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Cómo le irá realmente a México con Donald Trump
La elección del multimillonario ha desatado en este país una serie de rumores, algunos factibles, otros totalmente descabellados. Preguntamos a un analista conocedor de lo que en realidad podría pasar una vez que Barack Obama abandone la Casa Blanca. Entre otras cosas, que a Donald Trump no le quedará otra que bajarle al tono
DICIEMBRE, 2016. La noticia del triunfo de
Donald Trump como presidente de Estados Unidos no fue precisamente
recibida con beneplácito en México. A ese shock inicial la ha
seguido un alud de rumores, entre ellos que el Departamento de
Inmigración endurecerá los trámites para obtener la visa, que
incluso ya se las estaban recogiendo a los mexicanos que salen de
Estados Unidos, algo imposible dado que hasta el 20 de enero Barack
Obama será el presidente y Trump no tendrá poderes ejecutivos sino
hasta entonces.
"Los rumores son el principal síntoma de ese temor", apunta Manuel
Lasso, nuestro entrevistado. "Se ha dicho una serie de barbaridades,
incluso que cuando sea presidente, Trump mandará virus y epidemias a
través de la frontera con México. Son tonterías absolutas". Por ello
Lasso tiene confianza en que Trump deberá "aplacarse" una vez que
asuma el poder. "Bill Clinton también traía la espada desenvainada
en su campaña pero al llegar a la Casa Blanca suavizó el discurso
que incluía oponerse al TLC, lo mismo que hoy trae el señor Trump,
quien se dará un frentazo con la realidad de lo que hoy son los
Estados Unidos".
Por supuesto, agrega, "si Trump se mantiene terco en sus posturas,
el país se dividirá más y las consecuencias podrían ser muy
peligrosas. Lo último que hoy necesita Estados Unidos es un
presidente que provoque odios por un lado y desilusiones por el
otro".
Lasso, conocedor de la política norteamericana y de su historia, nos
ofrece un bosquejo de cómo le iría a México co Donald Trump. "Ni
modo, a aguantar vara los próximos cuatro años. Esperamos que de
esta experiencia salga algo bueno".
TRUMP, COMO
PRESIDENTE
Obviamente en México queríamos, deseábamos, que Hillary Clinton
hubiera ganado las elecciones, pero ni modo, los norteamericanos
decidieron otra cosa y eso es algo que debemos respetar. Lo que hay
que dejar en claro es que las cosas no van a cambiar de un día para
otro en cuanto Trump asuma la presidencia pues habrá mucha
reticencia por parte de los demócratas, los medios de comunicación y
varias organizaciones que están en contra de Trump. Evidentemente
Trump busca que Estados Unidos vuelva a ser un país aislado, que se
dedica a lo suyo pero que realiza aventuras imperialistas cada vez
que así lo considera conveniente. Sin embargo el mundo es distinto,
más globalizado y donde las decisiones que toma un país repercuten
en el resto. Quizá Trump tendrá que aprender sobre la marcha cosas
que desde fuera de la Presidencia se ven muy sencillas.
Veo muchas similitudes entre lo que se decía de Reagan al iniciar su
gobierno y Donald Trump. Un vistazo a los periódicos de ese tiempo
dan cuenta cómo se decía que Reagan incluso intentaría apoderarse de
la Península de Yucatán, en serio, y de echar del país a quienes
hablaran en español en sitios públicos. Pero aunque le duela a
muchos, Reagan fue un buen presidente: terminó con la guerra fría y
de pasó logró revertir la herencia desastrosa de Jimmy Carter.
Hay que comprender, por otro lado, que no todos los que votaron por Trump
son racistas. Es una estupidez pensar eso y voy a insistir en este
punto. En primer lugar, Hillary fue la peor opción que pudieron
escoger los demócratas. La mujer está sumamente desprestigiada; los
norteamericanos no son tontos y saben bien que la prensa trató hasta
donde pudo trató de cubrir sus transas.. Esa es la gran paradoja que nos
dejaron estas elecciones: los republicanos tenían varias opciones
para la presidencia, y hoy se ve que los otros dos aspirantes
republicanos, Marco Rubio y Ted Cruz, tenían altas posibilidades
también de derrotar a Hillary, quien aparte del senador Sanders, no
tuvo mayor oposición dentro del Partido Demócrata. Si hubieran
tenido un candidato más movido al centro tal vez hoy los demócratas
continuarían en la Casa Blanca. Tenemos que ver las cosas dentro de
la perspectiva estadounidense, más que en la nuestra, para entender
porqué hubo gente que votó por Donald Trump; la mayoría lo hicieron
hartos del stablishment demócrata.
