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Gloria Steinem legó un daño irreparable al feminismo

Los medios liberales alabaron a Gloria Steinem como una "campeona de las mejores causas feministas" y "pionera" de la liberación de las mujeres frente al patriarcado... ninguno de ellos mencionó que ella odiaba ver a las madres lactantes y sus bebés. Para su suerte, sus progenitores jamás pensaron como ella. Difícilmente saldrá absuelta de la justicia divina

SEPTIEMBRE, 2026. La  imagen de las feministas desde hace rato rebasó el cliché: mujeres con sobrepeso, de gruesos anteojos, con un eterno rictus de amargura y, en fechas más recientes, cabello teñido con colores extravagantes y algunas con bellos rostros, aunque mayoritariamente con muestras de obesidad, requisito en buena parte de ellas.

Para Gloria Steinem, la recientemente fallecida activista del feminismo, esa constante era un triunfo para su causa: "El feminismo se estableció en parte para permitir a las mujeres que carecen  de atractivo físico tener acceso al resto de la sociedad", es decir, desde el principio se estableció que dentro del feminismo no había lugar para las bellas... permitirlo sería darle alas al patriarcado.

Ante ello, no deja de ser irónico que Gloria Steinem haya sido una mujer físicamente muy agraciada, rubia, delgada, de sonrisa fácil y poseedora de una envidiable facilidad de palabra. Fue líder desde la adolescencia, del mismo modo qué sería una necedad deseñar la enorme influencia que Gloria Steinem tuvo dentro del movimiento feminista el último medio siglo... algunas cosas para bien, muchas más para peor.

De hecho, fue su atractivo físico con el que Steinem desató su primera controversia: fue empleada como "conejiita" de los bares Playboy para renunciar al poco tiempo y de ahí publicar un libro donde daba cuenta del trato que se daba a las "conejitas" dentro de esos establecimientos, lo que incluía un incesante acoso sexual, extenuantes jornada de trabajo mal pagadas y el ser tratadas, casi en exclusiva, como meros objetos de entretenimiento y placeres masculinos.

Sobra decir que nada de eso causó gracia a Hugh Hefner, el fundador de la "conocida revista para caballeros" (válgese el nausebaundo cliché) por lo que se endurecieron los requisitos de admisión. Otra célebre "conejita", por cierto, fue Deborah Harry, la hoy mundialmente vocalista del grupo Blondie.

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Los años setenta fueron la década más feminista  del siglo XX. La ONU presionó a los países miembros para abolir los planteles educativos exclusivos para hombres, cuidándose de poner el mismo énfasis con los planteles exclusivos para mujeres, claro. La presión también abarcó a las actividades deportivas, penalizar la discriminación laboral contra las mujeres y exigir igualdad con los salarios percibidos por hombres. Muchos de estos puntos fueron analizados en el Congreso Mundial Feminista realizado en Teherán, Irán, en 1975 --sí, Teherán, donde gobernaba el Sha de Irán, ese misógino-- todo dentro de lo que fue el Año Internacional de la Mujer.

 

Entusiasmada, Steinam fundó junto con otras feministas la revista Ms, apelativo que refiere a una mujer que no indica si es soltera (Miss) o si es casada (Mrs) la cual registró buenas ventas desde su primer ejemplar. Cualquiera que revise el historial de Ms dará cuenta que Ms defendió muchas causas justa del feminismo, además de ofrecer orientación a las mujeres en caso de acoso y despidos injustificados. Sin embargo, la revista pronto cubrió otras áreas, entre ellas el indigenismo, las minorías raciales y el lesbianismo (Steinam se consideraba a sí misma lesbiana).

 

Desde los primeros ejemplares, Ms defendió con ahínco a la URSS, de la cual Steinam dijo: "está lejos de ser un paraíso, pero las mujeres ahí no sufren la misma opresión que tenemos en Estados Unidos", del mismo modo que en diversas ocasiones se le recibió con honores en los "congresos feministas" realizados en La Habana, donde incluso Fidel Castro la recibió personalmente. Por supuesto que ni a Steinem ni a ninguna de las editoras de Ms se les ocurrió preguntar porqué en ninguno de los países comunistas ni una sola mujer ocupó un puesto político importante... a menos que hayan hecho mención de Helena Ceaceuscu, la esposa del tirano Nicolae Ceaceuscu.

