Celestinas del alma, ¡en
qué manera
urdís en vuestras mentes la patraña!
¡Cómo sabéis fingir y con qué maña
uncís al hombre al yugo que le espera!
Pero yo no soy zafio y está entera
mi dote de vencer a la artimaña;
aquél que engañe bien a la que engaña
podrá al final lanzar risa altanera.
Primero, que si el sábado podrías;
mas no, que se halla enferma la señora.
Que si en septiembre vendrías unos días...
Y - ¡No! -. Respondí serio. - ¡Quiero
ahora! -.
Dejaste ya de hablar de tonterías,
fijando tú el lugar, día y la hora.
Tardaste en decidirte grande rato,
buscando, por jugar, tres pies al gato.
Y hallaste que había un tigre enfrente tuyo.
¡Qué pronto se apagó todo tu orgullo! |