9.Cabello de fuego.

Nora Rosseau se preparaba para el descanso, dejándose envolver por la tranquilidad de la noche. Su piel, acariciada por la suavidad de un camisón de seda que se ceñía delicadamente a su figura, revelaba la curva generosa de sus pechos, liberados del apretado confinamiento del brasier.

El delicado movimiento de la tela apenas rozaba su cuerpo, fluyendo sobre sus muslos desnudos y combinándose perfectamente con los pantaloncillos a juego, hechos de la misma seda. Debajo, unas pantis de algodón suave añadían una capa más íntima y cómoda a su atuendo de descanso, un contraste entre la sencillez y la sensualidad que caracterizaba cada aspecto de Nora.

Con un suspiro, se deslizó entre las sábanas, permitiendo que el tejido envolviera su cuerpo con una sensualidad natural. Cerró los ojos, sintiendo cómo la calma y el confort la abrazaban lentamente. El mundo exterior se desvaneció y, poco a poco, Nora se fue hundiendo en el abismo placentero del sueño.

Pero esta noche, algo diferente la aguardaba. En lugar de caer la habitual pasividad del sueño, Nora se sintió extrañamente ligera, como su estuviera flotando. Abrió los ojos y se sorprendió de verse rodeada de una suave claridad, un vacío absoluto y pacífico que además le transmitía una intensa serenidad.

Nora descubrió entonces que la mitad superior de su cuerpo empezaba a desvanecerse. Sin dolor ni angustia, más bien con simple curiosidad, presenció la manera en que sus manos se disolvían en partículas de luz. Luego fueron sus brazos los que desaparecieron hasta los hombros.

No había sensaciones desagradables, solo un vago desapego mientras sus grandes tetas y el resto del torso fueron desintegrándose mientras su cabeza se desplazaba con suavidad hasta fusionarse por el cuello sobre sus caderas.

Con el desvanecimiento de la mitad superior de su cuerpo, el camisón se liberó, desapareciendo ingrávido hacia destinos desconocidos. Nora se percató de que ahora únicamente vestía el pantalón de seda sobre los pantys de algodón, y experimentó asombro ante la tranquilidad con la que aceptó su nueva forma.

Nora sintió como si unas manos incorpóreas agitaban su cabello, que súbitamente cambio su color a un tono intenso de rojo, como si una nube de fuego rodeara su cabeza. Nora agitó la cabeza, haciendo ondear su fino cabello que desprendió destellos de brillante color rojo y un fragante aroma.

De la misma manera en que había flotando fuera de su cama, Nora llegó a un lugar maravilloso. Con delicadeza, sus pies desnudos se posaron sobre un suelo cristalino que se sentía suave y tibio. A su alrededor, había estructuras fractales de variados tamaños se erguían con tonos cálidos. El cielo ostentaba un tenue matiz que emitía una suave luz, llenando el entorno con una atmósfera mágica.

Justo frente a ella, una de las estructuras fractales, lucía lisa y reflectante como un espejo, en donde Nora pudo admirar y modelar su nueva forma, compuesta únicamente por sus generosas nalgas y caderas, su pubis y sus magníficas piernas; con su cabeza erguida sobre un airoso cuello que se conectaba directamente a su cintura.

La imagen que admiraba Nora en el espejo irradiaba fuerza y seguridad, mismas que se convertían en tranquilidad y aceptación hacia su nueva e impresionante imagen.

Nora se separó unos pasos del fractal espejo y miró a su alrededor. Una figura femenina, que había respetado el tiempo de Nora en reconocer su nuevo cuerpo, se acercó entonces.

Era de baja estatura, pero lo que le faltaba en altura lo compensaba con un aura imponente. Su figura delgada, marcada por curvas elegantes y generosas, se insinuaba bajo una vaporosa túnica blanca que no parecía seguir las reglas del mundo físico, sino flotar a su alrededor como si fuera parte de su ser etéreo. Cada movimiento suyo hacía que la túnica ondeara suavemente, reflejando destellos de luz, como si su misma esencia estuviera hecha de energía luminosa.

