|
A Dios lo que es de
Dios
En el Círculo de Bellas Artes de Madrid se
estrenó hace días una ¿obra de teatro? cuyo título hasta me da
vergüenza escribirlo. "Me cago en Dios", se titula
dicho engendro, creación del cuñado de la Presidenta de la Comunidad
madrileña, doña Esperanza Aguirre, en la cual actúan al parecer éste
y otro individuo a ninguno de los cuales pienso nombrar aunque merecían
que sus nombres se escribieran con letras de mierda en la historia del
teatro español. ¡Buena le ha caído a doña Esperanza con esa familia!
Yo no seré muy admirador de ella, pero en este caso la compadezco; y
más cuando el mencionado Círculo goza de una subvención comunitaria
para su mantenimiento artístico, dinero que sale del bolsillo de todos
los ciudadanos ya sean creyentes, ateos, agnósticos o practiquen otras
religiones.
Me agradan y defiendo la libertad de expresión y el progresismo; de
hecho llevo años escribiendo sobre dichos temas y gozando del beneficio
de poder hacerlo, cosa que en mi juventud no era posible. Pero ambos
grandes logros de la democracia tienen un límite: Aquél en donde
comienza la libertad de los demás. Y este autor se ha pasado tres
pueblos de la frontera que delimita el buen gusto de la aberración
molesta y escarnecedora. Por mí, él puede tener las creencias que
quiera o no tener ninguna; allá cada cual con sus ideas si es que su
cerebro es capaz de fabricarlas. Pero a mi Dios que no lo toque ningún
pseudoartista ni cualquier intelectual de baja estofa porque puestos a
faltar también puedo yo acordarme de la santa madre de dicho
dramaturgo.
La noche del pasado sábado dos asistentes a la función se liaron a
bofetada limpia con el autor en pleno escenario. Dicen que se trataba de
dos militantes de ultraderecha, "guerrilleros de Cristo Rey",
y será cierto. Aunque su conducta es impropia porque no debe
responderse a la violencia de palabra con la física, sí alcanzo en
cierta forma y con reparos a disculpar su actitud. Una persona es muy
libre de creer en Dios, en Alá o en el Nirvana; como si prefiere creer
que una vez muerto se acabó el negocio. Pero a lo que no hay derecho es
a atentar contra las creencias de muchos millones de semejantes que sí
creen en algo. Me parece muy bien que no crean en la Iglesia, no son los
únicos, pero que para criticarla tengan que largar una blasfemia como
ésa no es de recibo y menos amparándose en el Erario Público. Una
cosa es que nuestro país sea teóricamente laico aunque la mayoría de
sus habitantes estén bautizados y otra muy diferente atentar de manera
manifiesta, zafia y grosera, contra una creencia generalmente extendida.
Ser progresista es una actitud muy diferente a la que este cabestro de
escritor que ha parido tal vileza persigue. Precisamente estriba en
respetar las ideas de los demás como primer mandamiento y en no querer
imponer a nadie las tuyas propias por la fuerza, ya sea de las armas o
de una mal entendida expresión cultural. En buscar la igualdad entre
las gentes y la justicia social. Si para conseguir este fin se considera
conveniente atropellar los derechos ajenos, el camino está equivocado.
Decían los medios que si en el título hubiese figurado la palabra Alá
en lugar de la de Dios se podría haber organizado una buena. No
entiendo por qué cuando Dios, si es que existe, sólo hay uno .
¿Porque se hubiera tomado como xenofobia? Lo único que habría que
haber hecho era no permitir una representación en la cual la
provocación parte desde el mismo título de la obra. A Dios lo que es
de Dios y al César lo que es del César.
Me recuerda aquella crítica tan concisa que hiciera alguien hace muchos
años: "En el teatro Tal se ha estrenado la obra Cual de
Fulanito... ¿Por qué?".
A
portada |