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"Y llovía,
llovía..."
El pasado lunes 13, festividad de San Eduardo
para más señas, pareció que los cielos se decidieron a abrir sus
espitas sobre Madrid y cayó un diluvio a primera hora de la mañana.
Este villano, que tenía que ir a hacerse unos análisis para ver las
posibilidades de llegar a viejo que le quedan, llegó a la clínica
calado hasta los huesos, por no decir hasta otro lugar más íntimo. Y
mientras caminaba, iba recordando el gesto de aquel cómico de hace
años que decía, señalándose el ojo derecho, (no, no era el
izquierdo, casualmente), aquella frase de: "Y yo vía, yo
vía...". ¡Tantas cosas hay que ver que ya se le quedan a uno,
a veces, en el tintero!
Roma no pagaba traidores, señala bien la Historia. Pero la política
sí debe pagarles. Y bien pagados, por cierto. Pero, a pesar de todo,
hoy voy a permitirme romper una lanza a favor del señor Tamayo. Ya
saben, el tránsfuga, traidor, vendido, o como ustedes quieran llamarle
que, junto con la mandada Sáez, ha propiciado que en la Comunidad
madrileña tengan que repetirse los comicios electorales, el próximo
día 26.
A pesar del enorme costo que va a ser sufragado por los bolsillos de los
ciudadanos, hartos ya de pagar sin ver beneficio alguno, el amigo Tamayo
ha sacado a la luz la inmundicia de nuestro sistema electoral y la poca
vergüenza, en general, de nuestros políticos, sean del signo que sean.
Ese día, San Eduardo, repito, nos desayunamos con la noticia de que
unos terrenos anejos al Centro comercial y de esparcimiento Xanadú
habían sido recalificados hacía poco para construir miles de
viviendas. Terrenos de barbecho, sin apenas valor alguno, convertidos de
repente en un emporio de riqueza. ¿Saben quienes son los propietarios
de ellos? Nada más ni nada menos que la familia Franco. Sin
comentarios.
En todo este sucio affaire, tuvo que ver, ¡como no!, el señor
Romero de Tejada, el de las fotocopias, ya que era amigo del amigo del
cuñado del conocido de... ¡Vaya usted a saber! Total, negocio turbio.
O, al menos, no al alcance de cualquiera.
Por otra parte, este fraude electoral que ha propiciado el bueno de
Tamayo ha dejado la impronta de que los socialistas madrileños, y en
particular su candidato Simancas, no pasan de ser unos politiquillos de
tres al cuarto. Pero, ¿y su oponente del PP, doña Esperanza Aguirre?
Pues tampoco le va muy a la zaga. Cierto es que tiene mayor experiencia
política al haber pasado por diferentes cargos, pero siempre de
segundona y metiendo el tacón, por no decir llanamente que la pata, en
cuanto ha tenido ocasión de hacerlo. Así que vamos apañados.
Personalmente, no comulgo con las ideas de Izquierda Unida, pero es
cierto que el único que me parece despierto y consecuente es Gaspar
Llamazares, igual que en su día lo creí de Santiago Carrillo. O será
que, como no han tocado todavía poder, no han podido demostrarnos otra
cosa que buenas palabras.
El caso es que Romero de Tejada se va de rositas de todo este asunto;
Tamayo se lleva sus buenos dineros y los candidatos, gane quien gane,
continuarán gozando de sus prebendas y no les faltará un euro en el
bolsillo. Mientras, un conocido mío ve retenido el veinte por ciento de
su subsidio de paro por una deuda con la Seguridad Social, contraída
porque le iban tan bien sus negocios que tuvo que cerrarlos y no pudo
hacer frente a sus obligatorios compromisos. No tuvo quien le pagase la
jubilación por no hacer nada por no tener una copistería amiga.
Ya digo, aquel cómico decía: "Y yo vía, yo vía..."
. Lo malo es que parece que no va a escampar nunca... Pero ellos, los de
siempre, tienen buen paraguas. Y si no, ya tendrán quien se lo preste.
A
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