¿Se confundió Nostradamus..? 

La fecha del 11 de septiembre será recordada por siempre para los que sobrevivan a la masacre que se está cociendo en las marmitas del laboratorio de la Guerra, uno de Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. La Muerte y El Hambre ya bullen a su antojo por los campos de Oriente, mientras que La Peste se distribuye por correo, en forma de bacilos, en las ciudades de Norteamérica. Ya no se trata de terminar con el terrorismo internacional ni de vengar la afrenta sufrida en las Torres Gemelas y en el Pentágono. El asunto ha tomado mayor trascendencia y amenaza con expandirse por todo el orbe, engulléndonos a todos en una masacre como no ha habido otra, salvo que sea cierta la existencia y posterior desaparición de la Atlántida debida a parecidos sucesos. Y es que la Historia se repite siempre. En 1914 fue un atentado en Sarajevo; en 1939, la ambición de poder de una especie de Bin Laden austriaco que, en vez de pregonar la Guerra Santa, pregonaba la supremacía de la raza aria.

Lo que es curioso de ambos personajes es que a los dos les encantaba el cine y mostrar sus imágenes al mundo. Claro, que aquél salía rodeado de miles de seguidores que le aclamaban mientras alzaba la mano como los del colectivo de “Manos Blancas” y éste, el del turbante blanco, hace que le rueden en privado, rodeado tan sólo de sus amiguetes, a los que cuenta uno de esos chistes macabros que corren hoy en día sobre las Torres Gemelas. Lo que más narices tiene del asunto es que comenta que la mayor parte de los “mártires” que secuestraron los aviones ignoraba que iban directamente a la muerte. ¡Y se queda tan pancho el tío cabrón! Bush, aquel candidato criticado en su día por las penas de muerte que firmaba, no cabe duda de que sabía bien con quién se jugaba los cuartos y ha dejado bien claro que a un hijo de mala madre solamente puede combatirle otro de la misma ralea.

 Y ahora... Tras la masacre afgana no faltaba más que el Judío, que en su día fue perseguido y aniquilado vilmente, tomara la justicia por su mano e impusiera el mismo terror al que entonces se viera sometido. Más de cincuenta años llevan de guerras frías y calientes contra sus vecinos musulmanes, animados por su padrino el Tío SAM que, en vez de refrenar sus ánimos, les alienta con inyecciones de dólares, por mucho que finja el paripé de llamarles la atención algunas veces. Es el Caos total y parece que no nos demos cuenta. ¿Tú me matas a uno? Pues te mato veinte. Como en el parchís, parece, y aquí no vale el hacer puente porque te lo deshacen de un bombazo.

Lo que está muy claro es que la guerra, sea con hachas de silex o con misiles infalibles, es cruenta a más no poder y deja al aire lo más sucio que los seres humanos llevamos dentro, por mucho que nos hablen de las virtudes que saca también a relucir. ¿Quién ordenó asesinar a los prisioneros talibanes, amotinados en esa cárcel? Aparte de ser reducidos, fueron atados con sus propios turbantes y aniquilados a mansalva. Y luego y antes, al parecer, bombardeados una vez más por la aviación americana hasta su total extinción. La Alianza del Norte llevó a cabo la fatal tarea, el trabajo sucio, pero también cayeron las bombas destructoras para remachar la faena y, acaso, para hacerles recordar que la fuerza es la fuerza y es la que va a imponer el orden que el Imperio desee y no la que ellos soñaban tras su victoria.

Política a base de metralla. Metralla amparada en la política. Esto va a ser una merienda de negros o, en este caso, de musulmanes. Ya se ha advertido a Irak y veremos en qué termina el conflicto. Los aliados mahometanos se niegan a ampliar los objetivos pero el poder lo tiene América. Lo mismo, para mantenerlo, se lía a cacharrazos con todo aquél que lleve turbante. Parece una nueva Cruzada, situada en pleno siglo XXI y realizada en nombre del dios San Dólar. Entre yanquis y judíos, palestinos y fundamentalistas, nos van a dar para el pelo y nos van a aguar las Fiestas.

Señores, esto es tremendo y parece que no hay quién lo remedie. No se equivocó un ápice Nostradamus en sus profecías. Ignoro si esto nos llevará al Fin del Mundo, pero es claro que es el principio del concierto que nos unirá a todos en el Valle de Josafat. ¡Que Dios, si existe en realidad, nos coja confesados, porque lo llevamos demasiado crudo! Y a mí, al menos, el pavo me gusta bien asado. Esperemos que nos dejen pasar las Navidades un poco tranquilos.

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