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Guerra al top- less
Este pasado martes pude escuchar en la radio y
en diferentes cadenas de televisión la noticia de que un párroco
español, no me pregunten de dónde porque no le presté atención,
había iniciado una cruzada en contra del top- less o desnudo de los
pechos femeninos en las piscinas municipales. Al parecer, esta
exhibición del busto de las jóvenes supone un grave peligro para la
salud moral y espiritual de quien las contempla.
En unos momentos donde el mundo se ve inmerso en una guerra
grandiosamente cruenta en Irak, cuando el precio del petróleo amenaza
con colapsar la economía mundial, cuando los atentados de los
fanáticos islámicos asolan o pueden asolar cualquier lugar del
planeta, cuando en Venezuela está a punto de celebrarse un referéndum
de suma importancia para el futuro de ese país y posiblemente del resto
del Continente, cuando la inmigración ilegal crece día a día en
España llegando a la invasión por las buenas de la ciudad de Melilla y
cuando ocurren muchísimos sucesos realmente importantes, viene este
buen cura y opina que lo más trascendental es que una mujer enseñe las
tetas al personal, seguramente porque ésa puede ser la causa, a su
juicio, de que se desencadenen todos los males de los cuatro jinetes del
Apocalipsis.
Desde luego no puede negarse que el busto femenino ha tenido una gran
importancia en la Historia; hablan de la nariz de Cleopatra pero
probablemente no fuese su apéndice nasal precisamente lo que hizo
cambiar los planes de César. Muy conocido es el refrán de "más
tiran dos tetas que dos carretas" y nadie puede negarlo porque,
aparte de su función maternal, el pecho de la mujer ha sido siempre el
atributo femenino más llamativo ante los ojos del varón y éste,
impulsado tal vez por un ardor pasional, ha guerreado a lo largo de los
siglos por lograr solazarse con las más bellas. Dicen que el sexo mueve
el mundo y es cierto. Y la manifestación más sexual de la mujer es
precisamente la perfección de sus glándulas mamarias. Pero de ahí a
que este señor declare una cruzada contra el "exhibicionismo"
pectoral media largo trecho.
La Biblia dice que Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza. Y los
creó varón y mujer para que pudieran procrear. Al menos eso hizo con
Adán y Lilith, su primera esposa según relaté hace ya tiempo; a Eva
la formó de una costilla de Adán, para que ya fuera carne de su carne
y por tanto estuviese sometida a su mandato. Partiendo de esa premisa,
nada de lo que el Creador hiciese podía ser malo o impuro; lo cual
implica que el cuerpo del ser humano no lo es y si desde tiempos remotos
ha cubierto su desnudez puede haberse debido más a causas
climatológicas y posteriormente religiosas que al pudor y a una
vergüenza absurda.
Los indígenas que halló Colón o los que se encontraban los marinos
ingleses en el Pacífico iban en gran parte desnudos y por supuesto que
las mujeres lucían sus pechos sin el menor temor ni el más mínimo
descaro. Era su forma natural de vivir en aquellos climas y sus dioses
no se habían pronunciado en contra. Y nada indica que ello exacerbase
la lujuria de los machos más de lo acostumbrado. Sí la de los
colonizadores, por supuesto, que venían de ver a sus hembras totalmente
cubiertas de la cabeza a los pies, a pesar de que la moda femenina en
Francia y otros países europeos era más bien generosa con el escote.
Cuando vemos vestidos de la época borbónica asombra que aquellas
francesas tan recatadas para los tobillos no tuviesen inconveniente en
lucir sus pechos casi hasta los pezones.
El pecado y la maldad, si es que el deseo carnal puede considerarse de
tal forma, no se encuentran en el cuerpo humano sino en su mente. Un
hombre puede ver a una mujer cubierta de pieles y sentir una lujuria
más frenética que si la ve totalmente desnuda, se lo garantizo.
Hace catorce años, este villano estuvo unos días en un camping nudista
cercano a Cartagena. No puedo decir que los dos primeros días no estaba
sorprendido y que se me alegraba la pajarilla, pero les garantizo que
después lo veía como la cosa más normal del mundo. Recuerdo que
hicimos amistad con una pareja sevillana, una mujer espléndida ella, y
que mis ojos buscaban los suyos y no su cuerpo mientras hablábamos.
Por allí pululaban los chicos y las chicas jovencísimos totalmente
desnudos y no ocurría más de lo que hubiera sucedido si hubieran ido
vestidos. Vamos, que para fornicar no es necesario ir en pelota picada.
Poco se tarda en quitar unas bragas.
¿Saben lo único malo que puede tener el desnudo y quizás sea lo que
haya asustado a este sacerdote? Que con él se puede hacer el ridículo
si quien lo luce más valiera que lo tapara. Ver a unos jóvenes
desnudos es obviamente estético; observar a sus padres de igual guisa
puede resultar hasta de rima consonante con dicho adjetivo: Patético.
Eso es lo que debe haber hecho rebelarse a ese buen cura. O el hecho de
que él no pueda lucirse, vaya usted a saber, que de todo hay en la
viña del Señor...
A
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