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Marfea
En esto se ha convertido la localidad
malagueña de Marbella por culpa de unos cuantos políticos desalmados y
ladrones que durante años han estado haciendo lo que les ha dado la
gana con los dineros del contribuyente, saltándose la normativa
inmobiliaria a la torera. O, más bien dicho, transformándola a su
antojo para llenarse el bolsillo. Si lo de la Comunidad de Madrid ha
sido una golfada total, lo del Ayuntamiento marbellí se ha salido de
madre.
Marbella es conocida mundialmente como centro vacacional, lujoso, famoso
por los jeques del petrodólar que la visitan en sus yates lujosos y que
derrochan verdaderas fortunas en fiestas y orgías. Allí se reúne lo
más jet de la society, la droga corre a mansalva y la prostitución de
alto standing está para el disfrute de las carteras de los millonarios.
Las villas de una riqueza insultante han florecido en lo que no hace
muchos años, (este villano lo ha conocido), no era más que un
pueblecito de pescadores con unas playas salvajes y preciosas. Ahora el
cemento y el vicio lo han convertido en una moderna Sodoma.
Ya era célebre por sus escándalos y estaba corrompida cuando Jesús
Gil llegó a la alcaldía pero, desde que arribó, la cosa ha ido en
aumento. No se podía esperar menos de un personaje de su calaña que
comenzó a hacerse millonario, según sus propias palabras, trabajando
en la compraventa de metales mientras se albergaba en una casa de
prostitución en plena Gran Vía de Madrid. Tal y como debió ser en su
juventud, alto, fuerte y grandón, no es de extrañar que a pesar de su
fealdad tuviera otra clase de negocios de los cuales formarían parte
las meretrices que junto a él se alojaban.
Gil se hizo con el cargo y parece ser que, en principio, consiguió
transformar aquel pueblo convirtiéndolo en más acogedor para sus
habitantes. Los que tenían dinero, naturalmente. Apartó a los
marginados para que no molestasen a los buenos clientes, recluyó a las
prostitutas de baja estofa en zonas delimitadas y, en definitiva, creó
un paraíso donde todo el que iba con buenos dineros era bien acogido.
Muchos de sus visitantes me han hablado muy bien de la maravilla en que
había convertido la ciudad. Muchos, menos los propios marbellíes. Eso
se daban cuenta de que allí había gato encerrado. Y así era. Y más
que gato, un tigre devora hombres.
Cuando Gil fue cesado como alcalde por sus trapicheos y sus escándalos
financieros, la alcaldía quedó en manos de sus sicarios, quienes
también habían medrado a su sombra. Luego hubo un batiburrillo de
transfuguismos de unos partidos a otros y por fin fue alcalde un
abulense llamado Julián Muñoz que llegó allí como camarero y en diez
años se hizo rico. Cuál era la relación que le unía con Gil lo dejo
para los periodistas de investigación, con mucha más documentación y
mejor preparados que yo. Pero no descarto que ejerciera de
guardaespaldas del mafioso presidente de mi querido Atlético de Madrid.
La trayectoria de Muñoz al frente de la alcaldía ha sido desastrosa y
se ha caracterizado por el desvalijamiento de los fondos públicos. Todo
ello en medio de un "exquisito" calvo de cultivo que le
preparaba la oposición, la cual tampoco queda libre de pecado.
Todo ello ha concluido recientemente con una moción de censura que le
han planteado y que ha convertido en alcaldesa a Maribel Yagüe, otra
perita en dulce, según parece, con un hermano en estado de busca y
captura por tráfico de drogas y ella misma objeto de presunción de
apropiación indebida junto con otras treinta y cuatro personas, entre
las que están tanto Gil como Muñoz.
En un país donde el sueldo medio de un trabajador ronda los mil euros,
donde las familias normales tienen que hacer equilibrios para llegar a
fin de mes, estos políticos bandoleros se permiten robar a manos llenas
amparándose en la total impunidad que les prestan sus cargos. Ahora la
Justicia dirá la última palabra y tal vez les condene; pero, mientras,
se han cargado el prestigio de un pueblo y han tirado su nombre por los
suelos.
¿Hasta cuándo se permitirán estas cosas? Me temo que por siempre. Eso
si es que no viene otro y roba más todavía...
A
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