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No se puede ser del Barça y no sufrir
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Eran tantas las decepciones acumuladas en el disco duro de los barcelonistas a lo largo de los años
que por un momento parecía que la iban a volver a pifiar. Pero no. Ahí estaba esa afición que si bien a
veces se la puede acusar de fría, en las finales nunca falla.
Quizás el plantel de Rijkaard no sabía que en el ADN de los culés está grabada la palabra
sufrimiento. Pero los 21.000 que estaban en la grada lo sabían, porque por algo son del Barça. No
importaba de dónde habían sacado la entrada. Estuvieron allí y se dejaron la garganta incluso cuando
la cosa pintaba peliaguda.
Animaron cuando en el primer apretón del partido el Arsenal puso a prueba a Víctor Valdés. Gritaron
cuando el Barça recuperó el control del partido y no se callaron ante la injusticia del gol anulado. Les
jodió el gol de Campbell con uno menos, pero ni así les hicieron callar.
Les vino a la memoria el chasco de Berna, el de Sevilla, el de Atenas, la historia de siempre. Pero
valía la pena apretar los dientes. Y siguieron apretando. Fueron gasolina de un equipo que ayer jugó
con doce.
Vale que el de ayer era un partido en el que, de entrada, se aplaudía todo, hasta los tropezones de
Van Bommel o los despistes defensivos. Pero más allá de eso, la afición del Barça estuvo de cine.
Delante tenían un hueso duro de roer. En un día de partido cualquiera, la afición del Arsenal tiene más
canciones que la del Barça, llevan más camisetas del equipo que los del Barça, gritan más y parecen
imbatibles. Pero en una final no. En una final, la ‘gent del Barça’ se sale. Han hecho callo de todas las
perrerías que les ha hecho este deporte tan maravilloso y los callos sirven para trabajar mejor.
Y ayer, los de la grada curraron de lo lindo. Se salieron a pesar de navegar con el viento en contra. A
pesar de no entender las decisiones del banquillo siguieron animando. A pesar de ver cómo sus
jugadores dudaban en situaciones en las que nunca habían dudado, a pesar de ir perdiendo a pesar
de todo...nunca bajaron el pistón. Quizás la afición del Barcelona sólo tiene dos canciones para
animar, pero ayer las repitieron hasta la saciedad.
Sabían que iba a ser difícil y que sin pasarlas canutas no iba a ganarse nada. Lo de la euforia antes
de empezar se acabó al pasar el torno de la puerta del estadio. Entonces empezó el sufrimiento y
aparecieron todos los fantasmas de la historia culé.
Esos que te hacen empequeñecer ante una historia en la que sólo había una Copa de Europa. Pero
ayer se lo curraron y llegó la segunda.
Y como le gritaron los argentinos a Julio Cortázar cuando el genial escritor volvió a pisar Buenos Aires
tras un larguísimo exilio, la afición del Barça pudo gritar eso de “¡Ya era hora, carajo!”. Pues eso, que
ya era hora, pero que la próxima sea “sense patiment”.


Cortesia del Diario Sport.