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Las perspectivas cambian...
Hace pocos años, toda la industria de las telecomunicaciones hubiese
apostado a que en un breve período de tiempo, con las tasas de crecimiento
constantes y aprovechando el impulso de Internet, no existirían las redes
de comunicaciones tal y como hoy las conocemos. La era de la convergencia
total habría llegado y, en la imaginación de todos, tendría el nombre de
Red IP
mundial. Por tanto, no hace tanto de la época en que muchos creían que el IP (Internet Protocol) se convertiría en la tecnología de red más importante y significativa para el futuro de las comunicaciones. El responsable de esta creencia ha sido, sin duda, el innegable éxito de Internet, que ha demostrado en la práctica la potencialidad del protocolo IP. Y por las mismas fechas, el tráfico de información apuntaba a un crecimiento extraordinario, con una tasa tal que había convencido a todos los analistas del sector sobre la inevitable superación del tráfico vocal para el 2003, cuando no antes: en consecuencia, estos mismos profetas de la IP estimaban una rápida extinción de la tecnología PSTN. No obstante, a día de hoy esta perspectiva ya no parece tan coherente. Con el éxito de Internet, la comunicación vocal no ha perdido su fuerza, lo que no evita que el desarrollo de la red haya influido sobremanera en la telefonía, en particular en la telefonía móvil, donde el IP está logrando una posición equiparable a tecnologías como el WAP, el i-Mode o los portales vocales. En realidad, ha sido la revolución en las telecomunicaciones sin cable la que ha desmentido muchas de las previsiones de una inevitable evolución hacia el IP como único protocolo de comunicación y esto ha sido así porque - incluso hoy y teniendo en cuenta los continuos avances- los operadores de telefonía móvil siguen considerando muy importante el tráfico vocal y no tienen intención de renunciar a los beneficios, todavía enormes, generados por los servicios de voz. También hay que tener en cuenta el increíble éxito de los prepagados, típicamente pensados para unos usuarios no profesionales que quieren limitar sus costes. De hecho, el usuario de prepago utiliza preferentemente el móvil para hablar, por tanto tráfico vocal, lo que equivale a demostrar que la mayoría de los consumidores de telefonía móvil prepago consideran el tráfico de datos demasiado caro. No menos importante, y gracias al notable desarrollo de las tecnologías relacionadas con el uso de la voz de la comunicación, se está imponiendo la convicción de que el principal instrumento (o interfaz) de comunicación, incluso en transmisión de datos, es la voz. Actualmente, al contrario de lo que sucedía no hace muchos años, es posible interconectarse fácilmente a través de un "portal" vocal, para acceder así a las informaciones disponibles en red (y, por tanto, también Internet), un servicio que se considera particularmente adaptado para los usuarios de telefonía móvil. El entusiasmo actual por el IP ha cambiado. Esto no quiere decir el fin de la evolución del IP, tan sólo que éste no se convertirá tan rápida ni tan fácilmente en la única tecnología para la comunicación en red. La solución ideal se llama convergencia, pero quizás no de la forma en que estamos acostumbrados. La solución tradicional para unir la voz a la transmisión de datos en redes IP se llama VoIP (Voice over Internet Protocol). El punto de apoyo de esta idea consiste precisamente en la economía de una solución que prevé la construcción (y la manutención) de una sola, única red de comunicación, abandonando en consecuencia la tecnología PSTN. Además, la creación y lanzamiento de servicios avanzados resulta más fácil, especialmente para los proveedores de servicios de Internet, que normalmente no trabajan con una red PSTN. Pero en la perspectiva actual, el VoIP es sólo uno de los aspectos de la convergencia. Más en general, la convergencia, tal y como hoy la entendemos, es la posibilidad de unir y hacer funcionar (juntas o paralelamente) tecnologías diferentes. En este caso, dos redes vertebrales para el trasporte de voz y datos. De esta manera, el desafío se transforma en el acceso a los servicios desde cualquier lugar y a través de casi todos los medios. Esto significa estar capacitado para comunicarse durante los desplazamientos, mediante cualquier red, "leer" e-mails en el móvil por medio de un sintetizador vocal, o bien transportar la voz a través de una red IP pública como podría ser Internet: existen múltiples posibilidades y no se excluyen mutuamente. La idea del omnipresente IP esta desapareciendo poco a poco. Uno de los principales dilemas de los operadores de red móvil que ya han lanzado los servicios GPRS , o que se disponen a ello, es la elección de las cuotas de capacidad de red a dedicar a los nuevos servicios. Todas las previsiones apuntan hacia un enorme incremento del tráfico de datos, que será más importante en proporción. Pero, a diferencia de hace un tiempo, nadie cree ya en que el tráfico vocal esté destinado a reducirse con el tiempo, para sucumbir finalmente ante el omnipresente Internet. E incluso se prevé que, en cuanto a volumen, el tráfico de datos continuará por bastante tiempo en las dimensiones actuales (de minutos de conversación), mientras que el tráfico de datos aumentará exponencialmente. En un panorama de este tipo, no es fácil escoger la combinación adecuada. Los operadores de ref=/news/mobile_news/all/29459.gsmbox ONMOUSEOVER="popup('GSM: Global System for Mobile Telecommunications ','#df0050')"; ONMOUSEOUT="kill()">GSM/GPRS se encuentran en la situación de tener que orientarse hacia servicios todavía poco difundidos (pero de una enorme potencialidad), con perjuicio de un tráfico vocal ya establecido y ampliamente utilizado y, no menos importante, que genera abundantes beneficios. ¿Qué escoger entonces? Claramente, no existe una respuesta igual para todos. Incluso porque actualmente la situación se presenta bastante compleja. Se convierte así en prioritario orientarse hacia una óptima "convivencia" de las diversas tecnologías, flexibles y al mismo tiempo, compatibles con la situación específica de cada mercado y rica en soluciones. La esperanza se encuentra en la competencia, la apertura del mercado que conllevará una rápida disminución de los costes, y que podrá favorecer la difusión de las nuevas tecnologías de comunicación. La movilidad global, por ejemplo, todavía es un sueño. Estamos a punto de lanzar las telecomunicaciones de tercera generación; no obstante, a día de hoy, nadie sabe como serán estos servicios. Las promesas son muchas, pero está clara que la intención es la de comunicar: siempre, en todas partes, con todos. Adem Sehovic
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