Comprar un ordenador
Ayer fui con un amigo a una tienda de ordenadores, porque quería comprarme un ordenador. Es el típico amigo al que llamas cuando te hace falta... pero para nada más. Es decir, hay que buscarse a un buen pardillo que nos haga las veces de informático profesional para que no nos soplen el dinero de la instalación. Normalmente el chico acepta encantado porque dice que le encanta. Bien, ese es el tipo de pardillo del que estoy hablando. Hay que buscar al BBV de los ordenadores. Alguien al que se le pueda colar un buen gol sin que se de cuenta.
En fin, que llegamos a la tienda, después de dar setenta y tres vueltas para encontrarla, cuando al final como sospechabas, era esa puerta en la que ponía “tienda de informática”, mientras el pardillo de tu compañero iba buscando un nombre retorcido. Algo así como “Lexan Trifux Blander Sistemas” El “Sistemas” que no falte. Y tú: es la tienda de informática. Y él: he venido muchas veces, no es esa. Coño, y al final es esa y él te dice: “le habrán cambiado el nombre”. Hala, ya está hecho, se cree que ahora pienso que es un tipo inteligente, pero no es así. Es al menos tan idiota como yo, aunque él sabe de ordenadores... Pero yo se de mujeres. Sí... ese es el eterno tópico del compañerismo provechoso. El te habla de informática y tú le hablas de mujeres. Al final todo se te junta.
Le metes esto por detrás y te aseguras de que esté bien apretado. Siempre puedes asegurarlo dándole unas vueltas a los agarradores. Si a la primera no se enciende, me llamas y te ayudo. Aunque quizá haya que llevarlo donde lo compraste a ver si es que se ha quemado por una subida de tensión................... GUARRO!!!
En la tienda de informática todo está desordenado, excepto la cola que hay para recoger los equipos. Una línea perfectamente recta que dura un tiempo q depende de la prisa que tengas. Si no tienes prisa, la gente comprará diskets, que no se tarda nada. Si tiene prisa, todos los de delante se estarán llevando el ordenador de la NASA. Con el puerto infrarrojos, el monitor de plasma extrafino, el ratón por láser, y una pegatina de una tía en bolas para pegarla en el monitor. El equipo completo vamos... es como Carlos Sainz con Luis Moya. O los pones juntos o no funcionan igual. Había en una mesa ahí cerca uno que estaba hablando con el técnico, diciéndole: el monitor que se ve mal y... Le digo: ponle una pegatina porno, que seguro que es eso. Pero bueno, yo a lo mío. Después de comprar el ordenador, que lo compró mi amigo, yo solo hacía bromas con la vendedora y hojeaba un catálogo en el que no entendía nada, pero había unas fotos muy bonitas de ordenadores nuevos y relucientes. Si, luego cuando te dan el tuyo dices: no es como el de la foto. Pero no importa, seguro que funciona bien. Pero tampoco. Cuando llegas con el pringao de tu compañero os ponéis a instalarlo. Tú colaboras con esfuerzo. Le vas pasando las herramientas que te pide mientras se deja el costado sobre una zapatilla. Pero él no se queja. Puede estar con lágrimas en los ojos, que el tío sigue a lo suyo. Cuando todo está montado, el momento culminante llega. Enciende el ordenador... y no arranca. Tras tres o cuatro horas con el pringao ahí agachado, cambiando cables y pinchándose con todo, dice: ya está. Lo enciende y... arranca!!! El pringao se ha convertido en alguien a quien respetar. Bueno, me enseña el funcionamiento básico del ordenador. Que consta de 3 partes. Cambiar el fondo por una oveja con los labios pintados. Poner de sonido de inicio a torrente diciendo tacos. Y sobre todo... que cuando se bloquea, hay que llamar al pringao para que te diga qué pasa.
Esa es la vida de un novato en los ordenadores. Pero luego se va aprendiendo, y el pringao va aprendiendo sobre mujeres. Pero bueno, me parece que ninguno de los dos aprenderemos nunca todo sobre ninguna de las dos materias. Aunque me gustaría llegar a entender alguna al menos. Las mujeres, mejor. Porque la informática se renueva, pero ellas son todas iguales. Buenas noches.
Shinji KamE