Sentado en el sillón que la condena...

  Sentado en el sillón que la condena
que Dios nos impusiera, (la manzana,
ya saben), me sujeta esta mañana,
mi vida, recordando, me da pena.

¡Lo que pude lograr..! La mente llena
tenía de ilusiones y de gana.
Mas también padecía una galbana
que me impidió triunfar de forma plena.

En vez de estudiar duro, poesías
marchaba a concebir en el Retiro,
perdiendo inútilmente aquellos días.

La Física troqué por un suspiro...
Mirando atrás, sin ira, me arrepiento;
mas leyendo mis versos me contento.

Mis versos juveniles... ¡Qué ignorancia!
Pero estaban repletos de fragancia.

 

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