El “moro negro” 

Por fin han salido a la luz los motivos por los cuales el Reino de Marruecos retiró a su embajador en Madrid. Nada de conflictos por la pesca ni malos entendidos. Ni tan siquiera reivindicaciones territoriales sobre Al-Ándalus ni sobre las más que admisibles sobre las ciudades de Ceuta y Melilla e islas aledañas. El motivo del cabreo de las autoridades marroquíes no es otro que el oro negro (léase petróleo) que parece yacer en las profundidades de las costas adyacentes a la antigua provincia española de Sahara Occidental, cedida por imperativos de la época crucial en que se produjo la llamada Marcha Verde sin disparar siquiera un tiro, y que todavía está pendiente de ser integrada en el Estado alauita mediante un referéndum que habría de haberse celebrado hace once años y que parece yacer en el olvido. De hecho, lo que debiera en principio, según las Naciones Unidas, ser un Territorio Autónomo, ha sido ocupado por un osado Marruecos que mantiene allí un ejército poderoso cuyo mantenimiento le cuesta, según fuentes fidedignas, dos millones de dólares diarios.
Los estudios realizados por los geólogos insinúan que el yacimiento petrolífero podría ser un nuevo Golfo de Méjico o un nuevo Kuwait. Ante tal circunstancia, varias potencias extranjeras, con Estados Unidos y Francia a la cabeza, se disputan su explotación en contra de la empresa española Repsol, que hacía años que tenía el asunto en estudio. Y como el joven monarca Mohamed VI y sus consejeros saben bien arrimar el ascua a su sardina o tumbarse al sol que más calienta, han decidido unilateralmente acogotar a España y privarle de los derechos que, por historia, estancia e inversiones, legalmente le corresponderían. A todo esto, naturalmente, el pueblo saharaui no verá una sola rupia de ese manantial de oro que yace bajo sus pies y bajo sus aguas. En su día, hace veinticinco años, nosotros cedimos los fosfatos que habíamos sacado a la luz gastando tiempo y dinero y los indígenas no se han beneficiado en absoluto. Igual pasará ahora con el preciado fósil.
Hasta las Islas Canarias se ven amenazadas de ser desprovistas de sus correspondientes aguas jurisdiccionales. El Derecho Internacional indica que si no existe una distancia marítima de cuatrocientas millas (lo que marca dicha jurisdicción) entre dos países, se dividan estas aguas por una línea medianera, como ocurre en tantos países del Atlántico y del Mediterráneo. Pues los marroquíes parecen no estar dispuestos a consentirlo y aseguran que todo el Océano es suyo. A todo esto, y siguiendo una política "muy democrática y progresista", los sucesivos gobiernos españoles se han preocupado de desmantelar nuestras Fuerzas Armadas o de prepararlas tan sólo para intervenir en tareas humanitarias en lugares donde nada se nos ha perdido. Tan sólo los pilotos de caza son de verdadera élite y así lo demostraron en Yugoslavia. Pero volando en aviones prestados y no propios. Total, que nos hallamos indefensos ante los caprichos del monarca marroquí.
Y encima nos invade, de hecho ya están aquí, con los emigrantes que huyen de esa maravilla de reino que solamente él disfruta mientras sus súbditos se mueren de hambre. Y se queja cuando el jamás existente racismo español surge por primera vez ante tal avalancha de seres hambrientos que buscan ansiosamente alimentarse al precio que sea, aceptando sueldos de hambre por realizar trabajos propios del mismo Hércules. En castellano siempre se había pronunciado la palabra "moro" sin ánimo peyorativo, sino derivado del antiguo territorio de Mauritania. Ahora, esa misma palabra ha adquirido, según ellos, un trato incalificable de desprecio y se sienten ofendidos ante su uso. El joven rey que poco vela por la comida de sus gentes parece preocuparse mucho de que éstas sean mejor tratadas en nuestro país que en el suyo, que es dónde deberían estar si él se preocupara un poco por ellas.
Pero el oro negro compra cualquier conciencia, si es que se la han inculcado y la tiene, y los lujos de que acostumbra a rodearse pueden sufragarse con su beneficio. Ya se sabe... ¡ande yo caliente, ríase la gente! Y los españolitos somos el hazmerreír de dicho soberano. ¡Si volviera el Cid, solamente un rato, a lomos de su Babieca y aunque fuera muerto, como cuentan las crónicas que hizo, otro gallo nos cantara..!
A todo esto, un periodista español, que sabía bastante del asunto, ha sido asesinado en Rabat con la excusa de que le querían robar. Y los asesinos no le robaron ni la pluma. Lo dicho: Mejor callarse y esperar a verlas venir o pasar a ser un mártir.

 

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