Ya sé a qué sabe el llanto,
qué gusto tiene la pena.
Y queriéndote yo tanto,
¿cómo te di tal condena?
Es que parece mentira,
es que no lo creo apenas...
Mas es cierto. Pero, mira,
yo ya lo olvidé, de veras.
Espero que tú lo olvides,
pues eres una mujer buena.
Y si no, que me castigues
pero que siempre me quieras.
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