Las esquelas

"El tabaco puede matar". Efectivamente. Y, de hecho, mata. ¿Para qué vamos a andarnos con remilgos todos los que fumamos? Sabemos que es una sustancia nociva, no natural para ser introducida en nuestros pulmones y que, por tanto, puede hacernos daños y conducirnos irreversiblemente a un cáncer de pulmón o a una enfermedad coronaria, además de restarnos otras facultades como pueden ser una buena respiración, producir esa tos matutina que a muchos fumadores atormenta y, muy generalmente, causar una fatiga que los que no fuman no experimentan al caminar. De acuerdo, pero totalmente, hasta aquí. Y me parece maravilloso que a los fabricantes de tabaco les hayan obligado a imprimir esos anuncios mortuorios en las cajetillas que comercializan. Avisar de un peligro siempre es bueno, hay que tener precavido al usuario. Pero...
¿Por qué las botellas de licor no llevan la misma pegatina? Que yo sepa, el alcohol produce consecuencias tan desastrosas como el tabaco, si no superiores. Está reconocido como la segunda droga más peligrosa por la Organización Mundial de la Salud, origina cáncer hepático, cirrosis... Amén de las consabidas muertes por deliririum tremens, homicidios por agresión, accidentes de tráfico, riñas, rompimiento de parejas... Y no sigo citando males para no aburrir al lector que bien conoce de sobra sus efectos.
¿Y los automóviles? Esos que nos anuncian en la televisión, cada día más poderosos en prestaciones y que alcanzan velocidades no permitidas por los Códigos de Circulación de ningún país. Esas máquina tan preciosas, cada día mejor pensadas y que atraen la ilusión de todas las gentes, sobre todo de los más jóvenes, con sus dinámicos colores, sus brillos majestuosos... También matan, y cada semana, a miles de personas en todo el mundo. Cada día se construyen carreteras mejor diseñadas que permiten rodar más velozmente y eso también tiene su tributo, traducido en familias enteras destrozadas por culpa de lo que normalmente se denomina "error humano", cuando no se mezcla el accidente con un exceso de alcohol en sangre.
Mas, ni los fabricantes de alcohol ni de automóviles son obligados a que sus productos luzcan esas macabras esquelas mortuorias de información que sí lleva el tabaco. ¿Puede alguien explicarme la razón de esa injusta diferencia?
Sé que este artículo puede ser polémico y que, de hecho, aquellos que no fumen estarán en mi contra, pero asumo gustosamente ese riesgo. Se me podrá argüir lo que padecen los llamados fumadores pasivos, aquellos que soportan el humo del que fuma a su lado... Totalmente conforme. ¿Y las víctimas de los borrachos que, privados de su sano juicio, ocasionan daños a más breve plazo, qué? ¿Y a los peatones, ciclistas o motoristas que son arrollados por un conductor loco, o a sus mismos acompañantes que mueren aplastados por culpa de éste, o al ciudadano que circula con la debida precaución y de repente se ve involucrado sin tener culpa alguna, quién los consuela? El maestro armero, que dicen era el destinatario de todas las reclamaciones.
Muchas cosas y demasiados productos son peligrosos para la vida humana y todos se venden libremente sin que nadie venga a poner pegas sobre tal riesgo. El hecho tan sólo de vivir ya es un peligro, ya que el final de la vida, irrevocablemente, es la muerte. Pero las modas procedentes de los Estados Unidos imperan sobre nuestras conductas. Ellos nos metieron el tabaco hasta en la sopa y ahora han inventado que es contraproducente pero, eso sí, les deja buenos beneficios. ¿Qué inventarán mañana con tal de amargarnos la existencia? Posiblemente que es más sano comer una hamburguesa cocinada con vaya usted a saber qué potingues que dar cuenta de un buen filete frito en rico aceite de oliva.
Señores de Yanquilandia, si no hace falta que me lo avisen. De sobra sé que el tabaco es un veneno lento. Pero les juro que no tengo ninguna prisa en morirme... Aunque ganas dan a veces de hacerlo para no seguir siendo testigo de sus estupideces y canalladas. De veras.

 

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