Yo quisiera poder explicarte
con tan sólo unas pocas palabras
todo aquello que en mi alma se mueve,
esa angustia febril, esas ansias.
Mas no puede mi pluma expresarlo.
No hay palabras, quizás, suficientes.
Es muy hondo el abismo en que vivo,
rasgan mucho la piel sus paredes.
Pero piensa que yo sí te amo.
Que, aún con otra, en mi pecho me tienes.
Ella es sólo el remedio de un día,
a ti nunca quisiera perderte.
Y si no lo comprendes, escucha:
¡Rompe ya de una vez las amarras
que te aferran al sitio en que vives,
ese infierno en que vive tu alma!
Porque celos también yo los tengo,
¿o es que crees que mi alma es de piedra?
Tengo celos de que vivas con otro,
tengo celos de lo que te rodea.
Y no digas que no hay besos por medio.
Eso ya es que ni me interesa.
Pero estás a su lado y le cuidas...
Tengo celos, ¿lo ves?, y me pesa.
Porque nunca debí de dejarte
que volvieras de nuevo a su lado.
¿Para qué, para oír cómo lloras?
¡No, mi amor, ya no quiero escucharlo!
Poema anterior
Menú Poema
siguiente
|