Dos burros y un asno para una guerra

Debo advertir a mis lectores que este título, o más bien titular de Prensa, me fue diseñado por una buena amiga, excelente presentadora de Televisión Española ella, y que, en principio, los burros eran tres. Pero para mí que Berlusconi de burro tiene bien poco, sino más de sinvergüenza. Aunque, como no me preocupo mucho de la política del país trasalpino porque me pilla a trasmano, me da que todos son iguales por esos pagos.
Los dos burros a los que me refiero, está claro quienes son: Bush y Blair, líderes de la coalición militar que se preocupó de "pacificar" Irak y que, por una vez más, se han encontrado con la horma de su zapato. El asno... pues adivinen. Pero los tres juntitos se preocuparon en las Azores de planear el futuro del mundo y de imponer la ley del más fuerte. Desde luego que lo fueron y aplastaron en pocos días al ejército del dictador Sadam Hussein. Pero ya se han dado cuenta que aquella fácil victoria va a tener una secuela de violencia como no hubieran podido imaginar. Ésa es la causa de que ahora, Bush, ese paleto ranchero de Texas, solicite dinero y tropas al resto de la comunidad, para concluir una tarea que ve ardua difícil de llevar a cabo.
Los iraquíes no son tontos. Ningún árabe suele serlo. Y ya se han percatado de que los liberadores venían a por algo más y han comenzado la resistencia. Esto me recuerda al viejo chiste del lisiado que iba en silla de ruedas a Lourdes, rogando que la Virgen le curase de su dolencia. Al verse despeñado colina abajo y con visos de partirse la crisma, rogaba: ¡Virgencita, que me quede cómo estoy! El pueblo iraquí estaba sometido a una dictadura férrea y genocida, pero a nadie le gusta que un extranjero venga a poner orden en su casa. Ya la sabrá poner él mismo o dejará de hacerlo. En España sucedió algo parecido con el general Franco. Muchos de nosotros podíamos ponerle a parir por el afán de represión que le caracterizaba; pero que viniese un francés a insultarle... Aún recuerdo, siendo niño, cuando uno de mis hermanos le partió las narices a un muchachito galo por insultar al Caudillo. Y mi hermano no es de derechas para nada, aunque sea un poco carca. Y él, mayor que yo, sabía por aquel entonces que varios miembros de nuestra familia habían estado en la cárcel al término de la guerra civil, incluido nuestro padre. Y un tío nuestro, Alejandro Escobar para más señas, incluso condenado a muerte. Pero los trapos sucios se lavan en casa y no se necesita el detergente del vecino.
Pues ni más ni menos le ha ocurrido al amigo Bush. Los libertados se le han subido a las barbas y aquello tiene todos los visos de convertirse en un segundo Vietnam, como ya dije hace semanas. Por ello necesita ayuda económica y militar para que no suceda. Y por ahí anda de pedigüeño, como el que vende La Farola en la esquina.
Algún día tengo que hablar sobre la historia del imperio yanqui. Ya escribió Suetonio sus Vidas paralelas y esto tiene todos los visos de ser lo mismo. Puestos a comparar, J. F. Kennedy sería el Julio César moderno, asesinado incluso durante su mandato. ¿Bush? No llega ni a ser Calígula, aunque esté tan loco como él.
¿Y qué me dicen del asno? Que hasta ahora no he hablado en absoluto de él. Pues que cada día me recuerda más a la imagen del gran Chaplin en la película El gran dictador. Como dice mi amiga, la periodista, se la debe haber visto veinte veces y ensaya las escenas por la noche, mientras practica el catalán en familia.
He leído el significado que de la palabra asno hace la Real Academia de la Lengua Española y es la descripción del noble pero torpe animal de carga que todos conocemos y que, desgraciadamente, está en vías de extinción. Burro, jumento, y rucio, que dijo Cervantes, son sinónimos más despectivos. A nadie le han puesto nunca una orejas de asno, sino unas orejas de burro. Luego se le considera más tonto. Y Aznar, está claro que, de eso, no tiene ningún pelo en el bigote.
Yo me pregunto: ¿Algún día se sabrá cuantos millones de dólares ingresó Bush en alguna cuenta de Suiza a fin de que nuestro presidente le hiciera el juego? No lo creo pero, mientras él se dedica a hacer footing y a nombrar sucesor, nuestros soldados están haciendo el indio en tierras de Babilonia. Lo mismo hasta tienen que comer fruta del árbol del Bien y del Mal, porque las hamburguesas de los marines no sientan bien a los estómagos españoles. Aparte de que tienen mucho colesterol, engordan. Como ciertas cuentas corrientes...

 

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