Si Donald Trump modera su discurso y primero se enfoca en arreglar
la economía interna de Estados Unidos podrá defenderse de los
ataques, por ello son buenas noticias que en sus primeros 100 días
de gobierno no hubiera incluido lo del Muro. Pero eso sí, tendrá que
moderarse si no los medios de comunicación se lo van a devorar y
quizá hasta hacerlo caer en otro Watergate.
INMIGRACIÓN
Dejémoslo en claro: la inmigración a Estados Unidos nunca se acabará
mientras América latina no mejore sus condiciones de vida. Mientras
haya miseria en Honduras, en México, en Guatemala, en El Salvador,
habrá quienes arriesguen la vida para buscar prosperar en Estados
Unidos. Nuestros países parecen no sentir culpa de este vergonzoso
éxodo. También hay que entender
que Estados Unidos está defendiendo su territorio como lo haría
cualquier otro país en idénticas circunstancias. Imaginemos que el
día de mañana cientos de miles de centroamericanos empezaran a
invadir el sur de México ¿acaso veríamos manifestaciones en el
Zócalo exigiendo al gobierno que decrete una amnistía que les
permita quedarse? ¡Por supuesto que no!
Igualmente, uno de los secretos peor guardados del Servicio de
Inmigración de Estados Unidos es que más de una cuarta parte de los
residentes ilegales en Estados Unidos entraron al país con una visa
en regla, gente en su mayoría de clase media y alta con
conocimientos del inglés y empapados de la cultura norteamericana y
a quienes es más fácil mezclarse entre los norteamericanos. ¿Qué va
a hacer Trump, también los va a perseguir? Lo cierto es que la
inmigración de ilegales a Estados Unidos presenta dos aristas, una,
la de quienes efectivamente llegan a ese país a vivir de la caridad
pública, prácticamente unos aviadores como los miles que hay en
México, pero también hay quienes viven de su trabajo, mal pagado si
quieres, pero que para sus expectativas les representa una fortuna
en ingresos.
Luego viene el asunto legal: no será tan fácil deportar a muchos
ilegales si tienen hijos nacidos en territorio estadounidense, o
quienes ya están regularizando sus papeles, ello sin olvidar a
quienes están haciendo todo el trámite legalmente y quienes con
enojo ven cómo los ilegales están recibiendo ciertas preferencias
como la reciente amnistía del presidente Obama.
SALIDA DEL TLC (1)
A menos que Trump sea omnipotente y se gane al Senado --recordemos
que con todo y que los republicanos tienen mayoría, hay un amplio
rechazo en ese partido hacia el multimillonario-- verá que no es tan
fácil salirse del Tratado de Libre Comercio. Con inteligencia, el
primer ministro canadiense advirtió "cuando quieras revisarlo, aquí
te espero", lo que entre líneas significa que la revisión del
Tratado con Canadá podría traerle más pérdidas que beneficios a
Estados Unidos. En cambio, en México el gobierno mexicano está
temblando de miedo ante esa posibilidad. Y qué raro ¿qué no eran los
demócratas los que en los 90 estaban en contra que se firmara el TLC
con México?
Los poderes ejecutivos de Trump no le alcanzarían para salirse del
TLC por sus pistolas, necesita la aprobación del Senado; esta es una
situación idéntica a la que impidió a Barack Obama cerrar
Guantánamo, por cierto. Mientras el Senado diga NO a salirse del TLC Trump no podrá hacer nada. Ahora bien, no olvidemos las sanciones
administrativas y las multas que se estipularon al momento de
firmarse el Tratado allá en 1993. Creo que Trump se va a llevar un
chasco... claro, a excepción que convenza al Senado, pero luego
vendrían las consecuencias por parte de los otros socios comerciales
de Estados Unidos. Este asunto del TLC exhibe claramente el
desconocimiento que tiene Trump acerca de la política
norteamericana y son sus socios comerciales.
Si Donald Trump no quiere que los empleos norteamericanos se vayan a
México entonces que el gobierno norteamericano simplifique los
trámites, que los sindicatos moderen sus desbordadas exigencias y
que se reduzcan las elevadas tasas al ISR para la creación de
empleos en Estados Unidos. Así de sencillo. Culpar a México de que
las empresas de Estados Unidos me parece una actitud infantil y
exculpatoria.
REPUNTE DEL RACISMO
Hay que dejarlo en claro: el racismo ha repuntado como no se había
visto en décadas en Estados Unidos. El discurso ha sido incendiario,
enfatizado en que los negros son pobres por culpa de los blancos
ricos. Es un racismo a la inversa del que nunca hablan los medios.