Su cabello dorado se movía en suaves espirales alrededor de su cabeza, en un bucle continuo que parecía estar siempre animado por una brisa mística, invisible para los demás.

A través de sus profundos ojos azul zafiro, se percibía una sabiduría inmemorial, más antigua que las estrellas, pero teñida de una gentileza cálida que envolvía a quienes la miraban, infundiéndoles calma.

“Recibe mi saludo y mi respeto, Nora Rosseau, mi nombre es Aeryn” su voz era profunda y cálida.

Nora devolvió el saludo y sus primeras preguntas surgieron de manera natural: "¿Dónde estoy? ¿Qué ha sucedido con el resto de mi cuerpo?".

Aeryn sonrió con amabilidad y explicó: "Lo que vas a escuchar puede no coincidir con tus conocimientos científicos, pero debes mantener una mente abierta. Este lugar es un Nudo, un espacio que sirve como enlace interdimensional. Aquí, solo se puede acceder mediante la magia, como la mía, o mediante la ciencia, como la tuya y el poder de teletransportación de tus piernas".

Nora preguntó con curiosidad: "Puedo tratar de entenderlo, pero ¿por qué estoy aquí y dónde está el resto de mi cuerpo?".

Nora era una mujer alta y sus piernas largas; y Aeryn era de corta estatura, por lo que sus cabezas quedaban casi a la misma altura.

“En mi universo estamos luchando contra un invasor que lidera un ejército proveniente de la realidad de otro universo. Nosotros lo llamamos el Atroz y por mi magia sabemos que su poder deriva de una fuerza ancestral, la cual otorga vida, fuerza y ferocidad a sus soldados.
Si el Atroz es sometido, se extinguirá la esencia vital de sus seguidores. Mi magia también ha detectado que, para protegerse de la muerte, el Atroz extrajo su propia esencia vital de su cuerpo, la fragmentó y ocultó en otro Nudo, confiando su custodia a sus tres hembras que dominan ese Nudo".

Las palabras de Aeryn generaron nuevas interrogantes en Nora, pero la maga continuó:
"Estás aquí porque nadie en mi universo puede ingresar a ese Nudo. Solamente tú tienes esa capacidad. Te he traído aquí para que puedas adentrarte en el Nudo y buscar las fracciones del alma del Atroz, con el propósito de eliminar la amenaza que representa. El Atroz es un devorador de universos que ya ha sometido a más de diez, y cuando haya conquistado el mío, el siguiente en su lista puede ser el tuyo".

Nora comenzaba a asimilar la magnitud de su tarea, pero aún quedaban misterios sin resolver. "Pero... ¿dónde está el resto de mi cuerpo?", preguntó con preocupación.

Aeryn acarició con ternura el rostro de Nora y explicó: "Para proteger los universos, necesitas esta forma, en la que tu mente, tu esencia y todos los poderes de tus piernas están integrados. Es la forma más pura de ti misma, y en esta condición, posees un poder asombroso".

Nora asintió comprendiendo la profundidad de su transformación. La calma que Aeryn irradiaba la llenó de confianza. Aeryn sonrió nuevamente y continuó: "Cuando completes tu misión y regreses a tu universo, recuperarás tu cuerpo en su totalidad. Ahora, aprovecha este poder único que posees. Estás aquí por un motivo, Nora, y sólo en esta forma puedes afrontar los desafíos que te aguardan".

Nora miró sus piernas, ahora tan cercanas a su cabeza, y experimentó una extraña sensación de desconexión. Intentó comunicarse telepáticamente con ellas, como solía hacer en su universo, pero notó que algo había cambiado. Sus piernas no respondieron, y la preocupación se apoderó de ella.

Aeryn, siempre atenta a las emociones de Nora, percibió su inquietud y con una sonrisa tranquilizadora, explicó: "En esta nueva forma que has asumido, has recuperado la integridad del manejo de tu cuerpo, que compartes con tus piernas en tu universo. Ahora eres un ser completo, pero no te preocupes, tus piernas siempre estarán contigo en tu corazón y en tu nueva forma. Son tus mejores aliadas, y aunque no puedas comunicarte con ellas como antes, siempre serán tu apoyo incondicional".

