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Puente sin retorno
Los casi ochenta muertos, que serán más
después ya que sólo se contabilizan los fallecidos en el acto o dentro
de las 24 horas posteriores al accidente, y la gran cantidad de heridos
graves cuyas secuelas no son nunca conocidas pero de los cuales muchos
van a parar al Centro de Tetrapléjicos de Toledo o arrastran
incapacidades de por vida, son el trágico balance del
"puente" de la Constitución y de la Inmaculada en las
carreteras españolas. Ante tal panorama, impuesto por las necesidades
de la vida actual, las emisoras de radio, la televisión y la Prensa se
han rasgado las vestiduras en estos días. Pero no hay que perder de
vista que en el año pasado más de tres mil personas se dejaron la vida
en el asfalto y esto no es sólo achacable a unos desplazamientos
masivos y coincidentes y a unas circunstancias atmosféricas poco
propicias.
El fallo humano, el alcohol, la distracción, la somnolencia, pueden ser
causa de muchos de estos accidentes, pero no cabe duda de que algo más
falla en este asunto. El Ministerio de Fomento calla y la Dirección
General de Tráfico lo mismo; todos echan balones fuera. El esfuerzo y
el trabajo de la Policía de Tráfico, encomiables por otro lado, parece
que no valen para nada a la hora de evitar esta masacre. Y, sin embargo,
tiene que haber algún responsable de la misma.
Siendo yo joven, hace 40 años, recuerdo haber leído un artículo en
ABC del gran columnista Cándido, titulado Hoy rodarán cabezas.
Se refería al retorno de unas vacaciones de Semana Santa y a las
víctimas que se preveían. Y aquellas previsiones se cumplieron,
veintitrés muertos. Hoy en día, ocho lustros después, con mejores
carreteras y mejores automóviles y medios para prevenir estas
desgracias, el número de bajas se ha triplicado y, salvo en casos como
el de ahora en que parece que se ha tocado la fibra sensible de los
medios, no lo tomamos en cuenta semanalmente ni nos preocupa mientras la
desgracia no nos toque de cerca.
Es cierto que los vehículos actuales alcanzan mayores velocidades; no
obstante, dicen, la red vial es infinitamente mejor. Pero el hecho es
que mientras escribo estas líneas tengo que contemplar en mi cajetilla
de tabaco que FUMAR PERJUDICA GRAVEMENTE MI SALUD. Y en otras QUE PUEDE
CAUSARME CÁNCER. No he visto todavía en ningún servicio de venta de
automóviles un cartel que diga ESTE COCHE MATA. Así, textualmente, no
"que podría matar o causarme daños irreparables", sino que
es verdad que los causa. Me parece muy bien que prevengan el consumo de
tabaco, que no cabe duda que es dañino, pero no que se silencie una
amarga realidad que luego queda bien plasmada en la vida cotidiana, por
muchos anuncios que se pongan para el buen uso del cinturón de
seguridad y los apoya cabezas.
¿Puede imaginarse lo que provocaría un accidente laboral en el que
perecieran ochenta personas de golpe? Los Sindicatos se echarían a la
calle solicitando la dimisión del ministro de Trabajo y habría enormes
manifestaciones de repulsa. Lo de la carretera, sin embargo, no parece
preocuparnos tanto ya que es un tributo obligado a la vida moderna...
Esto es más grave que lo del Prestige, que les pregunten a las
familias, a los amigos y a los compañeros de aquellos para los que unos
días de descanso supusieron un puente sin retorno, una ida sin vuelta,
pero aquí nadie dice ¡Nunca mais!
Mientras, las Autoridades callan y se limitan a imponer penas más
graves a los infractores. Pero la sangría continúa. Y continuará si
Dios no lo remedia.
Ya saben, el tabaco puede matar aunque su consumo deje buenos beneficios
en impuestos. Se conoce que la gasolina deja más y por eso se guardan
mayormente las apariencias...
A
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