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La
razón de la fuerza
No cabe duda que Hitler
cometió un verdadero genocidio con el pueblo judío por
el cual pasará a la historia de los malditos. La
matanza de más de seis millones de personas por parte
de uno de los pueblos más cultos del mundo fue un hecho
abominable. Y sólo por el hecho de pertenecer a una
raza y a una religión que desde antiguo ha sido
perseguida en toda Europa. Pero que en ese libro negro
de las barbaries humanas va a hacerle compañía el
líder hebreo Ariel Sharon está fuera de toda duda.
Desde el comienzo de su historia, Israel se ha visto
acosada por sus vecinos árabes a causa de la absurda
partición que hicieron las Naciones Unidas alentadas
por el Reino Unido. Árabes y judíos, que siempre
habían convivido en perfecta armonía respetándose los
unos a los otros, se vieron abocados a unas sangrientas
guerras por culpa de la diplomacia británica en
particular y por el deseo general de quitarse el
problema de encima. Y lo que pudo ser un legítimo
motivo de defensa propia en aras de crear una Patria
propia, un Estado digno de tal nombre, se ha convertido
en un asesinato sin precedentes salvo los campos de
exterminio nazis. El ejército judío acaba de asesinar
al dirigente de Hamás, el jeque Admed Yassin,
acusándole de dirigir la lucha armada y suicida contra
ellos. Y a Yaser Arafat no le han dado matarile porque
no han tenido ocasión o porque sus aliados
norteamericanos se lo han prohibido. Si no, ya estaría
muerto.
El problema no es otro que la economía estadounidense
está en manos de los banqueros que profesan la
religión judía y siguen aplicando la Ley del Talión.
Así se levantó la industria israelita, a base de
donativos de sus correligionarios, y si bien es cierto
que supieron emplear los dólares que les llegaban y
trabajaron con ahínco no concedieron oportunidad alguna
a los legítimos dueños de aquellas tierras,
desterrándoles al desierto y condenándoles a morir de
hambre con el beneplácito de todo el mundo.
Dijeron que Irak poseía armas de destrucción masiva y
por eso se le declaró la guerra. Luego resultó que no
tenían más que tirachinas para oponerse a los tanques
y aviones yanquis pero no importa. Israel también las
posee y está demostrado, pero esos son los aliados del
Imperio y por tanto son intocables. Nadie va a exigirles
responsabilidades y continuarán participando en el
Festival de Eurovisión y en otros certámenes
deportivos como si fueran europeos. Su secreto es que
poseen un idioma común con el cual pueden entenderse en
todo el mundo, igual que pasara con el latín y la
Iglesia Católica. La igualdad del idioma y el color del
dinero son los mejores lazos de unión entre los
hombres. Cuando no entendemos a alguien o éste es
pobre, malo. Le consideramos automáticamente nuestro
enemigo, le miramos con recelo y nos ponemos en guardia.
Esa antigua costumbre se ha tornado en la moderna
"guerra preventiva". Es preferible matar a mil
inocentes que acaso en un remoto futuro podrían
hacernos daño con el pensamiento que acabar con un
tirano que nos lo está haciendo con sus obras.
Ben Laden y Al Qaeda, culpables de la matanza de Madrid,
son unos cabrones, pero quienes les dieron alas para
serlo no les van a la zaga. Tan culpable es el que
aprieta el gatillo como quien da la orden de hacerlo o
lo consiente. Pero los marines nunca intervendrán a
sangre y fuego contra el gobierno de Tel Aviv, no les
interesa lo más mínimo porque son sus compinches.
Además, el petróleo está en otras manos a las que es
más sencillo arrebatárselo.
Ya dijo Jesucristo que quien tuviera oídos para oír
que oyera. Y este modesto villano añade: Quien tenga
ojos para leer que lea. Pero luego no nos quejemos y
lloremos a nuestros muertos con lágrimas de cocodrilo.
El peligro está en Bush y en sus secuaces, ésa es la
amarga realidad de este cochino mundo y lo demás
cuentos de hadas.
A
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