Nora asintió con resolución, lista para enfrentar cualquier desafío. No obstante, al mirar hacia abajo, notó que sus piernas estaban desnudas y descalzas bajo el pantalón de seda que llevaba. Con un toque de humor, Nora comentó: "No estoy segura de que este atuendo sea apropiado para una misión tan crucial".

Aeryn sonrió, comprendiendo la preocupación de Nora, y asintió. "No te preocupes. He preparado un atuendo digno de la gran heroína que eres". Con un gesto de su mano, envolvió a Nora en un resplandor brillante.

Cuando se disipó la luz, Nora se miró en el fractal espejo, y descubrió que su pantaloncillo de seda había desaparecido, y en su lugar, ahora vestía un panty ajustado de color azul oscuro con una flor de lis en líneas doradas sobre el pubis, en la parte frontal.

Aeryn transmitió una palabra clave mentalmente, que quedó grabada en la mente de Nora. Nora asintió y repitió la palabra en su mente. En ese instante, unas mallas de color azul oscuro cubrieron sus piernas con la misma elegancia y sensualidad que unas pantimedias.
Líneas doradas destacaban las elegantes curvas de sus piernas, otorgándoles un aspecto majestuoso. Además, las mallas se prolongaban sobre sus pies unas finas botas de tacón alto, del mismo color y material.

Aeryn transmitió otra palabra clave a la mente de Nora, y esta vez, un asombroso cambio ocurrió. Sobre la prenda de color azul oscuro, aparecieron piezas de metal brillante que se desplegaron, cubriendo las piernas de Nora desde los pies hasta el cuello.

Estas piezas de metal se ajustaron perfectamente a las generosas formas de sus piernas, proporcionándole una sólida protección, y otorgándole un aspecto aún más majestuoso. En sus pies, las placas de metal se ajustaron sobre las botas, y Nora pudo ver que cada uno de los elegantes tacones altos, disponía ahora de una afilada hoja de brillo amenazante.

La flor de lis, símbolo de nobleza y valor, seguía brillando con fuerza en el frente de las piernas de Nora, recordándole constantemente su compromiso con esta nueva misión. Con su atuendo ahora completo y fortificado, Nora estaba lista para enfrentar cualquier desafío que se presentara.

Aeryn explicó a Nora que, en su nueva forma, poseía la extraordinaria sensibilidad y la fuerza extrema de sus piernas, y que, con ese atuendo, se sentiría protegida y preparada para enfrentar los desafíos en esta dimensión misteriosa. Nora asintió, lista para asumir su nueva identidad como heroína interdimensional.

Aeryn se colocó atrás de Nora y con manos delicadas empezó a tejer una trenza con su cabello. Mientras lo hacía, Nora sentía que en su mente se desplegaba un mapa del Nudo al que debería entrar, señalando un camino con una línea dorada.

“Ya tienes en tu cabeza la ruta que debes seguir, así como las palabras para utilizar tu atuendo” dijo Aeryn.

Nora admiró su imagen en el fractal espejo. Sus monumentales piernas cubiertas de brillante blindaje metálico con la flor de lis dorada sobre su pubis y con la coleta trenzada de su cabello rojo que caía de manera coqueta entre las placas cóncavas de la armadura que cubrían su trasero, le daban un aspecto majestuoso.

Con una sonrisa en el rostro, Nora comentó: "Siempre quise ser pelirroja, pero nunca me animé. Parece que ahora tengo el look perfecto".

Aeryn asintió y dijo: "Ya estás lista, guerrera. Es momento de empezar".

Un intenso resplandor deslumbró unos segundos a Nora, que sintió un leve vértigo cuando el piso desapareció y resurgió inmediatamente bajo sus pies

El recinto de fractales había desaparecido. En su lugar, el Nudo estaba formado por espacios planos, comunicados entre sí por rampas y escaleras que subían y bajaban sin orden aparente, entre altas paredes ornadas por estructuras geométricas de todos tamaños que pudieran simular ventanas y balcones, algunas veces simétricos y otras en total desorden.

