| |
Ardiendo de pasión te hallas
gimiendo,
mientras urdes por verme mil patrañas.
Mujeres caprichosas... ¡Cuán extrañas
a veces os portáis! Nunca lo entiendo.
Unas veces tan frías, ahora ardiendo
de deseo feroz en las entrañas;
capaz has de valerte de mil mañas
para apagar su fuego tan tremendo.
Señoras casi siempre avergonzadas,
cuando al macho anheláis, ¡fuera la capa
de aquella timidez que, disfrazadas,
presentáis ante el mundo! Y se os
escapa
el pudor que fingís cuando, abrazadas,
con su beso el galán la boca os tapa. |
|