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Lilith
O Lili, o Lilit, que de las tres maneras
aparece en el diccionario y en las enciclopedias. Se trata, según la
leyenda, de la primera esposa de Adán, creada como él del barro de la
tierra, a imagen y semejanza de Dios. De esto me enteré la otra tarde
en una conferencia en el Ateneo madrileño. Puede ser que algunos de mis
lectores me acusen de inculto; otros muchos no sabrán ni de qué les
hablo, pero la verdad es que era la primera vez que escuchaba tal
historia. Y como yo, bastantes de los asistentes al acto. Así que,
cuando llegué a casa, lo primero que hice fue consultar entre mis
muchos libros y en unos aparecía y en otros no. Luego, consulté en
Internet y sí se la nombra e, incluso, se habla de su encuentro con
Caín y de sus amoríos con el mismo, a pesar de que el eminente
conferenciante había asegurado que aquél era hijo de ella y Abel hijo
de Eva.
Al parecer, Lilith abandonó a Adán porque quería ser igual que él y
no se sometía a sus caprichos ni a la forma de tomarla. Y era mucho
más inteligente que su marido porque supo el verdadero nombre de Dios,
el cual, como es sabido, no le fue revelado ni al mismo Moisés en el
Sinaí. "Yo Soy el que Soy y les dirás: El que Es me envía".
Así habló Dios, según la Biblia. El nombre de Jehová o Yahvé es
mucho más moderno. ¡Fíjense si era lista la tal Lilith!
Harta de soportar a Adán, se lió la manta a la cabeza y marchó a la
orilla del Mar Rojo. Allí celebraba orgías con los demonios y paría
diariamente cien hijos. Hizo caso omiso de la venida del Ángel del
Señor para que volviera al Paraíso y se dedicó a darle gusto al
cuerpo y a vivir su vida, dejando al pobre hombre más solo que la una.
"Y viendo el Señor que el hombre estaba solo, decidió buscarle
una compañera". Y le sumió en un profundo sueño y, extrayéndole
una costilla, modeló a Eva, la esposa sumisa y fiel. Por ello, Lilit
representa, según los eruditos, a la mujer feminista y rebelde y Eva a
la madre de familia, obediente y trabajadora, lo cual les venía de
perlas a las tres religiones monoteístas: La judía, la cristiana y la
musulmana. Y todas ellas cambiaron el Génesis y borraron del mismo la
persona de Lilith. Por lo visto les molestaba.
La exposición del escritor que afirmó tales cosas fue brillante. Lo
malo fue el coloquio que después vino. Por lo visto, la infiel figura
en la Astrología como un ser maligno y, de hecho, en los documentos que
he consultado, se le llama hasta madre de los demonios. No es de
extrañar, pariendo como dicen cien de ellos cada día. Claro que los
días de las Sagradas Escrituras son un tanto sui generis. Dios creó el
mundo en cinco días, según ellas. Los expertos datan la existencia del
Universo en muchos miles de millones de años.
Entre unas cosas y otras, y aburrido de escuchar paridas, me fui a casa
y, reflexionando, pensé: ¿Por qué la Iglesia Católica ha ocultado
siempre esta historia? O leyenda, como prefieran. Solamente el Talmud
recoge algo de ella. Y el Corán, ni por asomo. Pues porque de esta
forma tenía sujeta a la hembra bajo el poder del macho y hacía constar
su inferioridad, como en muchos sitios sigue ocurriendo. La figura de la
mujer liberada no le convenía para nada. Ya puede verse que los
sacerdotes son varones y las pobres monjas no pueden alcanzar nunca los
privilegios de ellos, salvo en casos extremos en los cuales sí están
autorizadas a repartir la Comunión. Se habla de que existió una
Papisa, pero no deja de ser un hecho históricamente no demostrado.
Ciertamente, a mí la Biblia me suena a camelo o a novela de
caballerías. Es una historia escrita para un pueblo ignorante y más
ignorantes son los que ahora la siguen a pies juntillas. Si existió el
homo erectus, el homo hábilis, el de Neardenthal y, por último, el
homo sapiens, del cual parecemos formar parte, algunos que no todos,
¿en qué categoría de las citadas podemos situar a Adán? Ni pudo
existir un primer varón con tal nombre, ni Eva, ni Lilith, ni la madre
que les trajo. Todo es un cuento como una casa, pero así son las cosas
y el pueblo se las sigue creyendo.
Bueno, algunos, porque otros pensamos de otra forma, ¿no les parece?
A
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