Ya veremos, dijo un ciegoLas leyes españolas permiten desde hace años que cualquier ciudadano viaje al país que quiera dentro del mundo mundial. Ya no es como antes que había prescripciones y no te dejaban hacerlo a algunos sitios, todos ellos, claro está, del área comunista. Hoy en día, ¡ancha es Castilla y más anchos los castellanos! Que significa que somos enteramente libres para dirigir nuestros pasos donde nos venga en gana sin tener que dar explicaciones. Por ello, don José Luis Rodríguez Zapatero puede rondar por esos caminos de Dios muy libremente. Otra cosa, muy a tener en cuenta, es que deba y sea conveniente que lo haga y según hacia cuál destino. Y Marruecos no parece ser el lugar más indicado en estos justos momentos. Y no porque se lo coman a él, precisamente, sino por lo que quieren comerse ellos de todos nosotros. Se ha acusado a don José Luis, y seguramente sin razón para hacerlo, de deslealtad a España, al tratar de negociar con un Estado que, unilateralmente, ha retirado su embajador del nuestro por capricho de su poco graciosa majestad don Mohamed VI. Y digo sin razón porque nadie traiciona a otro si no es amigo de éste y no goza de su confianza; y, al parecer, el líder socialista y el Presidente del Gobierno no se tienen excesivo afecto. Eso, al menos, de cara a la galería que, después, lo mismo toman el piscolabis juntos. Pero si un Gobierno, el de su país, que quiera o no lo quiera el amigo Zapatero, es su Gobierno porque así lo decidieron democráticamente los ciudadanos en las urnas, opta por una manera de actuar, forzado a ello para más inri por el monarca magrebí, pienso que es impropio el que ejerza de abogado de causas pobres sin que nadie se lo haya encomendado ni pedido. A título personal, don José Luis puede visitar a quien le plazca, sin consultarlo más que con la almohada. Como líder de la oposición a la que representa, y bien mansamente por cierto ya que no le hemos visto enfrentarse todavía con sus contrarios a capa y espada, no “debe” hacerlo. Salvo que quiera ejercer el papel del hombre bueno, (que tiene aspecto de serlo, la verdad sea dicha), y quiera mediar en el conflicto. ¿Pero es ése su propósito o medrar con su posible triunfo a cuenta ajena? He ahí dónde veo más la causa de este periplo inapropiado. Seguro que él piensa, y con él los suyos, que nada tiene que perder y más bien mucho que ganar. Y nada más lejos de la realidad. Ganancias puede obtener si es que se sale con la suya; pero si vuelve con el rabo entre las piernas, es un punto negativo para ese futuro prometedor con que soñaba. Un descalabro en la escena internacional, en unos instantes en que Aznar va a ser nombrado en breves días Presidente de la Unión Europea, o como se denomine al cargo, será un factor a tener muy en cuenta en el debe del señor Zapatero para los próximos comicios. Y no lo tenía tan difícil. La apuesta por un triunfo socialista en las próximas municipales es a caballo ganador. Y ya hemos visto cómo en Portugal dimite un primer ministro ante un descalabro en similar evento. La historia española también nos lo recuerda con las votaciones de un 12 de abril de 1931. Así que lo tenía a huevo. Aunque aquí no dimite nadie ni queriendo; pero, a veces, las menos, hay lo que llamamos vergüenza torera y podría darse el caso. Lo cual no significa más que tanto a perder como a ganar tendría en ambos casos y no cómo él se piensa. También puede ser, ¡qué mal pensado este villano!, una encerrona en la que le ha metido González desde su liderazgo en la penumbra. Con Aznar de rival, él bien supone que no debe volver a la contienda. Pero si es cierta la promesa de aquél de no volver a presentarse a candidato, Felipe sabe que el carisma que tiene le pondría la Moncloa a su alcance en un momento. No hay personaje que sustituya a don José María en ese cargo, salvo Mayor Oreja que es bien serio. Y aún así lo tendría muy duro ante el antiguo presidente. ¿Forma de quitarse de en medio, pues, a un molesto competidor de su propio grupo? Animarle a iniciar una Misión Imposible que le desacredite ante sus mismos partidarios. Si sale bien, son puntos que comparte el sevillano. Y si fracasa, son tantos que se apunta de los que aún lamentan su derrota y le echan de menos. Y es que el mundo de la política es lo más parecido a los versos del poeta y a la guerra de guerrillas. “Nada es verdad ni es mentira”, por una parte. Y por otra, las balas perdidas vienen de donde menos te lo esperas. Pero esperemos a ver lo que sucede, aunque para “bajar al moro” no tenía que haberse ido tan lejos, como dije al principio de los afanes gastronómicos de los clientes de Mahoma. ¡Si los tenemos ya dentro de casa y sin haber sido invitados! Y, encima, no nos pagan ni la renta. Cosas se ven que extrañan a cualquiera... Pero estos no paran hasta quedarse con Toledo. Ya lo dije bien claro un otro día.
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