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Cerrar los chats
Esta es la noticia con que nos ha sorprendido
la semana pasada Microsoft, con cancelar sus canales de comunicación.
Noticia que, desde luego, no es nada importante comparada con otras, ni
tan siquiera para los internautas ya que, estos, suelen valerse del
célebre IRC a través de otros servidores y no deberán verse afectados
por dicha norma. Lo que ignoro es estos instantes es si este cierre
afectará también al célebre servicio de mensajería instantánea,
messenger, de hotmail y, por tanto, de MSN. Esto sí que sería una gran
faena ya que privaría de hablar, hablar y he escrito bien, y de verse a
través de las modernas webcams a muchas personas que residen lejos de
sus familiares y amigos. Ésta, de verdad que sí sería una pasada.
Porque el motivo que alegan para hacerlo no puede ser más grotesco:
Defender a los niños de los pederastas.
Basándonos en esa misma razón, habría que clausurar los colegios para
que las criaturas no se vieran acosadas en sus puertas por dichos
indeseables. Y suprimir las películas de sexo y de violencia en la
televisiones. Y cerrar los juegos recreativos, lugares que siempre han
sido coto de caza de menores por la gente de mala ralea.
A los niños les deben cuidar sus padres, no permitiéndoles el acceso a
los ordenadores o controlándolo, velando por sus horarios, compañías
y sitios que frecuentan y no pasar de ellos y dejarles hacer lo que les
venga en gana porque así se goza de más tiempo para divertirse sin que
moleste el chaval. Pero no, tiene que ser el señor más rico del mundo,
don Bill Gates, el que venga a imponer su criterio y a cuidar de la
salud moral de los demás. ¡Venga ya, hombre! Que se les ve el plumero.
¿No será más bien que las grandes empresas internacionales de
telefonía y comunicación ven en los chats unos competidores fabulosos
que les privan de grandes beneficios al no necesitar de sus servicios? Y
negocio también para los ciberclubs o cibercafés, ya que parece que en
estos sí habrá de permitirse, aunque ligeramente controlado. Por ahí
van los tiros, sin duda alguna, porque lo contrario es solamente
intentar matar pulgas a cañonazos.
El derecho a comunicarse libremente es el más grande que se puede tener
dentro de la libertad de expresión. Y por ella se ha luchado durante
siglos y se sigue luchando en muchos países. No pueden venir ahora unos
mangantes, también magnates a intentar suprimirlo. Así que, de
entrada, no. Señor Gates, siga usted acumulando dinero pero no nos
prive del derecho de hablar por ningún medio.
Y el caso es que, bien visto, en alguna medida lleva razón, no crean...
Dentro del chat existe una serie de individuos que, al amparo de un
teclado y un monitor, se dedican a insultar a las personas, a vejar a
las mujeres proponiéndoles tratos deshonestos y, en definitiva, a
demostrar una cobardía total, ya que estos insultos no serían capaces
de mantenerlos cara a cara y sin gozar de ese anonimato que proporciona
un nick. Personalmente, llevo semanas teniendo discusiones con algunos
individuos que parecen haberme cobrado manía. Y el caso es que me
conocen porque hasta dan datos personales míos que no aparecen en las
fotos que adornan, es un decir, mis páginas. Pero de todo debe haber en
la viña del Señor. Con ignorarles y no entrar al trapo, tengo
bastante. Y si son más felices insultándome, pues que vayan y lo sean.
Así se quedan contentos.
El chat sirve de esparcimiento a muchas personas que no tienen fácil
otro medio de distracción. Y les hace conocer gente, crear amistades y,
¿por qué no?, hallar amores. Amores que unas veces, las más, acaban
como el Rosario de la Aurora, y otras, sólo conozco una, terminan en
boda. ¿Por qué privarles pues de este nuevo medio de contacto? Igual
razón habría para suprimir los teléfonos móviles, que esos sí que
sirven para los ligues y los negocios turbios. Pero, claro, esos dejan
buen dinero y no interesa hacerlo. Lo dicho, una vergüenza. Una más de
tantas como nos acosan diariamente. Nos toman por idiotas cuando no lo
somos pero día llegará en que podremos demostrarlo. ¿No están de
acuerdo? Ya sé que sí. Pues quedémonos tranquilos.
Por cierto, la medida no se aplicará ni en Estados Unidos ni en
Canadá. Conclusión: Allí no existen pederastas, sólo en la vieja
Europa. Pues he leído no sé donde que unos sacerdotes
estadounidenses... Ya me comprenden, porque tengo el honor de tener los
lectores más inteligentes que existen. Y que sea por muchos años.
A
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