Tanto las paredes como el piso, y algunos techos que aparecían, eran de un material ligeramente granuloso, de colores opacos en distintas variedades de gris y beige. El cielo era color blancuzco y emanaba una claridad sin sombras.

El silencio era casi total, roto solo por el rumor de agua cristalina que corría por algunos canales y caía en finas cascadas entre piso y piso o sobre las paredes.

Nora siguió la línea dorada señalada en el mapa. Se había quitado la armadura y vestida con las mallas azules caminaba a buen paso. La impresión de ser solo sus piernas se volvió más grata al disfrutar la sensualidad de su marcha. A cada paso sentía el agradable contoneo de sus caderas, remarcado por el firme sonido de sus tacones, y disfrutaba también como su trenza se balanceaba entre sus nalgas sobre la panti de fino tejido azul

Al final de descender por una amplia escalera Nora se encontró en un vasto recinto techado, con paredes, piso y techo de un uniforme color gris.

Nora podía usar la poderosa percepción visual de sus piernas, y con ella pudo revisar con detalle la figura que a pasos lentos surgió por el otro extremo del recinto.

Volgra era una mujer muy alta y corpulenta. Tenía unas piernas gruesas plantadas sobre anchos pies. Caderas descomunales y en el torso había tres pares de grandes tetas que se bamboleaban con los movimientos del cuerpo.

La mujer tenía seis brazos y cada uno enarbolaba un arma de golpe diferente. Porras, macanas y garrotes de variadas formas, amenazaban a Nora conforme la mujer disminuía a grandes zancadas la distancia que le separaba de Nora.

Volgra tenía una espesa cabellera negra, de duros rizos, enmarcando un rostro que contrastaba sus rasgos finos y hasta delicados con la brusquedad del resto del cuerpo. La piel de la cara era de un tono ligeramente bronceado. Estaba desnuda y el resto del cuerpo cubierto por pequeñas escamas de color grisáceo. Sus labios temblaban ligeramente, emitiendo una canción con fina voz, similar a un alegre gorjeo.

Nora invocó su armadura y sin vacilar se lanzó contra la mujer monstruosa, que de inmediato balanceó sus poderosos brazos en furiosos golpes.

Nora uso su capacidad de teletransportación para saltar tras la mujer monstruosa, tratando de atacarla por atrás, pero se llevó una sorpresa cuando una porra hábilmente manejada la golpeó en un muslo y la hizo volar unos metros.

Volgra no tenía espalda, pues en su parte posterior había otros tres pares de tetas, iguales a las originales, y en su cabeza había otra cara mirando en sentido opuesto, cuya boca colaboraba haciendo dueto al canturreo que gorjeaba su cara primaria.

Nora combinó entonces su agilidad y su habilidad de teletransportación para atacar a Volgra con poderosas patadas, pero descubrió con angustia que por más fuerte que disparaba las punteras blindadas de sus botas, no parecían causarle daño a la mujer monstruosa.

Nora trató entonces de usar sus rodillas y muslos como armas de impacto, pero tampoco logró lastimar a Volgra, cuyos golpes de mandoble si alcanzaron en dos ocasiones más a Nora, que a pesar de la armadura resintió el dolor cuando las porras se estrellaron en sus muslos y nalgas, todo mientras las bocas de Volgra persistían en su alegre canción.

La mente analítica de Nora se impuso un momento cuando se teletransportó a unos metros para reponerse un poco de los golpes que había recibido. Nora descubrió entonces que, en cada lado, los tres brazos respectivos estaban engarzados en un solo hombro. Nora trató de imaginar la compleja articulación que hacía falta para mover tres brazos y decidió buscar ahí el punto débil de Volgra.

Nora aprovechó que Volgra embistió contra ella, trinando gozosamente y agitando sus descomunales brazos armados, para escabullirse con una ágil pirueta por abajo y a un lado de la mujer monstruosa y lanzar en el momento oportuno sus dos tacones armados contra la axila de Volgra. Con un giro de las caderas en el suelo, las navajas de los tacones rasgaron y agravaron más la herida causada.

