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El avance de una espada |
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(Sin verse nada)
VOZ DE MEGUMI: Necesito más gasas... Yahiko, ayúdame a entrarlo en el dojo. VOZ DE YAHIKO: Kenshin, no te mueras... ¡no te mueras!
HABITACIÓN DE KENSHIN
El descanso del samurai no calmaba sus heridas, pero le daba tiempo para pensar... reflexionar sobre el aprendizaje de Yahiko... de lo que pensaría su maestro Seijuro, si le viera transmitir sin su permiso el Hitten Mitsurugi. Sanosuke había venido y sido notificado de todo apenas cinco minutos antes de que la habitación del pelirrojo se cubriera con el sonido del silencio, dejando ver la preocupación del grupo. Sanosuke estaba enfadado, y siempre culpándose de no haber estado allí en el momento necesario. Miraba a Yahiko de reojo, como pidiéndole disculpas aun sin que el joven kendoka le mirase por un instante. Yahiko estaba demasiado preocupado por Kenshin como para darse cuanta de otras miradas que no fuera la de Kenshin. Kaoru ayudaba a Megumi a cambiar los vendajes, que siempre parecían estar manchados de sangre, a pesar de que los cambiaban muy a menudo. La cara de preocupación de Megumi no hacía sino inquietar aun más a Kaoru, quien temía por la vida del pelirrojo más que por el temido guerrero de la capa, que venía destruyendo Kioto desde hacía dos días. Y que ahora se encaminaba a Tokio, donde estaban ellos.
MEGUMI: No podemos hacer más que esto... la herida es increíble... YAHIKO: ¿Cómo que no puedes hacer más? ¡¡Tienes que hacerlo!! MEGUMI: (un corto silencio fue suficiente para colmar las mejillas de Yahiko de lágrimas) Lo siento mucho...
Sanosuke seguía mirando al joven, pensando que el respeto que ahora tenía hacia Kenshin era muchísimo mayor que el de hacía apenas un día... un respeto creciente por momentos, que le llevaría a un gran desgaste emocional si Kenshin no se recuperaba pronto. Pero el guerrero errante, dormía sin descansar, preso de malos sueños en ocasiones, que hacían que su cuerpo vibrase. Kaoru le cogía con fuerza de la mano, dejando escapar a veces lágrimas que se apagaban junto a las velas que iluminaban la estancia.. Misao iba y venía trayendo agua todo el rato, para humedecer gasas y limpiar la sangre del cuerpo de Kenshin y de la sala. Las nubes habían llegado por la tarde, y ahora todo era mucho más oscuro de lo que habrían deseado para alegrar un poco el momento. Todo parecía estar en contra del grupo. Sanosuke salió de la sala sin decir nada.
PATIO DEL DOJO KAMIYA
Comenzó a llover, primero lentamente, después algo más fuerte, mientras el símbolo de la muerte que Sanosuke llevaba en la espalda de su traje se empapaba bajo el cielo. Su pelo se mojaba, y las gotas llegaban a su pecho descubierto, enfriándolo como su alma. Miró a su derecha, y descubrió que aun estaba allí, maniatado y amordazado, el secuaz de “Sombra”. Gemía inquieto, con el ceño fruncido y los ojos en un gris cuyo odio no tenía descripción posible. Sanosuke se acercó a él lentamente, mientras su rostro iba encorvándose, plegando la piel en pos de su furia. Una vez cerca, y con una cara achacada al desprecio y la ira, se dirigió en una pequeña carrera hasta él y le dio una potentísima patada en el pecho, que le hizo rodar varios metros. Quedó boca arriba, y la lluvia le daba en la cara. La lluvia le entraba por la nariz y le hacía toser e incomodarse. Mordía con fuerza la tela que le impedía hablar.
SANOSUKE: Bastardo asqueroso...
Sanosuke volvió a emprender la carrera.
HABITACIÓN DE KENSHIN
Todos estaban aun en silencio, excepto Yahiko, que ahora miraba por la ventana la lluvia mientras murmuraba entre dientes palabras que solo él comprendía. Se oyó un golpe fuerte fuera y un trueno sonó casi parejo. Sanosuke entró unos segundos más tarde, aun serio.
