|
El alcalde rebelde
Alberto Ruiz Gallardón ganó las elecciones a
la Alcaldía de Madrid, en nombre del Partido Popular, por mayoría
absoluta. No cabe duda que el aún joven Presidente de la Comunidad
Autónoma es un hombre con gancho y supo arrastrar con él el voto
mayoritario de los madrileños a pesar de representar a un partido que
se había hecho impopular gracias a los "meritos" de su
Presidente aliándose con Bush en la invasión de Irak. Pero la victoria
no fue completa al perder su compañera de filas las elecciones
autonómicas por escaso margen. Más tarde, y de todos es conocido, la
postura traidora de dos diputados socialistas obligó a convocar nuevos
comicios y, ya sí, doña Esperanza consiguió el triunfo absoluto.
Hasta aquel instante, Gallardón había ostentado la Presidencia en
funciones y había seguido para todo las directrices del PP. No podía
levantar aún la liebre para no perjudicar el futuro triunfo de los
suyos. Pero al otro día de la victoria, don Alberto destapó el tarro
de las esencias y anunció una subida de impuestos, contraria totalmente
a la política anunciada por el partido que le impulsó al poder. Los
populares pusieron el grito en el cielo y la ciudadanía madrileña más
aún. Aquello no figuraba en el programa que había presentado y con el
cual fue elegido alcalde. Estaba saliéndose de las normas y de la
disciplina del Partido. Y tuvo que venir el sucesor, Mariano
Rajoy, a sentar cátedra y a llamar al orden al díscolo jovenzuelo.
Después de varios tiras y aflojas, ha conseguido que el alcalde
maquille esta subida en la parte que menos afecta al ciudadano,
manteniendo otros incrementos que harán mella en los bolsillos menos
pudientes.
¿Por qué no subir los impuestos a quien tiene un piso vacío y no lo
alquila esperando tiempos mejores que le reporten más ganancias cuando
hay una gran escasez de viviendas para los jóvenes madrileños? ¿Y por
qué mantener ese impuesto de sucesiones mediante el cual unos hijos que
heredan una vivienda de sus padres, conseguida con esfuerzos y
sacrificios, tienen que casi mal venderla para pagar a Hacienda?
Esto no es de recibo por mucho que quieran convencernos. Pero está
claro que el Partido Popular defiende a los suyos y los suyos son
quienes no tienen problemas económicos para acceder a tales posesiones.
Gallardón ha sacado los pies del tiesto y se ha enfrentado a la cúpula
de los que le han aupado al poder, aunque él considera que posee más
méritos que otros para haber optado a la sucesión de Aznar y puede
haberse visto defraudado. ¿Qué promesas no le habrían hecho en su
día para cuando alcanzase el triunfo? Y, de repente, le ponen por
debajo del gallego. Eso tiene que haberle jodido en grado sumo. Y,
ahora, tener que acatar sus mandatos más. Este joven es orgulloso, no
hay más que verle, y sabe o intuye que su valía es superior a la de
cualquiera. O ésa es su idea. Así que va a seguir siendo díscolo
siempre que pueda.
Proviene de familia de derechas; su conducta e ideario son del mismo
signo; ha hecho grandes cosas al frente de la Comunidad Madrileña pero
siempre beneficiando al capital y pocas veces al obrero. Pero...
¿Hacemos una apuesta? Si en las elecciones catalanas que se celebran
este domingo no triunfa el Partido Socialista, la posición de Zapatero
va a verse en entredicho. ¿Saben quién puede ser el candidato a la
Presidencia del Gobierno por el PSOE para las próximas Elecciones
Generales? Pues no se olviden del inquilino de la Casa de la Villa. Y si
no es para éstas será para las siguientes. Pero don Alberto no se
arredra ante ningún reto, aunque para ello tenga que dejar el terno de
tergal y la corbata y ceñirse la chaqueta de pana, se lo aseguro.
Y no sería mal oponente, eso es bien cierto. Que tengan cuidado con él
y no abran la caja de los truenos, que la gallardía mola más que unas
medias suelas. Y don Alberto la lleva en su apellido, en tanto un
Zapatero es tan sólo un artesano.
A
portada |