universitarios norteamericanos eran subnormales profundos. Y que me
perdonen los familiares de tales enfermos, que ellos no tienen la culpa
de serlo mientras los muchachitos yanquis y quienes les han engendrado y
educado sí.
¿Así que el salvaje atentado del 11 - M se fraguó y maquinó cuando
el moro Tarik pisó Gibraltar por vez primera? También lo pudo
organizar Boabdil el Chico, sería más lógico, digo yo. Y si me
apuran, el Turco, cuando le vencimos en Lepanto. ¿Ustedes se han fijado
que si a José María Aznar, por muy castellano que sea, si le ponen un
turbante da el pego y pasa por moro de la morería? Pues mejor que deje
de soltar paridas porque seguro que cualquiera de sus antepasados fue
tan musulmán como el mismísimo Mahoma, como les ocurre a la inmensa
mayoría de los españoles. Y no me descarto ni a mí mismo por muy
rubio que fuera en mis años mozos ni porque tenga los ojos verdes.
También los árabes de Arabia solían tenerlos y, al parecer, los
tuaregs son hombres de ojos claros.
Lo que tengo muy claro es que si esa frase la suelta en cualquier
Universidad española que no sea del OPUS sale a gorrazos de ella. O a
pedradas mejor, que nuestros estudiantes no usan la ridícula gorrilla
de los yanquis. Menos mal que ya han aparecido algunos muchachos de
allí que han protestado por su intervención, demostrando así que no
todos los estudiantes estadounidenses son gilipollas.
¿Y qué me cuentan de ZP? Que hay que fundir las dos culturas, la
occidental y la musulmana, afirmó. ¡Pues más fundidas que estaban en
nuestro país..! Durante siglos convivieron cristianos, judíos y
musulmanes en feliz armonía y compaña. Luego los echaron los Reyes
Católicos o los quemó la Santa Inquisición pero amigos hemos sido
siempre, sobre todo de los musulmanes. Porque a los judíos, con aquello
de la célebre conspiración judeomasónica que se inventó el general
Franco, siempre les hemos tenido más tirria. A los moros, nombre que
nunca se consideró despectivo salvo ahora, siempre se les trató como
aliados después de las interminables sangrías en Marruecos. Y ahora ya
les tratamos como ciudadanos españoles porque los tenemos aquí hasta
en la sopa. Ignoro qué más fusión quiere este hombre... Otro al cual
el turbante no le sentaría nada mal, salvo que es más alto que la
media beduina.
Lo dicho, el ser Presidente del Gobierno de España vuelve un poco bobo.
Debe ser una condición inherente al cargo o es que los eligen con esa
cualidad ya de antemano...
Por cierto, y hablando de bobos, ¿han escuchado que la Guardia Civil
estuvo el día anterior en el refugio de los terroristas y creyó que se
trataba de emigrantes ilegales? ¿Y que el llamado Chino fue detenido
por la Sección de Tráfico cuando traía a Madrid los explosivos, no
llevaba documentación del coche, carecía de permiso de conducción y
de Seguro Obligatorio y excedía los límites de velocidad? A pesar de
todo ello, se le impuso una multa y se le permitió continuar viaje no
ocurriéndosele a ninguno de los agentes mirar qué llevaba dentro del
vehículo.
¡País!, que diría el humorista Forges... Debe ser que la
gilipollez es contagiosa efectivamente. Bien dicen que todo se pega
menos la hermosura...
A
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