Nora rodó por el suelo y de un salto se puso en pie, en el momento oportuno adecuado para ver como la cabeza de Volgra giraba desconcertada, cuando las dos caras se empeñaban en ver la forma en que los tres brazos de la axila herida colgaban inertes. A pesar del daño recibido, las caras de Volgra persistían en su alborozado canto.

Nora no esperó más y atacó con ferocidad, aprovechando que un flanco de Volgra estaba desguarnecido. A pesar de los embates de sus poderosos brazos, la mujer monstruo no pudo evitar que los tacones armados de Nora llegaran al hombro sano y con una sucesión de cortes y puntazos le inutilizaran los otros tres brazos.

Finalmente, Nora saltó y giró con una pierna extendida, cortando limpiamente el cuello de Volgra, cuya cabeza salió despedida por la misma fuerza del golpe, cortando súbitamente el gorjeo que había acompañado toda la batalla.

El cuerpo de Volgra pareció perder su solidez y se desplomó sobre sí mismo, convirtiéndose en un gran montón de masa informe.

Nora dio unos pasos para acercarse y descubrió que en medio de la masa destacaba una placa metálica grabada con una palabra de complejos caracteres, que, con solo verla, supo que quedó grabada en su memoria.

En la mente de Nora apareció el mapa del Nudo. Se despojó de su armadura y retomó el camino hacia la siguiente palabra.

Luego de seguir la línea dorada por un largo rato, llegó hasta una amplia escalera, de escalones anchos y bajos que se retorcía en círculos hasta una vasta explanada cubierta con una cúpula. Cuando Nora llegó al centro de la explanada, Lyzara surgió por una abertura en la cúpula.

La imagen de Lyzara evocó en la memoria de Nora a las modelos de pasarela de alta costura: de fina piel nacarada, muy alta y muy delgada, con senos y nalgas planas; y extremidades largas y huesudas. Su cabeza carecía de cabello y lucía una calva reluciente sobre un rostro de altos pómulos, ojos pequeños y boca delicada. Lo más notorio era la falta de expresión de su cara, totalmente rígida.

Bandas plateadas se ceñían alrededor del cuerpo de Lyzara cubriendo apenas los senos y el pubis, y dejando los extremos ondear a cada movimiento de la mujer, que se dirigió resueltamente hacia Nora, balanceando el cuerpo al entrecruzar las piernas al caminar y con los brazos ocultos tras el cuerpo. Sin perder tiempo, Nora invocó su armadura resplandeciente.

A unos metros de ella, Lyzara pareció crecer en estatura porque sus pies eran de tamaño normal pero sus uñas eran largas, afiladas y tan gruesas que podía soportar su peso al caminar sobre ellas.

Luego extendió sus brazos, desmesuradamente largos y que al extremo de sus manos lucía uñas tan amenazantes como las de los pies.

Los movimientos de Lyzara eran rapidísimos, de manera que las garras al extremo de sus largas extremidades obligaron a Nora a ponerse a la defensiva, usando su agilidad y capacidad de teletransportación para evitar las afiladas uñas con que Lyzara buscaba agredir su cabeza, desprovista de la protección de la armadura.

Nora se sobrepuso y logró rechazar dos manotazos letales y uno de sus afilados tacones perforó y rasgó el pecho de Lyzara, que se encogió sobre sí misma, permitiendo que Nora repitiera el ataque contra su espalda, y con el otro tacón provocó una profunda herida en un costado del torso de Lyzara.

A primera vista parecieran heridas graves, pero Nora presenció atónita como, de cada una de las heridas de Lyzara surgieron dos brazos nuevos, tan largos como los originales y armados también con afiladas garras.

Lyzara aprovechó el momento de desconcierto de Nora y proyectó sus seis garras contra su cabeza. Nora trató de defenderse, pero no pudo evitar que una larga y afilada uña rasgara su piel sobre los ojos, causando una profunda herida de la que inmediato salió una cortina de sangre que le cegó la vista.

