El Inspector Polanski

 

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El inspector Polanski (intérprete: Woody Allen)

Nota: el personaje principal va vestido con la típica gabardina marrón y sombrero de detective, a lo Sherlock Holmes.

Me encontraba yo en mi despacho. Era húmedo y oscuro, como un plátano pasado. Pero también era cómodo, lo cual equilibraba la cosa... además, no tenía dinero para pagarme otro cuchitril mejor, por lo que quejarme solo serviría para amargarme la existencia un poco más de lo que los Estados Unidos hacían por mí. El trabajo de investigador privado no era fácil de llevar. La única ventaja que tenía era que no había un jefe detrás de mí criticando todas mis acciones. A veces eso se echa de menos. De hecho, en alguna ocasión me he puesto una etiqueta en el bolsillo de la camisa el la que ponía "Yo mando" (bueno, en realidad ponía "soy comunista" pero la intención es lo que cuenta) y me he dado algunas órdenes tontas, como "Tráeme un café" o "Si viene el director dímelo con antelación para ordenar todo esto un poco"

Tampoco era una buena época para el negocio. En el año '80 todo estaba bastante tranquilo por Nueva York. Mis anuncios en el New York Times pasaban desapercibidos como una botella de vino del '72 entre cinco del '73. En ocasiones venía gente a mi despacho, pero cuando iban a pedir que aceptase un caso de suma importancia, optaban por coger un caramelo de menta de mi escritorio y se marchaban como habían venido. Nunca debí intentar atraer clientes regalando caramelos. Pero un día, posiblemente un jueves que caía en 3, o un domingo que caía en 4, vino a mi agencia una mujer atractiva; de pelo rubio, guapa como pocas había visto hasta el momento. Su cuerpo estaba cubierto por un traje rojo y unos guantes blancos muy sensuales.Una sensación de peligrosidad recorrió mi cuerpo cuando ella entró en mi despacho, con paso militar pero afeminado, como la marina estadounidense. Se sentó en la silla sin apenas emitir ningún ruido, e ignorando descaradamente mi cartelito de "no fumar", se encendió un pitillo más largo que las patillas que el rockero ese que pone la gente en el salpicadero de su coche. El humo empezó a llenar el sitio, y yo empecé a toser como un cerdo al que están degollando, pero siempre pidiendo perdón tras cada tos. Quedó bastante estúpido a partir de la séptima vez, ya que no habían pasado ni 5 segundos. La mujer apagó el cigarro con toda educación sobre mi libro de apuntes. La disculpé amablemente, aunque ella en lugar de pedirme perdón se encendió otro cigarro. Cuando estaba empezando a calentarme (el radiador nuevo hacía su efecto) comenzamos a hablar:

POLANSKI: Para qué ha venido, señora...?
WAILER: Soy Wailer. Denisse Wailer. Y usted es...
POLANSKI: Detective Polanski. Lo pone en la puerta. En un cartel bastante parecido al de al lado, donde pone "no fumar".

Se hizo la sueca, porque siguió fumando, pero seguramente mi indirecta la había hecho mella.

