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A la luz de la luna |
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La noche era fría y clara, perfecta para que los asesinos de las distintas facciones cumplieran con su cometido. Una luz única alumbraba la noche, la luz de la preciosa Luna, que tantas muertes llevaba observando todas las noches desde que el estallido de la revolución había asolado todo Japón.
Un asesino estaba en pie con su katana desenfundada delante de una casita en un barrio apartado de Yokohama. Detrás de él unos 20 samuráis que seguían sus órdenes al pie de la letra. Éstas eran: discreción, orden y sin dejar huellas.
El asesino, cuya cara no reflejaba emoción alguna, dio unos pasos seguros y lentos hacia la pequeña casita en la que parecía no vivir nadie. Y abrió la puerta sin ni tan siquiera preguntar. Con un movimiento rápido pero a la vez cansado abrió la segunda puerta que llevaba a una habitación oscura. No dudó en dar estocadas al aire con fuerza removiendo todo lo que había alrededor del habitáculo para comprobar que no hubiese nadie escondido en ningún rincón.
Los subordinados del terrible asesino se introdujeron también en la vivienda y empezaron a recorrer todos los rincones, moviendo todos los jarrones, investigando hasta el último rincón del lugar, hasta que uno...
¿?¿?: Los encontré, ¡ven Himura!.
Battousai no dudó ni un instante. Como un rayo se dirigió hacia donde la voz le había indicado ir y allí lo vio. El hombre al que tenía que matar estaba delante suyo con una katana de la mano cosa que le sorprendió muchísimo, pues cualquiera que conociese a su próxima víctima sabía que él nunca utilizaba una katana, sino un bokutou, pues aquel hombre creía en la defensa de la vida por encima de todo. El samurai legendario pensó que si había cambiado su arma era porque sabía que su fin estaba cerca... y eso le entristecía muchísimo. No le gustaba en absoluto tener que matar a alguien a quién conocía de antes por culpa de un mal entendido.
Battousai: Isga, por favor, vigilad que no nos vean los del Shinsengumi. (Dijo pensando que era mejor resolver el asunto sin que nadie más lo viese).
Isga (apresuradamente): Entendido, no te preocupes Himura, deja eso en mis manos.
Battousai (dirigiéndose hacia su oponente con una mirada fría en sus ojos): Reconozco en usted al señor Kamiya y a su esposa. Tengo órdenes de aniquilarlos porque es peligrosa su existencia para el nuevo gobierno Meiji.
Kamiya (nervioso, pero seguro): Battousai sabe que yo no haría nada en contra de la restauración, de eso estoy seguro.
Battousai: Lo que yo opine o deje de opinar no tiene nada que ver con mis órdenes. El líder de los Ishinshisin, facción a la que pertenezco, me ha ordenado que le asesine y eso haré, ponga resistencia o no. Ya sabe que sólo cumplo órdenes, me pese o no.
Kamiya (resignándose): Si es eso lo que tienes que hacer, y conociéndote sé que lo harás, sólo me queda decir que ya sabes que lucharé hasta el final.
Los dos se miraron con dureza ignorando que una mujer los observaba, una mujer que sabía que si su marido moría, ella lo haría también.
En segundos, los dos comenzaron con la lucha. La superioridad de la técnica de Battousai era clara por muchos aspectos que se observaban con una simple mirada hacia los dos oponentes. Ambos sabían cuáles eran sus posibilidades de ganar esa lucha. Aún sabiendo que era inferior, el señor Kamiya no se dejó vencer y continuaba en su empeño de intentar derrotar a Battousai, pero poco tardó en encontrarse al borde de la muerte. Como si las cosas sucediesen a cámara lenta, vio como una katana se acercaba segura a su cuello y sintió como le atravesó dejándolo sin vida en instantes, poco antes de morir, agradeció el hecho de que su muerte hubiese sido tan rápida.
El asesino Battousai no pudo evitar mostrar una mirada de cansancio y de tristeza, cosa poco habitual en él. Después, como si de un autómata se tratase, se dirigió hacia la mujer que lloraba desconsolada desde una esquina de la oscura habitación.
Battousai (frío pero dolido): Siento mucho lo que ha ocurrido, señora Kamiya. Seguro que sabe lo que le va a ocurrir ahora mismo. No puedo dejarla con vida... ni a usted ni a nadie que esté en esta casa, sólo por el hecho de que son familiares de este hombre, que, si bien apoyó a la era Meiji, ha hecho cosas a favor de Tokugawa.
