Ignorancia supina
Dice un reciente estudio de la OCDE que los jóvenes españoles están entre los más ignorantes del mundo desarrollado. Expertos en la materia han llevado a cabo la encuesta y habrá que creérsela aunque nos duela en lo más hondo. Pero yo discrepo de tal aserto o, al menos, deseo romper una lanza en pro de nuestros muchachos. No es justo medir la cultura o la sapiencia de la gente por el mismo rasero cuando ha sido educada de distinta manera y ha recibido una singular enseñanza. ¿Que nuestros chicos son tontos porque no saben quién fue Cervantes o dicen que era un jugador de fútbol? ¡Qué va! Lo primero, porque tal afirmación sería cierta. Jugaba de portero en no recuerdo cuál equipo. Y lo segundo, porque si no han leído el Quijote no ha sido toda la culpa de ellos. O mejor dicho, que sí que lo han leído, pero obligados a hacerlo y no por entretenimiento. Y las cosas forzadas mal se aprenden. Es como cuando se es novio de una moza: Deseas verla y contemplarla a todas horas. Cuando llevas diez años de casado, acudes al lecho conyugal ya por costumbre. Y no por eso es que la quieras menos; es que, a fin de cuentas, el hábito sí hace al monje. Y te habitúas a una cosa y ya no le sacas apenas placer ni beneficio. A mí, en mi ya muy lejano Bachillerato, nunca nadie me obligó a leer un libro como “deberes”. Y me leí una biblioteca entera. Mezclé los autores más dispares y los géneros menos afines. ¡Y claro está que le saqué sustancia a la lectura! Pero es por eso, porque nadie me obligaba a ello. Yo he visto a mis chavales “tener que” leerse tal o cuál obra para el lunes. O sea, “I must” o “il faut”, como más guste, aunque aquí digamos por narices. ¿Qué placer o enseñanza iban a sacar de tal lectura? Como comer jabugo cada día, que llega la ocasión en que también cansa y se añora un plato de garbanzos. Todo empezó, a mi entender modesto, cuando a un sabio Ministro de ese gremio se le ocurrió suprimir el latín como enseñanza obligatoria. Sería porque él, cuando pequeño, se hacía mil jaleos con la lengua de los Césares y quiso, así, librar a los chiquillos de tal trance. Es como si a mí, que de verdad me da dentera la Odontología, se me da mando y suprimo esa carrera y obligo a todos a ir mellados. No estudié griego y bien que me arrepiento. ¡Pues no es útil ni nada en cualquier Ciencia..! Pero es más fácil gobernar a un pueblo poco sabio, que no es lo mismo que lerdo por supuesto, que a un conjunto de buenos intelectuales. Y ésa es la norma por la que deben haberse guiado nuestros políticos en estos tiempos y en otros ya pasados. Es más sencillo cultivar “la cultura del botellón” o la del porro que desasnar muchachos como antaño. La gente, con el vino, piensa menos y se pregunta apenas quién le manda. Mientras tenga alguna cosa que “meterse”, ¿a qué meterse en camisas de once varas? Más útil leer el Marca que a Cetina. Y menos peligroso para el gobernante. Todos discutirán del puñetazo de Rivaldo y nadie se acordará de Gestcartera. Si es que la cosa es así de clara; tanto como el caldo de un asilo. Gestioné de un abogado joven que me redactara un contrato y me escribió “Ut supra”, refiriéndose a la fecha del documento. Me sorprendió el dominio de tal término y le pregunté que cómo es que lo usaba. El muchacho, recién terminada la carrera, afirmó que era su costumbre y que por ello lo había utilizado. No tenía nada claro si significaba “más arriba” o “al comienzo”, pero teñía su falta de conocimientos legales (perdí un juicio por su culpa) con la ligera capa de un barniz culto. Concluyendo: Que no hay que ser tan estrechos y darle mucha importancia a cosas que en realidad apenas si la tienen. Los españolitos de ahora saben de informática y de manejar una calculadora lo que los maduros no sabíamos ni por asomo. Ya sé que es que entonces no existían y había que sacar la raíz cuadrada a mano. Pero, ¿quién viaja andando habiendo coches o quién se ducha con agua como el hielo habiéndola caliente? Cada tiempo y lugar tienen sus hombres y aunque pueda apenarnos lo que llamamos incultura, no se es peor ingeniero, economista o abogado por ignorar dos latinajos. Así podemos lucirnos algo más aquellos que sí los conocemos, en tanto que quedamos en vergüenza cuando nos hablan del T.A.E. o del cashflow, que ésa sí es gorda. La cosa, de verdad que manda huevos. Y no estoy diciendo ninguna grosería. Es castellano antiguo solamente. Y muy culto, de veras, a fe mía. |