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“En
un país de fábula... ... vivía un viejo artista”. Me gusta más comenzar esta crónica con tan espléndida romanza de la zarzuela LA TABERNERA DEL PUERTO, porque iba a escribir EN UN PAÍS DE GILIPOLLAS y tal vez hiriese la sensibilidad de algún lector que no se diese por aludido. Pero aunque haya alguien que no quiera parecerlo, la verdad es que lo somos todos. O, al menos, así nos consideran. No ha subido el coste de la vida. ¡Vamos, anda! Correos, solamente el 51,9%. El pan, un 23,1%. Los cines un 8,6 y los bares y cafeterías un 7,9%. ¡Ah! Y el transporte urbano, que es vital para ir a trabajar, un 6,3%. Esto son datos publicados en Prensa y que no han sido rebatidos por la autoridad competente. Del resto de los artículos, de la llamada cesta de la compra, mejor que no hablemos. Yo no sé qué me ocurre pero si antes un billete de mil pesetas me duraba poco en el mercado, ahora uno de cinco euros, al que llaman “yo diría que...” (que lo tenía), es que vale menos que el papel en que está impreso. Seguro que estos billetes no se estropean por el uso, porque como no duran en el bolsillo no tienen posibilidad de ajarse. España es una potencia muy a tener en cuenta en la OTAN. Eso mismo debieron pensar los pescadores gaditanos el domingo17 de febrero, cuando les desembarcó en plena playa un grupo de marines británicos, armados hasta los dientes y dispuestos a jugar a la guerra, que habían llegado allí por error. Dicen que dos policías municipales les sacaron del mismo y los muchachos de la Royal Navy pidieron disculpas y explicaron que se dirigían de maniobras a Gibraltar. Los guardias se marcharon tan satisfechos por la labor cumplida y todos tan contentos. ¿Y nuestras Fuerzas Armadas, nuestra Marina, los radares, el Mando Estratégico y todo aquello conque cuenta el Ministerio de Defensa? ¿Qué hubiera ocurrido si en vez de ser unos pacíficos inglesitos se hubiera tratado de unos terroristas de Ben Laden o de una incursión de “incontrolados” soldados marroquíes? Que se habían plantado en Sevilla, a tomarse unos finos en la calle Sierpes sin que nadie les hubiera dado el alto. Pensarían que eran las postrimerías del Carnaval y que se trataba de una broma. Irían a enterrar la sardina y de paso podrían haber enterrado a más de un paisano sorprendido. ¡Desde luego es que somos la monda! Como muy bien han escrito los periódicos, la guerra del genial Gila. Y lo malo es que no tenemos balas para tantos. La Banca española es de las más poderosas. Por supuesto. Para los hijos de los banqueros sobre todo. Con 41 añitos, la hija del señor Botín está “más que preparada” para ser la primera Presidenta de una entidad internacional de gran prestigio. Si se llamase García también iba a estarlo... Y así todo. Una niña musulmana quiere ir a clase con el clásico chador propio de su tierra y es portada durante días de telediarios, prensa y emisoras de radio. ¿Pero a quién demonios le importará lo que lleva en la cabeza la niñita? ¡Como si quiere ir con boina! Una cosa está clara: Si el colegio en cuestión tiene una norma que impone un uniforme para sus alumnos, todos deben ir vestidos de igual manera. Bien caros me costaban los de mis hijos en aquellos sus años de colegiales, pero comprendía que era una medida propia para que no hubiera distinciones sociales entre los muchachos. Así no podían presumir de ricos o compadecerse de pobres, aunque a la hora de ir a recogerles unos se fuesen en un Mercedes y otros en un humilde 600. Pero eso era ya cuestión de lo idiotas que fueran los padres. Los niños estaban todos igualados. Otro tema es el de las medallas olímpicas. Cuando un esquiador alemán gana dos medallas de oro para España, hay un corifeo de insensatos, empezando por el que en su día ganó una y desde entonces ha vivido del cuento, que pone el grito en el cielo, diciendo que no es español. ¿Acaso no jugaron Kubala, Puskas y Di Stéfano en la Selección Española de fútbol? Y debían haber nacido en Lavapiés, por lo visto. Mucho presumimos del gran tenor Plácido Domingo que, aparte de nacer en la calle Ibiza de Madrid, se crió y se formó como cantante en Méjico. Pero no tenemos en cuenta que otros muchos famosos, muy españoles ellos, evaden sus impuestos de nuestro país, acogiéndose a paraísos fiscales. ¡Viva su españolismo! Pan y circo. Concursos televisivos de mejor o peor calidad pero de gran audiencia que nos dejan pegados ante el televisor, sin tiempo para pensar en cosas más trascendentales. ¿Dónde están los millones de Gestcartera, por ejemplo? Eso, ¿ánde andarán? ¿Cómo es que ha subido el paro y se ha disparado la inflación? Pues eso, la misma respuesta. Y mientras, sigue la kaleborroka, la violencia conyugal, los asesinatos a mansalva de inmigrantes con sus ajustes de cuentas, la inseguridad en las calles y la tomadura de pelo al ciudadano. Pero todo va bien. Estos señores del Gobierno (y los que se les oponen, que no son mejores) nos han tomado como lo que somos y nunca mejor dicho: Un país de fábula. Pero yo insisto en que somos un país de gilipollas. Me viene a la mente aquel dicho de: ¡Temblad ante la ira de los justos! Y me parece que estamos ya tocando fondo. Y cuando se toca fondo es porque el sistema se ha ido a pique. |