YAHIKO: (momentos de silencio) No... no lo habrás... ¿matado? SANOSUKE: (silencio) No... YAHIKO: Sano, no lo has hecho, ¿verdad? SANOSUKE: ¡¡No!! No lo he hecho, ya te lo he dicho... YAHIKO: .... SANOSUKE: No me ha dado tiempo... TODOS: ¿Qué?
Aoshi apareció por el umbral de la puerta, guardando una de las kodachis. No parecía haber usado la segunda para matarlo, por lo que no aparentaba haberse cebado con él.
AOSHI: Buenas tardes... YAHIKO: ¿Qué haces aquí? AOSHI: No seas impertinente... MISAO: Aoshi... AOSHI: Hola Misao. Como siempre, cuando algo pasa, tú estás en medio. MISAO: ... me preocupo por mis amigos. AOSHI: Bueno... qué importa.
Aoshi se quedó mirando a Kenshin sin decir nada. Finalmente se agachó, puso la mano en la venda que cubría la gran herida deslizó dos dedos sobre el tremendo corte, recorriéndolo lentamente.
AOSHI: Es muy profunda... KAORU: Podías haberle preguntado a Megumi, que para algo es médico. AOSHI: No me fío de los médicos. KAORU: Ni nosotros de ti. (el mal carácter de Kaoru se veía agravado por el estado de salud de Kenshin) MISAO: (cortando la discusión) ¿Para qué has venido, Aoshi? AOSHI: Voy camino de Kioto. Estoy buscando a un guerrero. KAORU: Es ese “Sombra”, ¿verdad? AOSHI: ¿Sombra? No sabía que tenía nombre. KAORU: El de ahí fuera dijo que vendría aquí para matar a Kenshin. AOSHI: ¿Para matar a Kenshin? Vaya... aun me pregunto como eso delgaducho ha podido herir así a Kenshin. No tenía pinta de ser gran cosa. YAHIKO: Le pilló de repente. No tuvo tiempo de hacer prácticamente nada. AOSHI: No digas tonterías. Kenshin puede realizar un ataque en menos de un segundo. Algo tuvo que pasarle. YAHIKO: ¡Yo estaba cuando ocurrió! Yo le di la espada. KENSHIN: Yahiko...
Todos se quedaron mirando al samurai, que yacía herido en la habitación, cubierto en parte por una manta y con el pecho descubierto dejando ver la venda. La debilidad de su voz aun dejaba entrever su lamentable estado, pero parecía poder pensar con bastante claridad.
KENSHIN: Yahiko, Aoshi tiene razón. YAHIKO: Kenshin, no hables... ¡¡descansa!! KENSHIN: Yahiko, voy a salir de ésta. De eso estoy seguro. Pero...
Megumi se quedó con la cabeza baja pues sus pensamientos discernían tristemente de los del pelirrojo.
KENSHIN: ... no voy a poder luchar en algo de tiempo. YAHIKO: ¡¿Qué?! KENSHIN: Como yo pensaba, tú tendrás que ser mi sustituto... AOSHI: ¿Qué?¿De qué demonios hablas, Himura? KENSHIN: Yahiko es mi aprendiz. AOSHI: ¿Aprendiz? No seas idiota... es solo un crío. KENSHIN: Sí, exactamente igual que cuando yo aprendí a usar el Hitten Mitsurugi con mi maestro. AOSHI: No puedo creerlo... ¿cómo puedes pensar en enseñar algo tan difícil a un chico tan terco como éste?
Yahiko miró a Aoshi con cara de circunstancia, y Aoshi le devolvió una mirada de burla.
AOSHI: Tú tardaste años en aprender el Hitten Mitsurugi, y no estoy seguro de que aun lo domines... no creo que puedas enseñarlo. KENSHIN: Faltan guerreros... esa es la verdad. AOSHI: Siempre faltan, Kenshin. KENSHIN: Por esa razón... necesitamos más... aunque siempre haya demanda de guerreros para intentar mantener la paz, si aumenta el número... AOSHI: Kenshin... descansa. Cuando estés mejor tendremos una charla. Ahora tengo que ir a Kioto. Tengo un amigo cerca. Puede que me deje un caballo. No tengo mucho tiempo para llegar allí, y he de hablar con Saito antes de enfrentarme a ese asesino. Ya me contarás en qué estás pensando en otro momento, aunque lo que estás haciendo es una insensatez... y lo sabes. KENSHIN: La única insensatez es estarnos quietos viendo como una sola persona puede desequilibrar todo un gobierno solo porque le falta fuerza para detenerlo. AOSHI: .......
