Y tal y tal...

Esta semana es evidente que la noticia sin parangón en España no es otra que el enlace matrimonial entre don Felipe y doña Letizia Ortiz, pero el pasado viernes tuvo lugar el fallecimiento, también en Madrid, de un personaje singular, Jesús Gil y Gil, célebre por su "y tal y tal" y por otras variadas cosas. Así que antes de ocuparme de la boda real dedicaré unas líneas a dicho hombre grande, que no gran hombre, esperando tener espacio para los dos eventos. Porque a los dos les une, a pesar de la enorme diferencia de sus características, una cosa en común que no es otra que ambos se han preparado para ser El Príncipe.
Jesús Gil nació allá por Burgo de Osma, provincia de Soria, hace 71 años y con más o menos 20 se dejó caer por Madrid, más bien con una mano delante y otra detrás pero con unas inmensas ganas de comerse el mundo como fuese. No creo que llegase a leer a Maquiavelo pero en algún lugar oiría la máxima de su obra, que "el fin justifica los medios" porque enseguida puso manos a la obra y como su fin era hacerse rico no se paró demasiado en barras. Contaba él mismo que su primer alojamiento en la capital fue una pensión en la Gran Vía, donde habitaban gran número de señoritas de vida un tanto alegre. El mocetón de Jesús, fuerte y de buena estatura para aquella época y con no demasiados escrúpulos y ansioso de ganar dinero, aparte de gozar de los favores de aquellas mujeres, ejercería también de "protector" de alguna de ellas. Pero, bueno, esos son pecadillos de juventud...
En los años 50, en plena escasez de materiales de construcción, sobre todo hierro, aparece el Jesús Gil dedicado a negocios de quincallería. El estraperlo, el cohecho y la buena vista para hacer negocios parece que hicieron de él un hombre rico o al menos bastante pudiente. Así que entre coimas tuvo el juego, en las dos acepciones, tanto española como americana, de la palabra. Coima, soborno; y coima, poco menos que prostituta.
Un mal día se hizo célebre a su pesar por el hundimiento de la techumbre del restaurante
recién inaugurado del complejo urbanístico de Los Ángeles de San Rafael, con un amplio número de muertos. Hasta entonces nadie le conocía aparte de sus clientes y tampoco se deben verter muchas tintas sobre aquel suceso cuando en todo el país el control de calidad brillaba por su ausencia. "Tente mientras cobro", era la máxima imperante y Gil era uno más de quienes la practicaban. Él cobraba un apartamento o una parcela y rápidamente lo invertía en construir algo que atrajese a nuevos clientes, aunque fuese una chapuza. Tenía un lujoso Centro Social, donde parece que se jugaban partidas millonarias; pero, al lado, un supermercado que era una birria. Así que mezclaba el lujo con lo vulgar.
Allí le conocí e intentó venderme un chalet. No debía estar tan obeso porque realmente no le recuerdo apenas y no me llamó para nada la atención. Solamente le conocí como "el que había estado en la cárcel".
Años después formó parte de la directiva del Atlético de Madrid, con don Vicente Calderón. Pero duró poco. Calderón también se dedicaba a la construcción pero era un caballero y ambos eran incompatibles. Por fin, se presentó a la Presidencia de dicho club de fútbol y triunfó en las elecciones porque presentó el fichaje de Futre, el gran jugador portugués. Y a partir de ahí saltó la polémica y su historia es ya ampliamente conocida como para ahondar más en ella.
Sin llegar a ser El Padrino, entre otras cosas porque le faltaba inteligencia por muy listo que fuera y le sobraban ganas de figurar, seguramente sí que utilizó los métodos de Vito Corleone, el personaje de Mario Puzzo. Ansioso de triunfos, se introdujo en política y desembarcó en Marbella y otros pueblos malagueños y es cuando tuvo un serio encontronazo con los Partidos que ya existían y que vieron en él un gran peligro.
Hombre que soltaba verdades como puños, se hizo simpático al gran público y se le reían las gracias mientras se le dejaba hacer. E igual que se granjeó muchos amigos se creó también muchos enemigos, cosa lógica por otra parte.
En fin, que parece que el fin justifica los medios y al final Gil ha pasado a peor vida. No, no es una errata. A peor, porque mejor que la que se pegó en ésta es casi imposible.
¿Y los reales novios? Pues que todos nos alegramos que se casen; sobre todo porque es por amor, como se casan los pobres que decían de Alfonso XII y la infortunada María de las Mercedes. Pero, ignorando lo que posiblemente son calumnias o simplemente mala baba sobre doña Letizia y que me han enviado por correo electrónico, estos no se casan como los pobres. Comprendo que la boda de un heredero de la Corona sea un hecho fastuoso y digno de ser memorable, pero organizar una boda que va a costar 22 millones de euros en una ciudad donde el 80% de sus habitantes llegan malamente a fin de mes creo que está fuera de lugar. Parece que don Juan Carlos le encargó al nuevo alcalde que pusiese Madrid bien bonito para la boda y se le ha obedecido. Vengan luces, flores y la mayor carpa del mundo para alojar el banquete. Esto va a llenar los bolsillos de unos cuantos pero al ciudadano medio, el que no tiene restaurantes, bares ni floristerías, ni edita revistas del corazón ni sale en la televisión rosa, le va a costar un pico. Se podían haber casado sin tanto boato, porque para legalizar una coyunda que llevan tiempo realizando tampoco era necesaria esa algazara. Y ese dinero destinarlo a otros fines, como paliar en lo posible el panorama de las familias de los 192 muertos del atentado del 11 - M. Y otras muchas cosas más que son necesarias y tal y tal y tal...

 

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