fasenlínea.com

Análisis, comentario y demás

 

Versión impresión

Diana, una ex princesa amada por los filoconspiradores

Tras su matrimonio, parecía vivir un cuento de hadas real hasta que la Corona decidió deshacerse de ella pues sus amoríos y su activismo ya eran incómodos. Eso es lo que los amantes de las conspiraciones han difundido desde su muerte. Lo innegable es que su infortunado final tuvo más que ver con los paparazzi que con intrigas monárquicas

DICIEMBRE, 2010. Tony Blair ha sido uno de los primeros ministros ingleses más brillantes, aunque lleva consigo una pifia, y no, difícilmente es el haber enviado tropas a Irak a petición de George W. Bush, sino el haber llamado, en red nacional, "Princesa del Pueblo" a Diana Spencer. Fue así como la ex consorte del príncipe Carlos pasó a ser una especie de "víctima" de una monarquía insensible, alguien que entró al Palacio de Buckingham, vio la mugre ahí imperante y pagó con su vida. Después de todo esa ha sido la arenga con la cual se nos ha aburrido los últimos 13 años, esto es, que a Diana de Gales la asesinaron y no que murió cuando huía de unos paparazzi obsesionados y enfermizos. La "Princesa del Pueblo", por tanto, había sido ultimada por un compló.

Diana ha sido, por tanto, el estandarte más recurrente para criticar a la monarquía, para exigir que se disuelva y, si se puede, enviar al paredón a la familia real. Es cierto que desde hace rato el pueblo británico ve a los Windsor como gente que no trabaja, que se la pasa en protocolos, cenas de gala, viajes y cuchicheos variopintos y, más doloroso aun, que en un país asfixiado por un fisco voraz ellos estén exentos de pagar impuestos... hagamos de cuenta que el equivalente de los Windsor en México son los diputados y los senadores; sin duda algo así daría coraje. Es visto, también, como una venganza de los súbditos hacia la Corona, que tardó en llegar pero finalmente ocurrió: hace apenas un siglo criticar a los soberanos era motivo de arresto y, un poquito más atrás, pecado de lesa majestad, es decir, que se pagaba con una literal pérdida de la cabeza.

Y es cierto: los Windsor difícilmente avizoran un mejor futuro. Después de todo, cuando la Reina Isabel (a quien Dios Salve) abandone este mundo, le sucederá su hijo Carlos, quien ha esperado ocupar el trono desde que los Beatles lanzaron su "Love Me Do", allá en los sesenta. Y con un futuro rey tedioso, aburridor y aburrido y que se cree la cantaleta esa del "cambio climático", es de esperarse que en sus discursos miles de británicos dejarán atrás sus problemas de insomnio. Pero mientras llega ese momento a Carlos se le atacará por "haber orquestado" la muerte de la blairiana Princesa del Pueblo. ¿Pero cómo? ¿Acaso los filoconspiradores han visto algún destello de inteligencia en el futuro soberano para urdir semejantes cosas que el resto de nosotros no hayamos detectado?

Nos dicen, por ejemplo, que Diana nunca fue aceptada en la Familia Real. Falso: la reina la aceptó desde el primer momento; después de todo se trataba de la hija de Lord Spencer, hombre con el que cultivaba gran amistad, y sólo perdió su amistad (y su confianza) cuando se separó del grisáceo Carlos. Eso hacen la mayoría de las suegras en este mundo, tengan hemoglobina azul o no. Que al principio hubo roces, ni dudarlo, pues la Reina sabía muy bien que Camilla Parker difícilmente sería extirpada de la memoria de su hijo, y finalmente hoy la ha aceptado. Desde un principio la relación estaba destinada al fracaso.

Y estaba destinada a derrumbarse pues Diana apenas tenía 21 años al casarse con Carlillos en la llamada "Boda del Siglo". En las cortes europeas ha habido matrimonios desde que ambos eran apenas unos niños de modo que en estos términos, la princesa ya estaba un tanto quedada para casarse, y ni qué decir de su marido, al que le habían querido empaletar desde las infantas españolas hasta Carolina de Mónaco. Si tantas lo habían rechazado era por algo, y la misma Diana lo comprobó la misma noche de bodas cuando Carlos, en vez de consumar el matrimonio, llamó a su amigota Camilla. Casi de milagro se diría que, en el siguiente lustro, nacerían los dos únicos hijos de la pareja (a lo que, conforme a la antiquísima tradición en las casas reales del continente veterano, se dice que al menos uno de ellos no lo es del príncipe heredero).

¿Y por qué afirmamos que Tony Blair cometió una pifia al llamarla "Princesa del Pueblo"? El ex primer ministro, lo reiteramos, era (es) un político inteligente, más aún si lo comparamos con un badulaque como su sucesor, Gordon Brown. Lady Diana estaba lejos de ser una cenicienta pobre que se casa con el príncipe azul pues siempre vivió en la alta sociedad británica, un mundo que ciertamente no le era mucho de su agrado pero del que tampoco despotricó mientras estuvo soltera. Ya unida al Príncipe, Lady Di aparecía en público con una vasta colección de vestidos, tanto así que cierta revista española de chismerrío destacó que en un año no repitió una sola de sus prendas. Eran años en los que la galesa Diana vivía, sin duda, como princesa.

Su innegable filantropía empezó a ser cultivada cuando aún estaba unida al tedioso Carlos. Visitó varios países de África donde pudo constatar la pobreza, un mundo que quizá jamás habría conocido sin haber sido aspirante a esposa de un futuro rey. Pero es importante recordar que también lo hizo para huir de la prensa, de los aborrecidos paparrazzi, quienes nunca habrían de dejarla en paz. A mediados de los noventa y convencida que su matrimonio ya estaba más sumergido que el Titánic, Diana se separó y se le invitó amablemente a abandonar al palacio de Buckingham; la partida la había ganado en definitiva la "plebeya" Camilla Bowles.

Luego llegarían varios romances, el más conocido con Didí Al Fayed, hijo del dueño de los almacenes Harrod's, y con quien murió en aquel accidente automovilístico junto con Diana mientras ambos huían de los paparrazzi. Al Fayed padre fue de los primeros en insistir que hubo "conspiración" para deshacerse de Al Fayed, supuesto padre del supuesto bebé que ella esperaba, algo inaceptable para los intereses de la Corona inglesa. Sin embargo Diana ya se había separado de Carlos y en caso que en ese tiempo éste hubiera subido al trono Diana ya no tenía velas ni cirios que encender en Buckingham, aun si fueran sus hijos quienes sucedieran al padre.

La "conspiración" tiene mucha relación con el deseo de exculpar a la prensa por el trágico accidente que costó la vida a la (ex) princesa; después de todo nadie denunció "conspiración" alguna cuando The Washington Post publicó los documentos que sacaron a Nixon de la Casa Blanca (todo ocurre, suponemos, porque siempre "cumple con su deber"). El final de Diana de Gales fue triste, pero bastante aleccionador, pero no fue un "accidente inducido" como le ha llamado Al Fayed padre. Es triste que Diana de Gales se haya ido, pero más triste que los filoconspiradores no la dejen descansar todos estos años.

 

 

Inicio

Nacional

Internacional

Cibernética

 

Literatura

Cine

Medios

Y demás