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Te conocí un buen día, por
la tarde,
que ajeno a los amores me encontraba,
dolido de otras pasiones falsas
que el alma me llenaron de desastre.
¡Qué hermoso las estrellas reflejaban
el cándido mirar de aquellos ojos,
cuando sobre tus labios rojos
mi boca te dio un beso con audacia!
Gemiste de pesar y te alejaste,
haciéndome reproches tu silencio.
No me atreví a seguirte... Fui cobarde.
Y al verme solo comprendí cuán necios
mis besos habían sido... ¡Qué ignorante!
¡Buscaba la quietud y hallé un incendio!
Ése es mi sino:
¡No buscaba el amor y, entonces, vino!
¡Pero yo supe luchar con las murallas
de los recuerdos sangrientos y pasados
y fuérame benéfico mi Hado,
quedando triunfador de la batalla..!
¡Y entonces, piedra a piedra, fui arruinando
el muro que mi alma prisionera
tenía, domeñando las cadenas,
la cárcel de mis penas y mis llantos!
Y te seguí ligero. Puso alas
Amor a mis pisadas vacilantes...
¡Aquél que aquella tarde caminara
con paso desvaído, agonizante,
de nuevo por sus venas correr cálida
la sangre juvenil sintió de antes!
Éste es mi sino:
¡Arder en cada verso mi fluido!
Y conseguí alcanzarte en la penumbra,
pedí perdón y supe retenerte.
Bajo la pálida mira de Selene
supo tu amor salvarme de la tumba.
Entonces prometí que yo, que siempre
poemas a otras bellas había escrito,
habría de escribir para ti un himno
testigo del amor que mi alma siente.
Y ciego de deseo, en mi locura,
busqué por los desvanes del cerebro,
mirando las antiguas esculturas,
a un lado retirando los desechos,
mas en mi vieja y loca sepultura
mi genio no encontraba los acentos...
Ése es mi sino:
¡Sentir la mente muerta y estar vivo!
¡Si con mi verso fértil yo lograra
un himno componer a la hermosura
que envuelve encantadora tu figura,
que brota de la luz de tu mirada..!
¡Si con sudor y sangre, con mi pluma
a un cántico de amor yo diera forma,
con cálidas y mágicas estrofas
surgidas de mis penas y mis dudas..!
Pero el alma ya es pobre, está cansada...
La savia se agotó en otras quimeras,
no brota como antaño mi palabra...
De mi mente no surgen los poemas;
las hojas ante mí se quedan blancas,
no puede emborronarlas mi tristeza...
Ése es mi sino:
¡Un loco y desatado desatino!
Si tú le dieras nueva luz a mi cabeza,
¡qué cántico yo haría en tu homenaje!
Estrellas compondría con mis frases,
mi verso tejería una diadema
de mágicos sonetos que ensalzasen
la gracia de tus ojos y tu boca,
un himno a la esperanza que, ya rota,
pesaba en mi interior, como un gran lastre
atormentando mis sueños y mis penas...
¡Un himno al Ave Fénix que en mí vive..!
¡Un himno a tu virtud y a tu grandeza!
Un salmo a tu querer que me redime
de tanto padecer en esta tierra...
Pero el verso no surge limpio y libre...
Ése es mi sino:
¡Ayer pude cantar y hoy nada digo!
Tú surges en la noche de mi lira,
con luz que la refleja poderosa...
¡Renace a los colores, negra sombra,
que el rayo de la diosa te ilumina!
No tiembles de temor, ¡que la zozobra
se aleje de tu mísera existencia..!
¡Tranquila surja al mundo tu potencia,
brillando entre los astros con luz propia..!
¡Vuela tranquilo al mundo, que te anima
el hálito vital de su belleza..!
Tú surges de la noche peregrina,
luciendo entre tus manos la linterna
de tu cariño fiel, que ante mí brilla,
prestando al torpe paso la firmeza...
Ése es mi sino:
¡Que siempre me ilumines el camino!