 

Una excepción fue Raisa Gorbachova, esposa del ya fallecido dictador Mijail Gorbachov, a quien definieron como "feminista y empoderada". Pero cuando Gorbachov ordenó abrir el Muro de Berlín, las editoras de Ms se desentendieron de ella.

 

Pero el daño más grave al tejido social que puede achacársele a Gloria Steinem es su apoyo a la interrupción voluntaria del embarazo (modo "políticamente correcto" de llamar al aborto) sin condición alguna, incluso si la gestante se  encuentra a días de dar a luz. Caben pocas dudas de que Gloria Steinem consideraba a un bebé dentro de una gestante como poco menos que un tumor.

 

En más de una ocasión, la hoy fallecida activista mostró su desagrado por la maternidad y por lo que ésta representaba, sobre todo la imagen de una madre amamantando a su bebé. Y es que, para el feminismo ultra de la revista Ms, el que una mujer tuviera descendencia la condenaba a no poder ejercer su potencial, a estar sometida a un marido que ejercía el patriarcado en la familia y quien para colmo le quitaba el apellido original para sustituirlo con el de su cónyuge; una mujer casada, para Steinem y sus camaradas, era una mujer destruida por el sistema capitalista.

 

Y como pudiera suponerse, Steinem era una opositora férrea a la pena de muerte, la cual, según el analista Ben Shapiro, en varias ocasiones esta activista calificó como "un acto salvaje, propio de cómo se aplicaba la justicia en la Edad Media y el viejo oeste", esto al mismo tiempo que Steinem promovía con fruición el aborto, práctica que igualmente pone fin a una vida humana pero que aparentemente no es un acto salvaje siempre y cuando se aplique en una clínica, práctica que, a diferencia de los reos condenados a muerte, no gozan de abogado defensor y la decisión de terminar con ellos es unilateral.

 

Es paradójico que alguien que odiaba tanto a la vida como Gloria Steinem, esa misma vida le haya permitido vivir más de nueve décadas. Sus artículos, sus conferencias, sus declaraciones y sus posturas costaron la vida a cientos, quizá miles de seres humanos, y por ello la prensa liberal la despidió con elogios.

 

El legado que deja Gloria Steinem es terrible: la mujer es ya es "dueña" de su propio cuerpo y puede decidir echar para fuera de éste a un ser vivo como quien extrae un tumor, puede acusar de abuso sexual ante la ley a su novio, esposo o jefe, y esa ley tomará como inapelable la acusación; puede acosar sexualmente a un hombre sin que haya consecuencias y solo basta que se haga de un buen abogado para dejar en calzoncillos al hombre del que decida divorciarse, siempre apoyada con la ley.

 

Sin embargo, hoy las mujeres del llamado mundo occidental están furiosas todo el tiempo, se siguen asumiendo como las oprimidas, parecen odiar al mundo, ven al hombre como una bestia lasciva, les aterra la posibilidad de tener hijos y no saben qué rumbo tomarán sus vidas. Buena parte de la pesadilla que hoy viven estas mujeres se las deben al activismo de Gloria Steinem, a quien la prensa celebra casi como una santa del siglo XXI.

 

Gloria Steinem parecía gozar con destruir el derecho a la vida que sus propios padres le habían concedido a ella. Ahora que ya ha abandonado este mundo, no le deseamos clemencia divina. Por cierto, esta "feminista ejemplar", falleció de cáncer de mama, ésa parte de la mujer que Steinem varias veces reconoció que le "repugnaba" ver amamantar a un bebé.

 

Si Gloria Steinem defendió las "mejores causas" del feminismo, provoca horror cuáles causas son las peores dentro del movimiento.

 

 

 

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