SALA DE RECUPERACIONES CENTRAL DE KIOTO
Saito estaba en una cama, deshecha debido a los inquietos movimientos del policía. Se incorporó, doliéndose en el costado derecho. La soledad de la sala y los escasos haces de luz que traspasaban la ventana, hacían que la estancia pareciera un campo desierto, donde el polvo podía verse volar a trasluz.
SAITO: (pensando) Un solo hombre...
FLASHBACK. UNA CALLE DE KIOTO
Saito estaba sentado en el suelo, de noche. Observaba la figura del guerrero conocido como “Sombra” asesinando a personas mientras poco a poco se acercaba a él. Saito permaneció quieto, esperando el momento... El hombre le miró, y sonrió con su rostro oculto por la noche. Fue corriendo a por Saito, sin saber que era realmente un guerrero de gran nivel.
Saito sacó de su espalda su espada y adoptando su famosa postura “Colmillo de lobo”. Se abalanzó en una rapidísima carrera hacia la figura oscura, la que también corrió buscando la muerte de Saito.
FIN DEL FLASHBACK
Saito se levantó a mirar por la ventana.
SAITO: (pensando) De nada me sirvió... simplemente porque su movimiento no fue normal.
VUELTA AL FLASHBACK
Ambos chocan en carrera y Saito se queda en el suelo. El hombre sigue corriendo y desaparece sin preocuparse por rematar a Saito.
FIN DEL FLASHBACK
SAITO: (pensando) Un solo golpe... un solo impulso...
VUELTA AL FLASHBACK
En el momento en que Saito fue atacado, pudo llegar a ver a “Sombra” detener el golpe con la espada, impulsándola hacia Saito, y desequilibrándolo en el aire. En un rápido movimiento, la figura oscura le propinó 6 golpes con la empuñadura de su katana, en varias partes del cuerpo. Antes de que consiguiera pasar.... en menos de un segundo...
FIN DEL FLASHBACK
SAITO: (pensando) No puede ser... si me hubiera dado con el filo... me habría hecho pedazos...
CALLES DE TOKIO
El caballo de Aoshi recorría las calles, vacías ante el miedo de un destello en el umbral de sus hogares. Todo el mundo temía a un asesino imposible de detener por aquellos que juraron protegerlos. El terror que causaba la idea de morir a manos de este guerrero oculto bajo su gran capa negra. La noticia había llegado ya desde el gobierno a los hogares de los ciudadanos. Todos pensaban en un golpe de estado, pero la locura no habla de política. Tan solo busca acciones que impidan restaurar aquello que debe ser reestablecido.
Kenshin temía la vuelta a la época de donde provenía. La época de los asesinos. El regreso a los bandos de espadas, donde una vez más no se podría distinguir los bandos que defendían la paz de los que apoyaban la guerra, pues una y otra vez se intercambiarían los papeles, como en aquel pasado que Kenshin quería olvidar a toda costa.
Y Yahiko no podía aprender nada sin su maestro, que ahora se tambaleaba sobre un fino hilo, donde la muerte estaba más presente que la salvación...
Saito en su habitación del hospital dio un gran puñetazo a la pared, rompiendo una parte, y cerrando los ojos con fuerza... sintiéndose derrotado y enfadado consigo mismo por no poder reaccionar con lógica ante tal enemigo. Por una vez temía de verdad la derrota del gobierno.
Solo quedaba confiar en la recuperación de Kenshin y de Saito, y la incorporación de Aoshi al grupo, para formar el único grupo que podría intentar algo contra “Sombra”...
FIN DEL CAPÍTULO 3
Notas del autor (Shinji KamE) ^^
Holaaaaa!! Bueno, la cosa se pone interesante ^^ Parece que las enseñanzas de Yahiko tendrán que esperar. Con lo ilusionado que estaba el chaval (también estaba asustado, pero es lógico........... xq hablo como si fueran de verdad!?!?!?) El caso es que el asunto se pone feo, y no tengo ni idea de que voy a hacer para salvar a Tokio de este devastador (y acelerado) huracán llamado “Sombra”. Ahora deberíais preguntaros... qué ha hecho Kenshin para que este ser enloquezca de esta manera? Realmente es por sus acciones del pasado?... jijiji, quien sabe ;) Chaito!!! Nos vemos en el próximo capítulo. |