¿Te imaginas si surgiera un grupo activista que se llamara "Las
Vidas Blancas importan"? Se le relacionaría com el Ku Klux Klan. En
cambio hay grupos autonombrados "Las Vidas Negras Importan" y
utilizan epítetos claramente racistas hacia la población blanca.
¿Acaso no es racismo denunciar el "privilegio blanco"' ¿Te imaginas
si alguien apuntara que multimillonarios como Beyoncé o Kanye West
gozan de un "privilegio negro"?
El problema, por supuesto, es que con la llegada de Trump el racismo
se vaya al otro extremo, por eso Trump debe condenar abiertamente
que organiaciones como el Ku Klux Klan hayan celebrado su triunfo.
Debe condenarlos, acusarlos de racistas que quieren estropear su
presidencia. También es obligatorio señalar que el Estados Unidos
como existió hasta mediados de los 60 ya no va a regresar; el país
es hoy más multicultural que en toda su historia. El esfuerzo más
grande para Trump y los otros presidentes que vengan es que los
nuevos inmigrantes se queden integrados totalmente a su nuevo país.
Así ocurrió por muchas décadas. Las políticas multiculturalistas (en
el fondo segregacionistas) deben ser eliminadas. Por supuesto que el
mejor elemento para combatir el racismo en Estados Unidos es con una
mayor prosperidad.
¿LA FORMA IDEAL DE ENFRENTAR A TRUMP?
En las redes sociales están circulando varias campañas
para dejar de comprar productos norteamericanos y sustituirlos con
productos netamente mexicanos. En apariencia son campañas par
promover el nacionalismo, muy parecidas a las de los años 50 y 60
que demonizaban todo lo que venía de fuera. Lamentablemente para
ellos hoy vivimos en otro mundo, uno mucho más globalizado y donde
México, desafortunadamente, va muy atrás en tecnología, educación e
infraestructura para sostener una economía productiva.
Por ejemplo, hay quienes exigen dejar de comprar el chocolate
Abuelita porque lo produce una empresa trasnacional, y piden
sustituirlo por un chocolate netamente mexicano. Pero les tenemos
noticias: el empaquetado del chocolate netamente mexicano, la
impresión y todo lo que se utilizó para fabricarlo es tecnología
norteamericana, incluidos los autos donde se transporta el producto.
En vez de ayudarnos, estas campañas nos perjudican: con cada boicot
a estas empresas se atenta contra el empleo de miles de personas que
estas multinacionales tienen contratadas en México. Recordémoslo,
quienes trabajan en Procter and Gamble, en McDonald's, en Wal Mart,
son mexicanos. Al no comprar el chocolate Abuelita estás dejando de
pagarle su sueldo a un empleado mexicano que, primero, nunca votó
por Donald Trump... al igual que la mayoría de estas empresas
norteamericanas que vienen a invertir aquí.
Esta respuesta proviene de un nacionalismo ramplón, inútil y
contraproducente.
Si el gobierno mexicano quiere mostrar su desacuerdo y enfrentarse a
Donald Trump, en lugar de idear campañitas debe promover la creación
de empleos privados, reducir el gasto público vía reglamentaciones y
regulaciones estúpidas. Si se produjera riqueza en México, nadie
tendría necesidad de irse a vivir a Estados Unidos, asimismo se
mejoraría la calidad de nuestros productos y podrían competir
directamente con los productos norteamericanos o de cualquier otro
país.
Lo repito: en NADA afectará al gobierno de Donald Trump que los
mexicanos dejen de comprar chocolate Abuelita y compren chocolate
ciento por ciento mexicano. En cambio, eso afectará a nuestra
economía. La otra opción, por supuesto, es dejar de ir a Estados
Unidos a comprar artículos tasados en dólares. Ahí sí le dolería a
los empresarios gringos y, en consecuencia, al fisco norteamericano.
Si no mejoramos nuestra infraestructura para producir riqueza, los
mexicanos nada ganaremos si seguimos chillando porque Donald Trump
ganó las elecciones. Así lo decidió el pueblo norteamericano y eso hay que respetarlo. La democracia también consiste en
respetar el triunfo de quienes no nos agradan.
_________
(1) Como muestra de lo que afirmó Lasso en esta plática, Wilbur Ross, candidato a ocupar el Departamento de Comercio de Estados Unidos, y afirmó que el TLC no desaparecerá y que solo requiere de "revisiones" en varios de sus puntos.
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