POLANSKI: Bueno, qué desea?
WAILER: Mi marido ha sido asesinado y estoy buscando a un detective que pueda encontrar al culpable.
POLANSKI: Ha venido al lugar indicado.
WAILER: ¿De verdad?
POLANSKI: La verdad es que no. El lugar adecuado es la policía. Pero así me saco un dinero y los dos estamos contentos. ¿Le apetece un caramelo de menta?
WAILER: Por favor, señor... esto es muy grave.
POLANSKI: Mi alergia al tabaco también lo es. Pero bueno, supongo que podemos aprender a respetar nuestras manías.
WAILER: Mi marido fue salvajemente asesinado. Apareció degollado en el salón de nuestra propia casa.
POLANSKI: ¿Degollado? Vaya, esa es una muerte bastante horrible, ¿sabe?
WAILER: ¿Ha experimentado alguna?
POLANSKI: Aun no. Pero un amigo me hizo la broma del vibrador en la mano. ¿Sabe? No me gusta nada el zumbidito en la palma. Le hacen a uno cosquillas y luego... luego claro, te da vergüenza reconocer que te hicieron cosquillas con un vibrador. Es una tentación al chiste, como... como pronunciar la palabra "religión" en un colegio público o algo así.
WAILER: Necesito que acepte el caso. Se lo suplico. Necesito saber quién acabó con la vida de mi esposo.
POLANSKI: Mi principal idea es que fue un asesino... y si no lo era ahora lo es, no hay duda.
WAILER: Su perspicacia es muy grande. Confío que resolverá el caso. ¿Cuánto suele cobrar?
POLANSKI: ¿Sabe? Cuando veo mujeres como usted normalmente hago yo esa pregunta. Bueno, le haré un precio especial. Pero ya hablaremos de ello más tarde. ¿Le apetece tomar algo? No se. Dicen que mis caramelos de menta son de primera...
WAILER: No tengo tiempo, señor Polanski. Me está esperando un coche.
POLANSKI: Le tiene bien enseñado, entonces.
WAILER: Adiós, señor Polanski. Llámeme cuando quiera o pásese directamente por mi casa. Aquí está mi número y mi dirección (le da una tarjeta)
POLANSKI: Muy bien. Lo haré descuide. En cuanto tenga un hueco le llamaré. Ah, y coja un caramelo de menta antes de marcharse. Son gratis.

La mujer se fue sin coger mi caramelo. Supongo que no le gustaba la menta, o que prefería mantener el olor del tabaco entre sus encías. En cualquier caso, ahora tenía trabajo. Lo primero era encontrar un hueco en mi agenda. Aunque para eso debía comprar primero una agenda.

Dos días más tarde, tarjetita en mano, llamé a la señorita Wailer. Siempre se tiene la duda de si preguntar por el apellido o su nombre de pila. Si se dice el apellido, se puede quedar gentil pero también como un carroza. Pero si dices el nombre, quedas como un idiota o como un vulgar vagabundo. Así que opté por coger la carretera de en medio.

POLANSKI: Eh... eh... eeeeeh... ho... hola?!
WAILER: ¿Sí? La señorita Wailer al habla. ¿Quién es?
POLANSKI: Soy el detective Polanski. Contrató mis servicios hace dos días, ¿recuerda?
WAILER: No....
POLANSKI: ¿Co... cómo? No... ¿¡¡no lo recuerda!!? Soy yo! El hombre bajito, con gafas y cara de idiota!
WAILER: Es broma, señor Polanski. Observé que le gustaban las bromas. Veo que no tiene tanto sentido del humor como parecía.
POLANSKI: ... va... vaya, con que la chica es bromista, eh? Pues mire, me sé un chiste muy bueno que trata sobre un gato y un destornillador de estrella...
WAILER: Ahórreselo, por favor. Ahora mismo iba a irme, ¿puede darse prisa?
POLANSKI: Usted siempre dice que tiene prisa. ¿Qué pasa, le busca la policía o qué?
WAILER: No. No sea tonto. Oiga, mire. Por qué no se pasa por mi casa dentro de un par de horas?
POLANSKI: Me parece bien. Quiere que lleve bombones, flores, o algo más romántico? ¿Quizá unas esposas?
WAILER: Con que venga usted me basta.
POLANSKI: Ojalá todas las mujeres me dijesen eso. Sobre todo cuando les presento a mi amigo George. ¿Sabe? Siempre se lleva a las mejores mujeres. No se si será porque es guapo o porque lleva transparencias. Tendré que probar lo segundo, porque lo primero no creo que...
WAILER: Tengo que colgar. Adiós.
POLANSKI: Va... vale... oiga? Oiga? En fin.... creo que le llevaré unos caramelos de menta.

