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Los poetas y la
violencia
El pasado domingo, el diario EL
PAÍS comenzó la entrega junto con el periódico de una serie de
libros dedicados a las obras de los más insignes poetas de lengua
castellana. Ignoro si en la misma se incluirán otros que hayan escrito
su obra en otros idiomas españoles, cosa que también sería merecida
ya que mucho y buen poema se ha escrito tanto en catalán como en
gallego.
La primera entrega ha sido la de Proverbios y Cantares, de don
Antonio Machado, aquel sevillano nacido en 1875 y cuya juventud
transcurrió en Madrid para después ejercer una cátedra de francés en
Soria y más tarde trasladarse a Jaén, tras la muerte de su esposa, y
que al final tuvo que exiliarse a Francia, donde bien conocido es que
falleció en Colliure. Como se ve, fue un hombre atormentado y castigado
por la vida y perseguido por la injusticia y por manifestar sus ideas
libremente, factor muy común a todos los poetas de todos los tiempos.
No hay más que recordar que Miguel Hernández pereció en la cárcel y
que tanto Pedro Muñoz Seca como Federico García Lorca fueron fusilados
durante el transcurso de nuestra guerra civil, así como tantos otros
librepensadores. Hasta el mismo Cervantes estuvo preso y durante su
estancia en prisión escribió el Quijote.
Los poetas son, (o somos, porque yo me considero más poeta que
articulista o novelero), una especie de bichos raros en nuestra inmensa
mayoría. Es cierto que gozamos de un peculiar sentimiento que nos
impulsa a la bohemia y que, normalmente, no escribimos con el afán de
hacernos ricos sino para expresar aquello que surge de nuestra alma,
bien sea la contemplación de un paraje o el canto desesperado a un amor
inalcanzable o insatisfecho, como escribía Bécquer y tantos otros,
entre los cuales me cuento. Poseemos un alma sencilla, aventurera a
veces y en muchas ocasiones hogareña. Será que sabemos contemplar los
aspectos positivos de la vida y escribir sobre ellos, ya sean sencillos,
como relatar la agonía de un viejo roble carcomido por el tiempo, o
trágicos, como las Rimas becquerianas o el Himno a la
Desesperación de Espronceda. También somos épicos y nos
complacemos en evocar las gestas más gloriosas. De todo hay y ha habido
en este Parnaso de la Poesía, conocido con este nombre por ser el monte
donde dicen que se reunían las Musas y de donde brotaba la inspiración
poética.
Lo que sí es bien cierto es que pocos poetas han muerto ricos, excepto
muy raras excepciones, y que gran parte de ellos han sufrido
persecución por sus ideas políticas. Por ello me complace que el
mencionado periódico saque a la luz esta obra, con la cual divulgará
al gran público ese inmenso legado que dejaron sus autores a las
generaciones venideras. También los pintores, músicos, escultores,
novelistas y cineastas son creadores, pero aunque sus criaturas sean
asimismo expresión de una inspiración maravillosa no puede ni debe
comparárseles con aquél que, valiéndose tan sólo de una pluma y un
trozo de papel, es capaz de plasmar todo el sentir que lleva dentro en
unos cuantos versos, no necesitando la enorme cantidad de las páginas
de un libro ni metros de celuloide.
Violencia... Siempre la han padecido los hombres de paz y orden por
parte de aquellos que han preferido imponer la fuerza de las armas a la
de la razón. El pasado domingo caían heridos dos miembros de la
Policía Autonómica Vasca bajo los disparos con postas de dos jóvenes
activistas de la banda asesina ETA, cuando corrían a prestar su auxilio
ante una llamada de socorro. Como he escuchado en la radio, a este paso
los camilleros de las ambulancias que acudan a un accidente van a tener
que ir con chalecos antibalas por si acaso.
Y para postre, el lehendakari lamenta la muerte de uno de estos jóvenes
criminales, justificando su acción por las malas influencias que le
aconsejaron en su niñez.
Como cristiano, lamento la muerte de cualquier ser humano y más la de
un muchacho de veintitrés años, pero es que la violencia engendra solo
violencia.
Bien escribió Machado: Caminante, no hay camino. Se hace camino al
andar...
¡Pero para adelante y no como los cangrejos, señor Ibarretxe! Que así
no vamos a ningún lado. Una cosa es soñar en utopías, como un poeta,
y otra bien distinta hacerlo en idioteces como las que usted pregona y
aun alienta. Mejor que tocara la guitarra que don Antonio decía que
existía en los mesones que tocarnos a los demás otras cosas...
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