Señora Kamiya (desesperada): Señor Himura, usted conoces a esta familia, y conoce a todos los que hemos vivido en esta casa. Sabe que nunca hemos ido en contra de este gobierno y que siempre hemos sido leales a la causa de la restauración. Por favor, le pido que por todo lo que sabe, no mate a mi hija... deja que viva. Ella no sabe nada, está escondida y estoy segura de que no ha visto nada, por favor, ¡déjela vivir!. Una niña como ella no merece la muerte...
Battousai (confuso): Lo que me pides... no... no puedo.... son órdenes....
Señora Kamiya (con un brillo de esperanza por su hija en los ojos): Pero usted mejor que nadie sabe que tengo razón. No se preocupe por la niña. Ella no dirá nada. Se marchará de Yokohama con todo el dolor de su corazón para no volver ya más y siempre será leal a la restauración. Déjela vivir... ¿En serio cree que un niño es culpable de nacer en la época que le toca vivir?
Battousai (volviendo a su natural frialdad, cosa que le mantenía fuerte en estas situaciones): ¿Es tu último deseo?.... Ahora, muere...
Y así fue. Battousai no dudó en clavar su katana en el pecho de la mujer hasta dejarla medio inconsciente y a pocos segundos de la muerte.
Señora Kamiya (pronunciando sus últimas palabras): Por..... favor....
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Kenshin se despertó sobresaltado al oír unos pasos que se acercaban amenazantes hacia él. Se mantuvo en la misma posición confuso y contrariado por el sueño que había tenido... una lágrima solitaria pasó por su mejilla mientras el desconocido desenfundaba su katana y la ponía muy cerca del cuello de Battousai aún sabiendo que éste estaba despierto...
Kenshin: Dime quién eres y qué quieres o asume las consecuencias.
¿?¿?: Vaya, vaya, así que Battousai nos ha salido respondón ¿eh?.
Kenshin siguió mirando al recién llegado amenazante. Le ponían muy nervioso esa clase de situaciones porque no sabía qué debía hacer exactamente. Mirando al joven a los ojos, descubrió que no era peligroso, así que bajó la cabeza y en su actitud habitual continuó con la charla.
Kenshin: Veo que sabes quién soy.
¿?¿?: ¡Para no saberlo!... tu leyenda es famosa en todo Japón...
Kenshin (Imperativo): ¿Quién eres?
¿?¿? (en actitud bromista): ¿Preguntas antes de atacar? ¿Desde cuándo Battousai se interesa por el nombre de sus contrincantes?
Kenshin (seco como el desierto): Desde que dejé de matar.
¿?¿? (haciendo como si no hubiese oído nada): ¿Cómo?
Como salidos de la nada, Saito, Aoshi, Sanosuke y Kaoru, que se habían despertado al oír la voz de Kenshin, se colocaron detrás del joven que amenazaba a su amigo pelirrojo. Kaoru se fijó en él. Era un samurai, no había duda. Alumbrado por la tenue luz de la Luna y del poco fuego que quedaba en la hoguera, se veía que su pelo era castaño y corto y sus ojos parecían verdes. A pesar de que no parecía tener más de 20 años, sostenía la katana con fuerza sin separar los ojos de Kenshin.
Aún después la mirada de "no te muevas" que Battousai había lanzado a la joven Kamiya, ésta, con toda su valentía habitual, y viendo que el muchacho no parecía peligroso se acercó a su samurai preferido, ante el asombro general, y se sentó a su lado mientras que, con palmas de las dos manos, cogía la katana que amenazaba a Kenshin por la hoja, con cuidado de no cortarse, y la apartaba cuidadosamente de un asombrado Kenshin.
El que hasta ahora había sido el malo de toda la historia (por querer hacer pupa a mi Kenshin ¬¬, que malo.... ^^UU) no pudo evitar ante tal situación echarse a reír abiertamente mientras Saito, Aoshi y Sanosuke seguían de pie con una gota de sudor sobre sus cabezas...
Kaoru (mirando a Kenshin): ¿Estás bien?
Kenshin (ligeramente enfadado y sintiéndose impotente): ¿Por qué has hecho eso? ¿¡Estás loca!? ¿Y si llega a ser un asesino?