Ella parecía nerviosa. Quizá el comentario de las esposas o que mi olor corporal se transmitía por la línea telefónica le había afectado. Lo apunté en mi nueva agenda, como dato de interés. Al lado anoté un recordatorio para comprar más desodorante. Me preparé a conciencia para la entrevista. Estaba ansioso por conocer el caso a fondo. Me unté loción de manos por todo el cuerpo, leyendo antes el prospecto para ver si algo lo impedía. La verdad es que me quedé muy suave. Parecía una sardina. Lo único malo es que cuando me ponía la ropa, ésta se escurría por mi piel y acababa en el suelo. Tuve que hacer unas flexiones, sudar, e intentar luego ponerme la ropa de nuevo. Me puse mis gafas de gala, las que tienen cristales (no son graduadas, pero son bonitas) Me vestí con mi traje negro, una camisa blanca y una pajarita también negra. Mis zapatos relucían como el tapiz de una mesa de billar, por lo que tuve que darles con un poco de grasa de caballo. Es algo asqueroso que lo llamen así, pidiendo llamarlo "Líquido para sacar brillo a los zapatos". Me estuve mirando al espejo un rato, buscando a alguien guapo. Entonces me quité todo y me puse mi ropa de siempre. Camisa y pantalón, mi gabardina y mi sombrero. Se acercaba la hora. Salí de casa apagando todas las luces, aunque dejé a mi vecino sin luz en la salita de estar. Le tengo dicho que no deje su puerta abierta porque cuando me pongo a dar a los interruptores no puedo parar... Anoté en mi agenda que tenía que pedir cita con el psicólogo. Otra vez tenía ese problema.

Cuando bajé a la calle pude ver a una vecina que se aproximaba con numerosas bolsas de la compra. Ella siempre se quedaba mirándome para que le ayudara a subirlas. Antes de que pudiera saber que la había visto, bajé la calle corriendo como una niña. La ridiculez se apoderó de mí solo cuando se me cayó el sombrero, unas cuatro calles más abajo. Anoté en mi agenda, debajo de la cita con el psicólogo, que le comentara lo de mi falta de reflejos.

Anduve recto otras cinco calles y torcí a la izquierda por la 24 con la 52. Odio que las calles se dividan por números. En ese país Europeo, España; tienen nombres de personajes ilustres. Como Goya, o el profesor de Franco. Proseguí mi camino intentando no manchar el resto del traje, que me quedaba algo grande. Cuando llegué a la casa de la señorita Wailer, me quedé asombrado. La fachada del edificio era aun más ruinosa que la de mi despacho. El portero me abrió sin preguntarme quien era. Tenía confianza conmigo, o su mudez se lo impedía. Llamé con sonoros golpes con los nudillos a la puerta de la señorita, mientras revisaba que la dirección y puerta eran correctos. Me abrió ella misma, vestida únicamente con un camisón que dejaba desnudas sus maravillosas y largas piernas. Me saludó con la mano, se dio la vuelta, y su largo pelo rubio ondeó a la puerta de su casa. Su pequeña casa, he de decir. Mi despacho, que parecía pequeño, era una buena choza comparado con el penoso lugar en el que me encontraba. Pensé:¿Cómo una mujer tan guapa puede vivir de esta manera? Aprecié que lo había dicho en alto.

WAILER: Gracias por lo de guapa. Y ésta no es mi casa. Es solo un pequeño punto de encuentro con mi marido. Hay una cama y un interruptor para apagar la luz, si usted me entiende.
POLANSKI: Supongo que sí. Me siento en la cama o encima de usted? No hay mucho donde elegir.
WAILER: Siéntese en la cama si lo desea. Aunque no tengo mucho tiempo, porque me espera un coche.
POLANSKI: Me encantaría conocer a ese encantador automóvil. Ha hecho usted un trabajo estupendo. Yo nunca supe educar a ningún objeto inanimado.
WAILER: Dese prisa por favor...
POLANSKI: ¿Pero qué prisa hay? Siempre... siempre está con prisa. Ni siquiera aceptó mi caramelo de menta. Por cierto, le he traído algunos.
WAILER: Es usted muy amable. Mire, voy a ser clara. He recibido un anónimo diciendo que el asesino está en un restaurante no muy lejos de aquí. Necesito que me acompañe hasta allí. No quiero ir sola.
POLANSKI: Yo nunca resuelvo casos por la violencia. Normalmente la violencia resuelve los casos por mí.
WAILER: ¿Habla de la policía?
POLANSKI: Exactamente. Mire. Yo solo investigo. Consigo pruebas, pero no puedo permitirme manchar de sangre esta gabardina. Luego sale muy mal la mancha.
WAILER: Le compraré otro traje si lo desea. Por favor, venga.

