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se pasan o no llegan... “... y el no llegar da dolor, porque es señal que mal tasas y eres del otro deudor. Pero, ¡ay de ti si te pasas! ¡Si te pasas es peor!”. Vienen a mi memoria estos versos de don Pedro Muñoz-Seca, en LA VENGANZA DE DON MENDO, en relación con los últimos acontecimientos sorprendentes que estamos viviendo merced a la ineficacia o al excesivo celo, que tan malo es lo uno como lo otro, de nuestras Fuerzas del Orden. Y no es mi deseo maltratar a tan meritorios funcionarios, que haberlos buenos desde luego que los hay y, afortunadamente, muchos. Los malos, los que no cumplen con su misión como es debido, gracias a Dios están en minoría. Pero, naturalmente, ese pequeño cupo que actúa mal o que no actúa es el que llama la atención, como en cualquier otro colectivo. ¿Acaso todos los médicos son nefastos porque a uno se le olvidaron las tijeras dentro de la barriga de un paciente? En absoluto. Pero es lo único que recordamos, olvidando las horas de fatigas que tantos otros facultativos emplean en sanar a los enfermos. Ni tampoco todos los árbitros de fútbol merecen que les mienten a la madre ni les den noticia de sus padres porque uno de ellos señale de vez en cuando un penalti en el medio campo. En todas partes, pues, seguro cuecen habas. Y no podía ser menos en los encargados de mantener la seguridad pública, ya sean policías nacionales, guardias civiles, policía local, mossos d’escuadra o miembros de la Hertzaina. Por los medios de comunicación nos hemos enterado de que, al parecer, en Cataluña las cárceles tienen las puertas más grandes que los vomitorios del Santiago Bernabéu y se les escapan los presos por las ventanas, con la simple ayuda de unas sábanas, como sale la gente de unos grandes almacenes en plenas horas punta. Y luego matan y violan a quienes se les ponen de por medio, mientras los encargados de su custodia parece que están de vacaciones. ¿No es para estar un tanto inquietos? Casi doscientos internos han abandonado la prisión por propia voluntad y sin licencia en lo que va de año y eso que todavía no han salido a tomar las uvas. Está muy bien el conceder permisos por buena conducta, pero cuando nos demuestran que no la observan no sé a qué viene darlos. Todas las mañanas aparecen en Tarifa y aledaños restos de pateras con sus correspondientes cadáveres cerca. Y por allí, rondando, los supervivientes que han conseguido ponerse a salvo, ateridos. Parece como si la Benemérita o los encargados de la vigilancia de nuestras costas estuvieran echándose la siesta. De los del Norte ni hablo. ¿Para qué? Todos los fines de semana se enfrentan malamente a la llamada “kaleborroka” y, encima, les pegan cuatro tiros si se descuidan... ¡Pobre gente! Mas a esta dejadez en el trabajo le sigue el efecto contrapuesto, como ya sabemos que suele ocurrir siempre. Usted se excede en 10 kilómetros por hora de velocidad en su automóvil y le fotografían hasta el calcetín del pie derecho. Y no digamos si bebes una cerveza y te exigen que soples, en la buena acepción de la palabra. Goliat se queda chico junto a los seis agentes que te aparecen de entre las sombras. Así ha ocurrido en un pueblo cercano a Madrid, recientemente. Sin entrar a juzgar, que no es mi oficio, no me entra en la mollera que un cliente, quizás presa de un ataque de angustia o de cualquier enfermedad nerviosa, discuta con los vigilantes del Centro Comercial que allí se encuentra, llamen a los agentes del Orden y tras una disputa un tanto airada, uno de estos, “en defensa propia”, haga uso del arma reglamentaria y acabe con la vida del revoltoso. Me podrán oponer que éste era un experto en artes marciales, según datos. Podrán decirme que el policía vio peligrar su vida debido a ello. Pero creo que es matar, simplemente, pulgas a cañonazos, llevando a un extremo desorbitado la reducción de un individuo. Eso es exceso de celo en el trabajo o una huelga a la japonesa. Y mal uso de las armas que la sociedad ha confiado a quienes la defienden. O miedo, llanamente, del servidor público a hacer el ridículo y que se le escape el presunto delincuente. Sus Señorías tienen la palabra. Que hay homicidio eso ya es claro. Ahora les toca a ellos dilucidar si es algo más grave o tiene atenuantes. Mientras tanto, el ajuste de cuentas entre las mafias extranjeras está a la orden del día y cada mañana hay un colombiano muerto. Parece que ese hueso es más duro de roer y no tiene arreglo o es difícil. Habrá que echarle un buen mastín que lo triture. Pero que no dé mordiscos sin saber a dónde. Que puede darnos un bocado en el culo a los que paseamos sin meternos con nadie. |