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El Terror
Así se le llamó a una de las etapas de la
Revolución Francesa y así podemos denominar a la que ahora está
viviendo el mundo occidental, Rusia incluida. El caso de los rusos es
peculiar puesto que allí sufren las consecuencias de esa guerra de
ocupación o de liberación, según el punto de vista de los
contendientes, que vienen manteniendo con Chechenia desde hace años,
pero en el resto de Europa y en América, tanto del Norte como del Sur,
la culpa parte del sofocante dominio imperialista que desde casi su
nacimiento vienen ejerciendo los Estados Unidos de Norteamérica.
Esta nación, poblada en sus principios por los criminales deportados
desde Inglaterra y que después fue acogiendo emigrantes de todas las
partes del mundo, ha buscado siempre su expansión a costa de sus
vecinos y de los primitivos habitantes del terreno, los llamados pieles
rojas, que fueron exterminados en casi su totalidad.
Méjico fue quien primero pagó la factura de tenerles por vecinos,
siéndole arrebatados los ricos y amplios territorios de California,
Texas, Arizona y Nuevo Méjico. Florida y la Luisiana fueron adquiridas
a España y a Francia y Alaska fue comprada a los rusos, también
arteramente, más tarde. De esta manera, mediante las armas o
valiéndose de negociaciones mercantiles más o menos chantajistas, se
anexionaron todo el espacio desde el Océano Atlántico hasta el
Pacífico deteniéndose en la frontera de Canadá ante la potencia
militar inglesa y, por el sur, ante los mejicanos, más por las
disensiones entre los estados del Norte y del Sur que dieron lugar a la
Guerra de Secesión que por otra circunstancia. Si no hubiera existido
esa discordia es probable que se hubieran extendido hasta la Patagonia.
Después se extendieron por el Pacífico Sur y se anexionaron Hawai. Y
no se quedaron con Australia y Nueva Zelanda porque ya estaban los
británicos. También tocaron las narices a Japón y a China,
naturalmente. Mientras, habían fomentado la rebelión de las colonias
españolas llegando a declararnos la guerra en 1898 con el pretexto del
hundimiento del acorazado Maine. Nos derrotaron en toda regla gracias a
su superioridad militar aunque a costa de grandes pérdidas. Los
generales estadounidenses nunca han sido buenos discípulos de César ni
de Napoleón y todas sus victorias las han basado en un aplastante
poderío armamentístico no en su estrategia.
En la dos guerras mundiales del siglo veinte siempre se retrajeron de
intervenir hasta que no vieron claros sus intereses y ambas veces
valiéndose de lo mismo, de su fuerza militar y del escaso interés por
la vida de sus soldados. Aún habría que estudiar a fondo quién
derrotó en verdad a los alemanes, si los americanos o los rusos desde
el Este. En todo caso, sería la industria norteamericana y no sus
tropas. Desde su victoria sobre Japón merced al uso de la bomba nuclear
han salido descalabrados de las guerras en las que han intervenido
abiertamente: Corea y Vietnam. Triunfaron circunstancialmente en la del
Golfo contra Irak y en este instante están sumergidos hasta el cuello
en el mismo país en lo que creyeron iba a ser un paseo militar. Y lo
fue, pero la resistencia posterior hace que todos los días lleguen
"marines" de vuelta a casa en forma de cadáveres.
Está claro que siempre han buscado llegar a ser "el Imperio"
y que casi lo han conseguido al desaparecer la U.R.S.S. y mantenerse
China a la expectativa, más ocupada, felizmente, en mejorar el
bienestar de sus ciudadanos que en competir con los yanquis, nombre mal
dado a los estadounidenses ya que todavía viven muy latentes los
sentimientos de los Estados Confederados en la zona sureña.
Se han erigido en la Policía mundial y para ello han utilizado los
medios que han considerado oportunos, valiéndose de la CIA que ha
llenado durante años las arcas de activistas que en su momento les
fueron útiles y que ahora se han vuelto en su contra, como Ben Laden,
aliado en un principio y enemigo público número uno ahora.
La reacción de estos pueblos oprimidos y el fanatismo religioso les ha
conducido a declarar la guerra santa a todo lo que huela a
occidentalismo, incluyendo a Israel, el hermano protegido de Estados
Unidos. El nulo valor que a la propia vida conceden estos iluminados del
Islam conduce a no dar ninguno a la de los demás.
En estos instantes que escribo estas líneas todavía no se sabe en qué
terminará la historia de los dos periodistas franceses que se hallan
amenazados de muerte. La semana anterior fue un italiano quien murió y
todos los días se producen atentados suicidas en cualquier parte.
Esto se lo debemos a los nada graciosos súbditos de su no menos nada
graciosa "Majestad" Georges Bush II y, en general, a las
ansias de poder de quienes le han antecedido.
La locura del rey Jorge de Inglaterra provocó la rebelión de sus
colonias americanas. ¿Qué provocará el poco seso, por no decir
ninguno, de este otro Jorgito? Ya lo dirá el tiempo...
A
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