Tengo el alma destrozada
pues no soy digno de ti.
Si pudieras perdonarme,
¡cómo me harías feliz!

Momentos de incertidumbre,
de un solitario vivir...
Perdona, me volví loco,
no pensé en nada... Y caí.

Menos mal que eres benigna
y que sabes perdonar.
Porque yo es que no merezco
ni que me vuelvas a hablar.

Te doy las gracias, sincero.
No volveré a repetir
aquello que te hace daño.
Confía de nuevo en mí.

Ríñeme lo que tú quieras,
yo lo sabré soportar.
Ponme penitencia incluso,
mas no me dejes de amar.

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