¡Y dale con el bastardo!

Recordarán mis más fieles lectores, (eso si la memoria no nos va flaqueando a todos, que a veces ocurre), que justamente hace un año escribí sobre el bastardo real, don Leandro Ruiz Moragas, hijo natural de Alfonso XIII y producto de los amoríos de éste con la actriz Carmen Ruiz Moragas. En aquélla ocasión lo hice en atención al libro que el tal don Leandro había escrito, titulado así, El bastardo real, y con el cual intentaba llamar la atención y optar al apellido Borbón que legítimamente, según él, le correspondía. Efectivamente, la causa se ha visto ante los Tribunales de Justicia y se le ha reconocido como hijo del difunto monarca, abuelo del actual rey, concediéndole el derecho a tal apellido y a ser considerado con la categoría de Infante de España, título que se da a los hijos de reyes que no llegan a ser príncipes.
Sabido es que el tal Ruiz Moragas, ahora Borbón Ruiz, amenazó con exigir el levantamiento de los restos del difunto rey, así como los de su hermano don Juan, Conde de Barcelona, para comprobar, mediante las pertinentes pruebas de ADN, su parentesco con ambos. Ante tal actitud, que hubiera conducido a un hecho nunca visto más que en los episodios de CSI, la Casa Real accedió y permitió que la Justicia siguiera su curso y que se le reconociera el parentesco, cosa por otra parte a la que no podía oponerse salvo que don Juan Carlos dejase de ser la persona seria y sensata a que nos tiene acostumbrados.
No contento con este reconocimiento y el consiguiente otorgamiento del título, don Leandro ha escrito otro libro y se ha prodigado en la "prensa rosa", contándonos su vida de pe a pa y con todo lujo de detalles. Hace unas semanas apareció en el programa televisivo Salsa Rosa y se explayó bien a sus anchas; también ha hecho unas declaraciones exclusivas a alguna revista. Tanto en un sitio como en otro, se queja de que, desde que reclamó sus derechos, la Casa Real no le habla ni le saluda como anteriormente siempre hiciera y, sobre todo, de que no fue invitado a la boda de su sobrino nieto, el príncipe Felipe, con doña Letizia, a la cual, por cierto, declaró profesar un excelso cariño y afirmó estar dispuesto a dar la vida por ella. Todo ello sin conocerla, como es obvio.
Hace dos sábados han estado en dicho programa de televisión dos de sus hijas, habidas en su primer matrimonio junto con otros tres vástagos, a los cuales el señor Borbón Ruiz no reconoce como hijos sino como descendientes. Para él, solamente tiene un hijo, el nacido de su segundo enlace; los otros deben ser incluseros, al parecer.
Mercedes y Blanca de Borbón, (es su nuevo apellido al haberle sido concedido el mismo al padre), fueron piadosas y buenas hijas pero se despacharon a gusto hablando de su progenitor, el cual había alardeado anteriormente de sus aventuras extramaritales y de su noble y privilegiado origen. Las hijas contaron la verdad, que su padre había dejado abandonada a su madre con cinco hijos y se había largado con la mujer de su vida, limitándose a "cotizar" de vez en cuando lo que la Ley dispuso.
Y este humilde villano, todo hecho un lío, se pregunta: ¿No sería mejor dejar a los muertos que descansen en paz? ¿Qué busca el que a sí mismo se tilda de bastardo con todas estas declaraciones? Y, por último, ¿no hubiese sido mejor no menear tanto la mierda, porque ésta cuanto más se mueve peor huele?
No sé qué orgullo puede caberle a este caballero de ser el hijo de la querida de un rey; porque sí, será hijo de Alfonso XIII, probablemente, pero de quien no hay duda que lo es es de "la Moragas", como fue conocida en su época igual que ahora se habla de la Jurado o de la Pantoja. Ya decía mi abuela que: Los hijos de mis hijas, nietos son, que los de mis hijos lo serán o no. Y siéndolo, más le hubiese valido seguir estando calladito y gozando de la simpatía de los actuales reyes que le llamaban cariñosamente el tío Leandro. Ahora se le ha acabado tal apelativo a cambio de que se le reconozcan sus derechos. ¿Qué es lo que busca pues? Está muy claro: Dinero, como cualquiera. Y a cambio pone a su madre en solfa.
Ya sabemos que bastardo nunca ha sido un término peyorativo en Castilla y algunos han sido dignos de las mayores honras, como don Juan de Austria; no tiene el mismo significado que la palabra "bastard" en inglés. Pero este caballero casi ha conseguido dárselo... La "nobleza", ya se sabe, se ha alcanzado casi siempre a base de partir cabezas de moros o de pasar por la cama de algún o de alguna insigne. Luego, el "noble" se moría y sus herederos gozaban ya de las prebendas sin pudor de ninguna clase. Lo de la sangre azul es un cuento, es que usaban guantes para taparse del sol y se les notaba la sangre venosa, diferenciándoles de los villanos que se ponían morenos labrando los terruños.
Por cierto, y según sus hijas, el mismo que dice que moriría por la Princesa de Asturias no conoce a sus nietos ni quiere conocerlos. Y entre sus aficiones, confiesa que es adicto al whisky con coca-cola a partir de las 7 de la tarde. ¡Vaya elemento..! Ha vivido toda su vida del cuento sin escribir más que dos panfletos en su vejez. Eso es ser listo.

 

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