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Las fotos de la
vergüenza
Si hay alguna cosa que me guste de los
yanquis, que son pocas, es que suelen ser críticos consigo mismos.
Después de las películas sobre la Segunda Guerra Mundial en las que
eran los héroes, los más guapos y los más valientes, siendo capaz
cada de uno de ellos de matar a veinte japoneses o alemanes y devolver
sana, salva y virgen a la chica, llegaron las rodadas sobre la guerra
del Vietnam donde ya reconocían que también les mataban a ellos, que
cometían masacres con el napalm, que fumaban marihuana, se
emborrachaban y que se iban de putas. Por fin admitieron que eran tan
salvajes como los demás y que estaban hechos de idéntica madera. (Lo
digo por el serrín que hay que tener dentro de la cabeza para liarse a
bombazos con unos semejantes).
Después, por medio de Silvester Stallone, inventaron a Rambo, el
invencible guerrero americano que destruía todo un tanque seminuclear
con poco más que las manos. Pero aceptaron que esa clase de hombres
sólo era útil para matar y aunque rieron sus hazañas les impidieron
reincorporarse a una vida normal después de haber derramado tanta
sangre. Les impusieron la Medalla del Congreso y les enviaron a la
mierda con las mismas.
De esta forma han llegado a permitir que unas fotografías que mostraban
las torturas a las que tenían sometidos a los prisioneros de guerra
iraquíes se hicieran públicas y hasta han pedido perdón a los países
árabes por haber cometido esas barbaridades y van a someter a Consejo
de Guerra a los autores. Esperemos que no solamente a los soldados sino
también a los generales que las consintieron o dieron la orden de
llevarlas a cabo, incluyendo a los miembros del Gobierno.
A Bush no; a ése con echarle en noviembre habrá más que suficiente
porque, como está loco, ¿a qué van a condenarle como no sea a un
Juicio de Dios? Y nos dejamos a los presos en la base de Guantánamo,
que ahí están pudriéndose en vida sin juicio ni nada. Para eso, que
les hubiesen matado directamente y les habrían ahorrado penas y
sufrimientos a ellos y dinero al contribuyente.
¿Es que no sabía el presidente ranchero y paleto que una guerra no es
un videojuego por mucho que como tal nos la mostrasen? Guerra
quirúrgica la llamaron por aquello de las bombas inteligentes. Y sin
duda que las bombas lo eran pero quienes las lanzaban no tanto. Una
guerra es una guerra y como tal sangrienta y canallesca. ¿Es que van a
enseñarnos a los españoles cómo se conquista un territorio cuando nos
hicimos dueños de todo un continente y de media Europa? Que les
pregunten a los aztecas cómo las gastaban los conquistadores. Y en
Flandes nuestros tercios. Tan sólo con recordar que, aún hoy en día,
en Bélgica se sigue asustando a los niños diciéndoles que viene el
Duque de Alba ya hay bastante. Ni coco ni demás inventos. El duque y
sus soldados, como suena.
¿Quiénes acompañaron a Colón en su primer viaje? La hez sacada de
las cárceles y algún místico que iba a salvar almas mientras el resto
se ocupaba de los cuerpos. Y en los posteriores viajes y conquistas más
de lo mismo. Dicen que Cortés era bachiller por Salamanca, aunque no
está probado, pero Pizarro no sabía ni leer. De cuidador de puercos a
virrey sin saber hacer la O con un canuto. Pero eso sí, la espada y los
cañones cargados de metralla los manejaban de maravilla...
¿Quiénes, pues, se alistan en los marines, que tienen idénticos
deseos pero cuentan con medios más sofisticados? Desde luego que no los
licenciados en Harvard; más bien los negros de Harlem que no tienen
trabajo, otros y otras desesperados de la vida y los típicos oficiales
del uniforme gris que buscan medrar y hacer carrera rápidamente.
¿Por qué pide perdón, Mr. Bush, si ya sabía lo que enviaba y a qué?
No nos venga ahora con lágrimas de cocodrilo que se pone más feo aún
de lo que es.
Por cierto, ¿llamó Aznar al americano para lamentar y avergonzarse de
esas fotos como hizo cuando se retiraron nuestras tropas? Me encantaría
saberlo pero apuesto mi bigote a que no lo ha hecho. ¿Para qué? Si
iban a pacificar y a practicar labores humanitarias...
Que se lo pregunten a los que nos muestran con el saco puesto en la
cabeza y las pinzas eléctricas en el pene, ¡no te amuela!
Lo dicho, ¡qué poca vergüenza!
A
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