No pude decirle que no. Pero hay formas más discretas de negarse.

POLANSKI: Tengo métodos mejores.
WAILER: Polanski, el asesino está a dos manzanas de aquí. Lo tiene en el bote. Venga!!
POLANSKI: ..... está bien. Lo haré pero... pero solo si...
WAILER: ¿Esta pensando en sexo?
POLANSKI: Continuamente. Pero ahora solo pensaba si conocía a una buena compañía de seguros. Por si sobrevivo con solo un par de dedos rotos o una nueva úlcera estomacal. Tengo tres. Si viene a casa le enseñaré las radiografías.

Ambos se dirigieron hacia el lugar indicado. Pero en lugar de un restaurante había una tienda de licores abandonada. Tenía tablas en la puerta y las ventanas. Pero un callejón en el lado izquierdo dejaba entrever una puerta metálica cerrada que deba a la trastienda.

WAILER: Vamos!! Por aquí!! Y tome esto!! (dándole una pistola a Polanski)
POLANSKI: Pero no dijo que era un rest... hey!!! Y yo no se usar armas!! Pero qué hace!? (Wailer le iba empujando) Si me rompo ahora no podré luchar con el asesino, aunque creo que mi cobardía hará eso igualmente.

WAILER: Abra usted. A mí me da miedo.
POLANSKI: Sí. Las cifras de accidentes con puertas de metal ha aumentado mucho este año. En fin, abramos y acabemos con esto. (abre sorprendiéndose de que no está echada con llave) Hay alguien?

De pronto Wailer me empujó por la espalda hacia adentro. Cerró la puerta detrás de mí (pareció perder el miedo a las puertas de metal de repente).

POLANSKI: Wailer!!! Denisse!!! Abre! Esto no tiene gracia!!!

Pasaron quizá horas. Empecé a sentir la vejiga como si me la estuviesen pisando dos hooligans ingleses. Tras ese tiempo abrieron la puerta y luces rojas y azules entraron por el hueco. Un policía me enfocó la cara con una linterna. Entonces giré la cara para que no me derritiera los ojos (desde pequeño había tenido ese miedo a la luz. Mi abuela solía acercar velas cerca de nosotros y cantar extrañas canciones sin sentido. Se suicidó.) Cuando giré la cara, volví a abrir los ojos y descubrí que lo que había estado oliendo todo el tiempo no era mi calcetín derecho, sino un cadáver!! Ahí estaba yo. Con un cadáver y la policía. Pensé en jugar un póquer entre todos, pero seguramente el muerto no aceptaría. Me arrestaron, y guardaron mi arma en una bolsa de plástico, como a las mandarinas. En la sala de interrogatorios del Departamento de Policía de Nueva York, me hacían preguntas intrascendentes, a mi parecer. Eran dos hombres fornidos y típicamente americanos. Es decir, con cara de arenque ahumado.

HARRISON: Mató usted a aquel hombre?
POLANSKI: A qué viene eso?
HARRISON: Se le encontró cantando "King of the Road" con un arma que solo tiene sus huellas y un cadáver. Le hago la pregunta solo por no pegarle un tiro directamente.
POLANSKI: Gracias por su amabilidad. Quiere que le invite a una copa? Podríamos ser grandes amigos.
HARRISON: Daniel, proceda.
POLANSKI: No, Daniel, no proceda. Hágame las preguntas que desee, señor Harrison. Pero he de decirle que soy investigador privado en esta ciudad. Yo no he cometido ningún delito.
HARRISON: Ser investigador privado es un atentado contra la policía. No me calientes.
POLANSKI: Dudo que pudiera hacerlo. Aunque antes se me ocurrió una cosa con unas transparencias...