Lastimada y asustada, Nora se teletransportó a ciegas para alejarse de su rival, trastabilló y desplomó de sentón.

“Cierra los ojos, princesa, y déjame manejar un rato” Nora se sintió confortado cuando oyó en su mente la voz de sus piernas, tan dulce y amable como la de ella misma, pero que a veces podía ser dura y resolutiva.

“Gracias a dios que llegaste, tus piernas son todas tuyas” respondió Nora por el mismo canal.

Nora sintió que ella radicaba solo en su cabeza, y que sus piernas empezaron a moverse impulsadas por su propia voluntad. Sabía que sus piernas eran mucho más aguerridas y feroces que ella, y con los ojos cerrados para no interferir con la percepción del entorno de sus piernas, se dejó llevar por ellas al combate.

Las piernas de Nora decidieron usar las placas blindadas del frente de sus pantorrillas para rechazar las garras de Lyzara y lograron llegar tan cerca que logró lanzar uno de sus tacones afilados contra el cuello de Lyzara, decapitándola certeramente.

La percepción del entorno de las piernas de Nora siguió a la cabeza de Lyzara volando lejos de su cuerpo sin perder su gesto inmutable.

Nora pensó que la batalla había terminado, pero Lyzara estaba lejos de ser derrotada. De su cuello decapitado surgió una nueva pierna, larga, de huesos resaltados y formidables garras al extremo del pequeño pie.

“Parece que nuestra amiga es un hueso duro de roer” dijeron las piernas de Nora por su canal telepático “si perforamos el cuerpo le salen brazos, le corté la cabeza y tiene una pierna extra”.

Con los ojos apretados y escocidos por la sangre que le goteaba sobre ellos, pero aislada del enfrentamiento porque sus piernas se movían guiadas por su propia voluntad para seguir batallando contra Lyzara; Nora pudo reflexionar unos segundos.

“Sus brazos y piernas pueden ser su punto débil, ataca sus garras, trata de amputárselas” dijo la cabeza de Nora.

Las piernas de Nora dijeron algo de conformidad y usando nuevamente el blindaje del frente de sus pantorrillas como escudos rechazó el ataque de Lyzara. Las piernas de Nora se tiraron al suelo y dispararon sus tacones afilados contra los tobillos de Lyzara, amputando casi al mismo tiempo ambos pies.

Lyzara se fue de espaldas, sosteniéndose con todos sus brazos para amortiguar la caída, pero al tratar de ponerse de pie se dio cuenta que, al perder sus pies, sus piernas se habían retorcido y resecado, rompiéndose en fragmentos al no poder soportar el peso de su cuerpo.

La cabeza de Nora se sintió aturdida por el grito telepático, mitad de alegría y mitad de furia, con que sus piernas acompañaron el despiadado ataque que desató contra Lyzara, que, sin sus piernas, poco pudo hacer para evitar que los afilados tacones cercenaran las garras de sus brazos y de la pierna que había sustituido su cabeza.

Sin sus garras, los miembros de Lyzara se encogieron y retorcieron, rompiéndose al final por el mismo peso del cuerpo desmembrado, que finalmente se convirtió en un amasijo informe, sobre el cual brillaba una placa de metal brillante, con la segunda palabra que buscaba Nora.


Una corriente de agua cristalina corría al lado de una amplia rampa por la que Nora salió de la cúpula de Lyzara. Nora, controlando nuevamente sus piernas, se despojó de su armadura y sus mallas, quedando vestida sólo con las pantis azules. Con sus pies desnudos, y aprovechando la extrema flexibilidad de sus piernas, enjuagó su herida sintiéndose confortada con el agua fría que aplacó la hemorragia.

“No te voy a engañar querida, vas a tener que usar flequillo para taparte la fea cicatriz que te va a quedar” dijeron las piernas de Nora, con tono acongojado.

“No uso flequillo desde los seis años y no me gusta, pero ya veremos que hacer” dijo, regresando a la rampa. Usando la palabra adecuada, volvió a ponerse las mallas y las botas para retomar el camino.

