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La boda del Inglés
Pues ya se nos ha casado el Príncipe... En
medio de unos lujos fastuosos que no sé cómo va a pagar el pueblo de
Madrid, (pero, tranquilos, que ya nos lo sacarán de alguna parte), la
simpática pareja, - al menos él sí me lo parece, ella no tanto -,
contrajo matrimonio en una ceremonia un tanto deslucida por la lluvia y
repleta de testas coronadas y personajes y famosos, famosillos y
personajillos, que vinieron a menear el bigote y alguno a emborracharse
de paso en las tascas madrileñas. Debe ser que el vino de aquí es
mejor que el de Mónaco o cuesta más barato. Habrá que reconocer que
la asistencia de gentuza de esa clase, por mucho dinero que posea, es
una vergüenza. ¿Pero qué va a hacer el pobre de Rainiero si le ha
tocado tal yerno? Matarle sería una solución, pero tampoco voy a
proponérsela no sea que le de por ponerla en práctica...
La boda, lo dicho, fue una pasada impropia de un país que no es
precisamente rico y en donde hay gran número de parados y muchos
ciudadanos - que no súbditos, como he escuchado decir que éramos a un
mentecato de esos que han figurado en televisión y que han hecho su
agosto con el real evento - no ganan más de 600 € mensualmente. Pero,
en fin, según las cuentas, que parecen las del Gran Capitán, no ha
salido tan caro. Total, entre 20 y 40 millones de euritos. No conocen
bien la diferencia porque como eso para algunos deber ser dinero de
bolsillo, "l'argent de poche" que dicen los franceses, no
tiene mayor importancia al parecer. Y hablando de los franceses, se ha
echado en falta la presencia de muchos dignatarios de relevancia, entre
ellos el mismo Presidente de Francia. Y Berlusconi. Y Toni Blair. Y el
emperador Bush... Pero es que a éste no le invitaron no fuese que
pusiera los pies encima de la mesa del banquete o quisiera ejercer el
derecho de pernada, que tampoco sería raro.
El caso es que Madrid estuvo muy bonito, cosa no de extrañar ante un
suceso que no se repite todos los días, y que se ha tirado la casa por
la ventana. Los economistas dicen que no ha sido un gasto sino una
inversión con vistas al Madrid olímpico de 2012 y habrá que creerles.
Según ellos, una promoción de la ciudad con vistas a la concesión de
los Juegos Olímpicos hubiese costado 1.000 millones de €. Así que
algo se ha ahorrado y eso siempre es de agradecer. Aunque tampoco
entiendo a qué viene ese deseo del olimpismo y menos cuando vamos a
enfrentarnos con cuatro capitales que nos ganan en todo menos en
simpatía.
Pero vamos al título del artículo. A pesar de las múltiples medidas
policiales que se tomaron - la ciudad estuvo tomada por tierra, río y
aire y hasta por el alcantarillado - parece que un sujeto, ex coronel de
las Fuerzas Armadas y célebre por su pertenencia a la antigua U. M. D.,
(Unión de Militares Demócratas), de la época de Franco, expulsado del
Ejército y condenado y absuelto en diferentes causas por su ideología
política, quiso pasar al interior de la Catedral y, según cuenta, lo
consiguió, burlando seis controles policiales valiéndose de su
uniforme de gala. Y todo ello por una apuesta. La verdad es que parece
sorprendente pero tampoco tan extraño en una nación donde el portero
de un hotel de lujo lleva más entorchados que un Almirante de la
Armada.
Al cabo, las autoridades han desmentido el hecho. Claro que pasó, pero
porque le dejaron. Al primer policía le daría el pego, pero los
detectores de metales no son tontos y descubrieron que iba armado.
- "¡Un terrorista, cuidado!" -. Se dirían. Pero
cuando quienes sí le conocían vieron de quien se trataba, dirían: - "Dejadle
pasar, es el idiota de Martínez Inglés que querrá dar el
espectáculo...".
Y permitieron que fuese saltándose controles para no armar escándalos
ni alarmar a la gente. Tampoco era cuestión de pegarle un tiro. Una vez
ya dentro, muy amablemente le dijeron que se fuese a la puñetera calle
y Santas Pascuas.
Eso sí, ya ha pasado por algún programa de televisión de esos que por
hacer el chorra te haces rico y ahora escribirá un libro y ganará más
dinero.
Lo dicho, entre el consorte monegasco y el Inglés de las narices nos
han amenizado una boda que todos los medios informativos habían
convertido en tediosa. Lo de la moqueta lo dejo para mejor ocasión.
¿Para qué coño querrá nadie un trozo de alfombra pisada por tan
insignes plantas? Les aseguro que los pies les olerán como a cualquiera
y no se trata de ninguna reliquia. Pero en fin, para gustos están los
colores y como aquí para poner títulos a cualquier cosa somos únicos,
podremos titular a una próxima película de Hannibal Lecter "El
clamor de los borregos" en vez de "El silencio de los
corderos".
¡Felicidades a los novios! Y que tengan mucha suerte, que van a
necesitarla.
A
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