Dos pasotas vinieron por la
calle.
Su rebuzno, al vibrar en mi garita.
me arrancó de mi ensueño melodioso,
Placer del buen vivir, lo cual me irrita.
- ¿Te enseñó a rebuznar así tu
madre?
Te habría en su vejez, la pobrecita.
Mas te curo de males yo muy pronto,
que aquí tengo un bastón que bien los quita.
Se volvieron e hicieron un alarde,
un esquema de honor y quedó en nada.
Así acabó la historia, eso fue todo;
no hubo sangre al final de la jornada.
Corren tiempos que sobran los fantoches,
los hombres no los mide la estatura;
jamás envainé yo un arma sin usarla,
es la cruel realidad aunque sea dura.
No te lances al mundo con desplantes
ni muestres al jugar ninguna carta;
procura mantener la faz oculta,
que puedes encontrar quien te la parta.
Soy hombre muy calmado y bien prefiero
a todos extender mi mano abierta;
mas sigue mi consejo y mejor corre
si alteras mi quietud y abro la puerta. |