Daniel se acercó de nuevo a mí. Reaccioné duramente.

POLANSKI: No, por favor!! Soy viejo, tengo la próstata que parece un campo de arroz. Mire. Una mujer vino a mi agencia buscando mis servicios. Decía llamarse Dennise Wailer. Miren, esta... esta es su tarjeta.

Saqué de mi gabardina la tarjeta. Advertí que solo quedaba mi tarjeta en él. Me habían confiscado todo lo demás. Siempre guardaba los números de las mujeres en un hueco descosido en un bolsillo interior de mi gabardina. Les entregué la tarjeta. La miraron y luego le dieron la vuelta.

HARRISON: No se ha dado cuenta de que en el reverso pone "Whiskería Jason"? Es un club de prostitución.
POLANSKI: Bueno, sí. Vi el reverso de la tarjeta. Pero imaginé que a la vez me estaba ofreciendo sus servicios.
HARRISON: Empiezo a creer que le han tendido una trampa. Parece usted solo un pobre imbécil. No sería capaz de matar a nadie. Me sorprende que sea capaz de caminar y hablar al mismo tiempo.
POLANSKI: Estoy de acuerdo. No sirvo para nada. De hecho, mientras no me metan en la cárcel soy capaz hasta de reconocer mi homosexualidad.
HARRISON: No lo pongo en duda. Bien. Permanezca en comisaría mientras trabajamos con esta posibilidad. Hay una máquina de bollitos en esta misma planta, al final del pasillo. Son buenísimos.
POLANSKI: Ah, gracias! Yo les daría unos caramelos de menta, pero no consigo encontrarlos...
DANIEL: Ah... los cogí yo. Son buenísimos, dónde los compra?
POLANSKI: Me alegro de que por fin alguien sepa valorar mi trabajo! Los compro en una tienda de Manhattan. Son los mejores de los Estados Unidos.
DANIEL: Ya lo creo. Ya me dará la direc....

Entonces abrieron la puerta de golpe. Apareció un policía de color (negro, concretamente) sujetando a la mismísima Denisse Wailer.

JAMISON: Hemos capturado a la culpable. Esta en un salón de te tomando un whisky. Esto levantó la sospecha de la camarera que nos avisó hace un rato. Cuando la preguntamos cómo estaba echó a correr. La atrapamos dos calles más arriba intentando detener a un niño para robarle el monopatín (aunque el monopatín tenía un arañazo en la tabla). La trajimos aquí y dijo que el señor Polanski podría explicarlo todo.
WAILER: (interrumpiendo) Vamos, Polanski. Explícaselo todo. Diles que pasó (guiñó rápidamente un ojo)
POLANSKI: Solo pasó que me engañaste con tus armas de mujer para echarme el muerto encima. Lleváosla, es una asesina. Mató a su marido...
WAILER: (muy alterada) Si!!! Fui yo!!! Confieso!!! Lo maté!!! Llegó a casa oliendo a mujer y encontré una tarjeta de un bar de putas en su chaqueta!!!! No pude resistirlo y lo maté. Él guardaba una pistola en el armario.
POLANSKI: Estaréis escuchando, no, chicos? No quiero que al final me metáis en la trena solo por vuestra incompetencia.
HARRISON: Pero señorita Wailer. Cómo pudo matarlo? Por qué no le dejó?
WAILER: Porque esta es una historia de asesinatos. Exige un asesinato al menos.
HARRISON: Comprendo. Llévesela a calabozos. Ahora iremos allí para decirle que va a morir
WAILER: Morir?!?!? Morir!!?!?
HARRISON: Ah... que pena. Le he aguado la sorpresa. En fin, llévela igualmente.