Kaoru (coqueteando): No me eches la charla... ya veo que estás bien y me alegro (Aprovechando su situación, se acercó más a Kenshin y lo abrazó ante el asombro general)
Kenshin: Eh.... OROOOOOOOOOOOOO @_@
Kaoru (Volviendo a sentarse): Bien, ahora dinos ¿quién eres?.
¿?¿? (Enfundando su katana sin fijarse en el resto de los acompañantes): JAJAJAJAJAJAJA, ejem... está bien ^^. Sentaos, la historia es larga.
Saito, Aoshi y Sanosuke obedecieron resignados y se sentaron formando un círculo en el que el desconocido estaba en medio. Éste antes de comenzar a hablar miró hacia donde se encontraban Yahiko y Misao durmiendo plácidamente...Luego mirando al resto comenzó a hablar
¿?¿?: Bien, me presentaré. Mi nombre es Kairo y soy un samurai que domina todas las técnicas de la katana al estilo Hitten Mitsorugi.
Kenshin: ¿¡Qué!?.
Kairo: ^^ Sabía que eso te sorprendería, Battousai...
Aoshi: Haz el favor de explicarte.
Kairo: Señor Shinomori, haga el favor de no meterme prisa.
Saito: Un momento, ¿conoces también a Shinomori?
Kairo: Por supuesto señor Saito.
Sanosuke: ¿Qué pasa aquí?
Kairo: Tranquilo Sanosuke Sagara.
Kaoru: @_@ ¿Cómo sabe todos sus nombres?
Kairo: Señorita Kaoru, he de decir que es usted una persona encantadora, tal y como me la había imaginado ^^.
Kenshin: Haga el favor de explicarse de una vez antes de que Saito, Aoshi y Sanosuke le manden a paseo... (dijo con una gran gota sobre su cabeza).
Kairo: JAJAJAJAJAJAJAJA... Bien. Hacedme preguntas tranquilamente que yo iré contestando, porque si no esto va a ser un auténtico lío.
Kaoru (asombrada): Vaya, qué espíritu de orden....
Kenshin (molesto por el aparente interés de Kaoru en el joven): Ejem... bien, ¿quién te enseñó el estilo Mitsorugi, Kairo?
Kairo: Fue tu maestro, Kenshin, el señor Hiko.
Kenshin: Explícame eso.
Kairo: Bien... cuando tú te marchaste y dejaste a Hiko, él fue un día a Tokio. Yo por aquel entonces era un niño huérfano que vivía pidiendo limosna por las calles. Hiko me recogió y me enseñó el estilo Mitsorugi.
Kenshin (pensando): Increíble, un alumno más de Hiko y yo sin saberlo..... (en voz alta) ¿Y cuándo terminaste tus enseñanzas?
Kairo: Un mes antes de tu enfrentamiento con Shishio.
Kenshin: Ajá...
Saito: Bien, después de tus datos biográficos acerca de cómo aprendiste el estilo de Kenshin, me gustaría saber cómo es que sabes tantas cosas de nosotros.
Kairo: Bien... en realidad, todo lo que sé del maestro Himura lo sé por el maestro Hiko. Él me lo contó todo. Y sobre lo demás, pues qué queréis que os diga. ¿Quién no conoce a Hajime Saito? el capitán de la 3ª División del Shinsengumi, o ¿quién no conoce a Aoshi Shinomori? Líder de los Oni. ¿Quién no conoce a Sanosuke Sagara? Del clan Sagara, único superviviente de la tragedia junto con otro muchacho. ¿Quién no conoce a Kaoru Kamiya? descendiente del maestro Kamiya y actual blanco del clan del Guerrero Del Sol...
Todos: ¿¡Qué!?
CONTINUARÁ
Notas de la Autora:
Vale, vale, no me peguéis. Ya sé que esta vez sí que me he pasado con el retraso... Lo siento.... Pero otra vez se me ha estropeado el PC y he tenido que formatear todo con lo que eso conlleva...
Bueno, ahora hablando del capítulo. Decir que el principio es un poco fuerte y que quería ponerlo para aclarar la situación de Kenshin en estos momentos... ese sueño va a hacer que varias cosas cambien en la actitud de Kenshin hacia Kaoru.
El nuevo personaje... sí, bueno, necesitaba meter a alguien nuevo en la historia para darle apoyo a Kaoru en todo lo que le está pasando. Espero que os guste el desarrollo de este personaje que alguno por ahí sabe de dónde ha salido ^^UU.
Hasta el próximo capítulo. |