El llanto para todos
El sábado 12 de enero, a eso de las dos de la tarde y a las mismas puertas de unos grandes almacenes, (no les nombro, porque no me pagan por publicitarles), en la ciudad de Bilbao explosionó un artefacto que, afortunadamente y gracias a que se preocuparon de avisar con el debido tiempo, - ¡faltaría más, si era para ellos mismos! – solamente causó dos heridos y los consabidos daños materiales. Yo me propuse hace tiempo no escribir nunca sobre esa pandilla de salvajes que campan a sus anchas por toda España en nombre de la autodeterminación de unas provincias, a tiro de pistola y a golpe de metralla. Y no quiero hacerlo no por miedo sino por verdadero asco a su cobardía. A mí es que la escatología no me va y por ello paso de hablar de tal basura. E, insistiendo en mi propósito, tampoco ahora me voy a referir a ellos. Quienes tienen mejor pluma que yo o les guste revolcarse en las ciénagas del tremendismo y aquellos a los que corresponde acabar con tales desmanes son los que deben hacerlo. Pero no quiero dejar de mencionar la Declaración Institucional que el domingo 13 efectuó el señor alcalde de dicha capital. La considero muy correcta y muy en aras de la paz. Está llena de buenos deseos y era justo y necesario que la hiciera. Será cuestión de aplaudirla. Pero este Villano que pasea su vida por las calles de Madrid, Villa y Corte, como es sabido, de todas las Españas, no deja de realizarse una pregunta inquieta: ¿Por qué cuando estas cosas ocurren en las provincias vascongadas hay clamores de protesta, mientras que cuando es en cualquier otra ciudad de nuestra tierra no oímos que el pueblo vasco se lamente en demasía? ¿Es que acaso el árbol de Guernika tiene más abolengo que el Oso y el Madroño de Madrid, desgarrados por múltiples atentados, o que la Fuente de Canaletas de Barcelona, de la cual mana aún sangre por la bomba de Hipercor, o que la tierra andaluza que no deja de enviar a sus hijos a la muerte en el norte? Tendría gracia la cosa si no fuera porque no tiene ninguna. Me contaron un dicho que lamentablemente es bien cierto. ¿Cuál es el río más largo de España? Yo diría que el Tajo, si aproveché mis años de escolar. Pero parece ser que no. Según un chascarrillo de mal gusto y de peor entraña es el Guadalcivil, ya que los andaluces nacen a su vera, ingresan en la Benemérita y van a morir al País Vasco. De veras que tiene mala leche el cuento y que levanta ampollas en la gente bien nacida; pero no deja de tener su parte de razón porque es bien cierto. A esos señores que rigen los destinos de la llamada Patria Vasca no digo que les haga sonreír que se lo cuenten, pero sí es verdad que por un oído les entra y por el otro les sale el estallido de las bombas que aturden a otras gentes. En cambio, si a ellos se les va de las manos un petardo, enseguida van y ponen el grito el cielo. No aplican la misma tabla de medir y eso no es justo. Las cosas, o se ven por el mismo rasero o las comparaciones son odiosas. No quisiera sacar a colación aquello de Una, Grande y Libre, referido a España, que se aplicaba en tiempos ya pretéritos y felizmente olvidados por la mayoría; primero, porque no era Una sino por la fuerza y no por la voluntad de muchos ciudadanos; segundo, porque de Grande, nada; aunque corriera en ocasiones una bonanza económica debida sobre todo al dinero que enviaban nuestros emigrantes y al milagro del turismo. Y ya, por último, de Libre, más bien poco por no decir que apenas nada. Entonces sí que se contaba el chiste, (a escondidas, claro), de que era Una porque si hubiese dos todos estaríamos en la otra; de que era Grande porque cabíamos los españoles y “nuestros aliados” los norteamericanos; y libre porque podíamos poner 1, X ó 2 en las quinielas de fútbol. Y marchar a trabajar a Alemania si carecíamos de antecedentes policiales. Pero no tengo más remedio que referirme a ello al pensar en lo que busca sin ningún tipo de disimulos el actual Gobierno Vasco y que no es otra cosa que la autodeterminación, por no llamarle independencia que sería llamar las cosas por su nombre. Como español me fastidia, y no poco, que se desmiembre la unidad de mi país y más cuando lo que se pretende crear es un Estado bien pequeño. Ya veríamos lo que ocurría sin la presencia de cántabros y burgaleses que han contribuido ampliamente con su esfuerzo a la prosperidad de la industria vasca. Pero lo que me aterra ya es la libertad de la que gozarían los ciudadanos de ese minúsculo país en cuanto estuvieran no ya en manos del Partido que les gobierna sino de los que realmente mandan en la sombra. Es que sería ninguna. Todo aquel que no comulgara con las ideas abertzales sería prontamente calificado de proscrito e igualaría la situación de los judíos en la Alemania nazi. Ésta es la triste realidad y lo que tienen que cavilar profundamente los ciudadanos vascos. Si ya estando en el poder, de hecho, les ponen bombas a ellos mismos, ¿cómo sería cuando el poder lo tuvieran de derecho los de las manos manchadas de sangre? Me complace que se llore por las víctimas de un atentado, pero opino que el llanto debe ser para los de todos. Que lo tengan muy en cuenta antes de seguir adelante en sus ideas independentistas, que bien dice el refrán que “cuando las barbas de tu vecino veas pelar...”. No sea que por el Nervión muy pronto baje una gabarra cargada con las ilusiones de muchos vascos de ley, engañados por sus propios paisanos que hoy forman minoría pero mañana podrían montarse en el machito y ya sabemos sus costumbres, con mucho pesar nuestro.
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