Me dijeron que fuera al día siguiente porque el comisario quería hablar conmigo. Así fue. Con mis pertenencias en mis bolsillos, me armé de unos cuantos caramelos de menta para todos y monté en un taxi.

POLANSKI: Al Departamento de Policía de Nueva York, por favor...
WAILER: No... mejor a mi casa. Qué le parece, señor Polanski?
POLANSKI: No!!! Es usted!! Co... cómo escapó!?
WAILER: Fue fácil. Ya sabe que mis métodos de convencimiento son muy buenos.
POLANSKI: Le consiguió sobornar con trabajos sexuales!?
WAILER: No. Le rajé el cuello con una cuchilla oculta en mi reloj.
POLANSKI: Qué dolerá más?
WAILER: Señor Polanski. Usted no lo entiende. No estoy aquí para matarle. Estoy enamorada de usted. Nunca había visto a nadie enfrentarse a los policías como lo hace usted. Con sus palabras inteligentes. Su ironía punzante. Su sarcasmo preciso como la mejor de las armas...
POLANSKI: No se olvide de mis caramelos de menta.
WAILER: Vámonos a México. Allí viviremos en mi casa sin que estos insulsos policías puedan detenernos.
POLANSKI: Pero... pero he quedado con el comisario. Tengo que ir a...
WAILER: No me de largas, señor Polanski. Le estoy ofreciendo una vida de desenfreno sin límites.
POLANSKI: Si yo con ver la tele diez minutos tengo la tensión por las nubes. Tendría usted que ver la televisión de hoy en día. Solo ponen a negros con blancos disparando a rusos. Es un espectáculo que.. uuuuuf (escalofrío), hace que la adrenalina se dispare, sabe?
WAILER: Veo que no quiere venir conmigo... entonces....

Creí que iba a dispararme...

WAILER: Puede irse. Me iré yo sola. Por cierto, ahora le concederán un puesto como investigador en el departamento. Le probarán un tiempo. Con sus facultades probablemente le acepten rápidamente.
POLANSKI: O me disparen al pecho, no se que ocurrirá antes.
WAILER: Cuídese, señor Polanski. Y ahora salga del coche, que es de mi hermano.
POLANSKI: ...... encantado de haberla conocido. Ha sido la experiencia más emocionante de mi vida sin contar cuando el médico tartamudeó antes de decir "es benigno".
WAILER: Adiós. Nos volveremos a ver. Seguro.
POLANSKI: Eso espero. Verla a usted será sin duda más agradable que verme a mí. Adiós y cuídese. Intente no morir antes de cruzar la frontera. Aunque tranquila, la policía no le supondrá problemas. Estamos en el país de la libertad, donde los policías comen donuts en vez de trabajar.
WAILER. Adiós...

Me bajé del coche y vi como la mujer más guapa del mundo se iba de mi vida. Llegaba tarde así que fui directo al departamento de policía a buen paso. Cuando llegué me recibieron con mucha amabilidad. El comisario efectivamente me ofreció un puesto. Acepté puesto que mi flujo económico se sostenía equilibradamente sobre el cero.
Así comencé mi nueva vida. Me casé con una mujer 40 años más joven que yo, viuda y con una hija rubia como su madre. No era una familia perfecta pero en aquellos tiempos no había otra cosa. Me jubilé 10 años más tarde y ahora estoy aquí, con mis 72 años y mi parkinson triple. Eso sí, sigo viviendo feliz, como una galleta mojada en leche de buena calidad ; o como un nazi en un campo de judíos. Os dejo ya, recostado sobre mi sillón vibrador que he comprado engañando a la seguridad social, única vía de escape para una persona de clase media como yo. Ah, se me olvidaba... ahora vivo en méxico. Mi mujer se llama Adriana Lombardi. También se la conoce como...
...Denisse Wailer... ah, y lo de que no era la familia perfecta, era una ironía. Adiós...

Firmado: Alex Polanski.


ALEJANDRO HERNÁNDEZ (Shinji KamE) 2002
 

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