Iremos juntos por la dorada senda,
con los ojos clavados en el Norte;
iremos más allá del horizonte,
allí donde relucen las estrellas...
Donde los dioses cantan y, a su acorde,
de báquicos festejos, flecha ardiente
el dardo de Cupido y la simiente
rebosa la lujuria de los bosques...
Cogidos de la mano, la vereda
iremos recorriendo paso a paso,
mi labio acariciando tu piel bella,
bebiendo sorbo a sorbo de tu encanto
el cálido maná que me alimenta
brindándome la vida... ¡Manjar mágico!
Ése es mi sino:
¡Beber de tu sonrisa los suspiros!
Caminaremos juntos por la vida
hasta la orilla tremenda de la fosa.
Iremos al final de nuestra historia,
sembrándola de versos mi voz tibia.
¡Y el día que resuene con voz sorda
mi canto ante la Esfera alucinante,
consuelo para ti llevará el Arte
que supe componer para ti, hermosa!
Y aún dentro de la tierra gris y fría
que pese sobre el rostro, sofocando
tanto canto de amor que te decía,
aún entonces que no hablará mi labio,
¡ardiente vibrará mi poesía,
venciendo mi poema al catafalco!
Ése es mi sino:
¡Salvarme de la muerte tu cariño!
No tiembles de mi vida de poeta,
no celes de las musas que se fueron...
Son sombras de un pasado que fue incierto
y hoy luces tú en mis sueños como meta.
Mujeres que marcharon en el tiempo,
perdiéndose en la bruma de la Muerte...
Dejaron negros velos en mi frente
que el brillo de tus ojos fue corriendo...
¡Fantasmas de una vida aventurera,
de versos sin final, de pobre rima,
de trágicas o lúbricas ideas..!
Los sueños del ayer se difuminan
en lánguidos suspiros, si me besas
con labios de pasión, cuando me mimas...
Ése es mi sino:
Sentirme entre tus brazos como un niño!
¡Deja la idea libre! ¡Las campanas
escucha de la Gloria de los cielos!
¡Camina sin fatiga, el pie ligero,
que espera allí en la orilla otro mañana..!
Siente en tus labios multitud de besos,
el labio en su cantar suspire y ría
y brote de mi ser el ansia mía
que engendre mil caprichos en tu seno.
Así se teñirán mis viejas canas
con brotes juveniles y potentes
nacidos de tu amor y de mis ansias,
que inunden de alegría nuestras mentes,
ya tristes de vivir en la desgana
de quien nunca esperaba ser alegre...
Ése es mi sino:
¡Sentirme en tu interior y tener hijos!
Tú llevarás un ser en tus entrañas,
un ser que entre los dos habremos hecho,
un niño que alimentes con tu pecho,
que cuides con desvelos y con lágrimas...
Un ser que necesite de tu celo,
de todos tus cuidados y ternura...
El tiempo pasará y tu criatura
será la mejor joya de mis versos.
Y el día de ilusión y de esperanza
en que la muerte a entrambos nos reclame,
tu hijo ha de brotar como la rama
del árbol que en su sombra nos abrace,
retoño juvenil de mi agotada
figura de poeta y de mi sangre...
Ése es mi sino:
¡Cumplir en nuestro hijo mi destino!
¡Éste es el himno para ti, gigante,
por mi cerebro estéril engendrado
a fuerza de suspiros y trabajo,
de noches sin dormir, para contarte
el sueño que tu amor en mí ha inspirado,
el sueño de mis noches y mis días,
las cálidas y ardientes alegrías
que el beso de tu boca me ha prestado!
¡Acógelo en tu seno y sele amable
al verso de mi mente fatigada!
¡Que en tus oídos suene como un aire
de bella sinfonía inacabada!
Y un día, en mi final, ¡que el verso grande
recuerde mi querer allá en tu alma..!
Ése es mi sino:
¡Burlarme de la muerte con mis libros! |
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