El polvo blanco

El informe sobre el consumo de drogas que ha presentado la ministra de Sanidad y Consumo de España ante el Congreso es en realidad alucinante. Según el mismo, el consumo de cocaína se ha duplicado en los últimos diez años y un 36% de nuestros jóvenes de entre 14 y 18 años, que suman unos 736.000 menores de edad, son consumidores de cannabis, el célebre y al parecer inocuo "porro", habituales o esporádicos, pero el caso es que lo han consumido en el último año. Esta cifra duplica la de los "porreros" de 1994.
Esta noticia la habrán podido leer o escuchar en todos los medios informativos y no les cogerá de nuevas. De lo que trato hoy es de analizar los motivos que impulsan a esta sociedad y a esta generación a buscar esa evasión de los problemas cotidianos mediante la utilización de productos nocivos, tanto para la salud física como la mental.
Fumar tabaco es malo, eso no lo pongo en duda como buen fumador que soy. Y que los que no lo son respiren los humos de los demás tiene que ser bien fastidioso. Pero la venta de tabaco está permitida, lo mismo que la del alcohol aunque a éste no le hacen portar una etiqueta que anuncie los peligros de su consumo. E igualmente es nocivo para los que no beben, ya que casi todas las agresiones de género que se producen tienen su origen en la bebida. El marido que llega a las tantas de la noche ebrio no es dueño de sus actos y la tragedia puede surgir en cualquier instante. Y cuando no se produce en ese momento, sí da lugar a la rotura del vínculo matrimonial y ya tenemos al típico marido alcoholizado que, al verse abandonado y con todos sus esquemas rotos, busca la ocasión propicia para acabar con la vida de su compañera.
Desde luego que el alcohol es la segunda droga más mortífera según informes de la Organización Mundial de la Salud, detrás de la heroína; pero, al parecer, la coca ya va adquiriendo su importancia. Lo único que marca la diferencia es el precio de ambas sustancias. Emborracharse por menos de 1 € es sencillo; vale más un cartón de leche que uno de vino peleón. La cocaína no está al alcance de todos los bolsillos.
En el informe presentado no he leído nada sobre el uso de otros estupefacientes tan peligrosos o más, las llamadas drogas de diseño. Si la "hierba", el tabaco y el alcohol destruyen neuronas, estos productos químicos pueden conducir a la muerte segura y en brevísimo plazo, casi de inmediato.
Dejando el alcohol, que normalmente es droga de personas adultas aunque también lo consumen los jóvenes pero en menor escala y sólo de forma esporádica, fines de semana, el típico botellón, ¿qué motivos tienen nuestros jóvenes para buscar un Paraíso inapropiado y ficticio en vez de divertirse como en la juventud de sus padres y abuelos? En mis años mozos las diversiones consistían, aparte del cine y otros espectáculos, en tomarse una cerveza o un par de tintos con los amigos, (el presupuesto no daba para más), y en salir con una linda chavala de la cual normalmente no conseguías otra cosa que el típico calentón que se solucionaba con la clásica gayola posteriormente. Y en la lectura, placer que ahora debe haber pasado a la historia, reduciéndose mayormente a la compra de periódicos y revistas deportivos...
Hoy en día, nuestros muchachos disponen de todo tipo de distracciones electrónicas, vídeos, DVDs, consolas de juegos maravillosos, impresionantes equipos de música, etc... Las chicas ya son fácilmente asequibles, la libertad de horarios es amplia, no están sujetos a una disciplina paterna férrea y, normalmente, disponen de más dinero del que dispuso mi generación. Y resulta que son, al parecer, mucho más desgraciados de lo que lo fuimos nosotros y necesitan algo más, algo que les transporte a un mundo nuevo.
¿Tan asqueroso es éste que les hemos ofrecido? Pues puede que efectivamente sea así...
A los padres les importa cada vez menos si sus hijos estudian y si cultivan sus espíritus; un suspenso, que antes era una tragedia es ahora una cosa normal, intrascendente, motivo de enfado durante dos días y punto. En esa época era casi motivo de desastre familiar, casi tan grave como el embarazo inadecuado de una hija.
¿De quién es pues la culpa de este desaguisado, del chico que compra y consume una pastilla de éxtasis o del padre que no se preocupa de cuál es la conducta de su hijo? Me inclinaría a opinar que del último...
El problema de la cocaína tiene otro trato. Su consumo es efectuado por gente más mayor; o bien jóvenes que ya trabajan o los mismos padres de los chicos que luego se fuman el "porro". De esta manera entramos un círculo vicioso. Habrá que aplicar el famoso refrán de "haz lo que bien digo y no lo que mal hago...".
¡Pero, por lo menos, digámoselo! Dejemos de ser tan pasotas.

 

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