“No te lo he dicho, pero que bueno que estás aquí, tu eres mucho mejor que yo peleando” dijo Nora, reconociendo con humildad la superioridad de sus piernas.

“Aeryn me juró que al regresar a nuestro universo volvería a ser tu mente alterna y me dejó encerradita en algún lado de estas lindas piernas. Lo que ella no sabe es lo necia que soy, y estuve batallando hasta que me escapé” respondieron las piernas de Nora por su canal telepático.

“Y regresaste justo a tiempo, si no te importa, cuando haya que pelear prefiero que tú manejes las piernas”

“Para eso estoy aquí princesa, tú quédate quietecita y disfruta” concluyeron las piernas de Nora.


La línea dorada llevó a Nora a través de varias explanadas rodeadas por altas paredes, conectadas con angostas y empinadas escaleras que subían y bajaban. Al entrar a la última, Oraphin la esperaba.

Ella era de pequeña estatura y con cuerpo similar al de una adolescente, poco desarrollado. Se cubría con un sencillo vestido de color claro, ajustado a la cintura con una banda del mismo color, y calzaba sandalias amarradas a los tobillos.

Su cara era fresca y bonita, de piel blanca con pequeñas pecas claras, ojos grandes y expresivos, tenía cabello oscuro y reluciente peinado hacia atrás en una fina trenza.
Caminó con paso festivo hacia Nora, con una sonrisa luminosa en la cara, y jugueteando con su trenza.

Nora le pasó el control a sus piernas, que de inmediato tomaron la iniciativa, teletransportándose junto a Oraphin y lanzándole una patada hacia el cuello, pensando en decapitarla con un golpe sorpresivo.

Sin embargo, antes de que el tacón afilado la tocara, la cabeza de Oraphin se separó de su cuerpo. Con un rápido desplazamiento el cuerpo decapitado se apartó y ondeó su propia cabeza al extremo de la fina trenza que se alargó instantáneamente, haciéndola girar sobre ella.

Oraphin aprovechó la sorpresa de Nora al verla usar su propia cabeza como arma para lanzársela con una poderosa volea. Las piernas de Nora reaccionaron cubriéndose con las placas de la armadura de la pantorrilla derecha, pensando en que la cabeza de Oraphin serviría como maza, pero en el último segundo la sonrisa que perduraba en la cara de la pequeña mujer cambió porque la boca se abrió de manera desmesurada, mostrando formidables mandíbulas guarnecidas de grandes dientes agudos y afilados.

Los dientes se incrustaron sobre la antepierna con tanta fuerza que machacaron la armadura y lastimaron la suave piel bajo ella.

Las piernas de Nora salieron de la presa de la cabeza de Oraphin usando su capacidad de teletransportación. Oraphin recuperó su cabeza y la hizo girar al extremo de la trenza.

Las poderosas mandíbulas entrechocaban los dientes, produciendo un sonido estridente que se amplificaba con el veloz movimiento giratorio.

Las piernas de Nora atacaron nuevamente, pero Oraphin, combinando veloces giros verticales de su cabeza al extremo de la trenza, que le servían como un escudo frente a su cuerpo; con relampagueantes voleas que recortaba y expandía con rapidez indescriptible; repelía cualquier intento de las piernas de Nora por llegar a una distancia que pudiera hacer daño.

La cabeza de Nora, desconectada del movimiento de sus poderosas piernas, apenas podía seguir sus reacciones, pero en dos ocasiones sintió las furiosas mandíbulas lastimando la otra pantorrilla y luego el muslo correspondiente. Todo en medio del estridente sonido de las mandíbulas al surcar el aire.

Una vez más, Nora reconoció y admiró la resolución y la ferocidad de sus piernas, que, a pesar de resultar lastimadas, no aflojaban la intensidad de sus ataques.

Sin embargo, el hecho de estar aislada del control de sus piernas en la furibunda batalla, le permitió a su mente analítica ver la pelea desde una óptica diferente.

“La catenaria, la trenza que sujeta la cabeza se somete a la física básica y forma una curva tras ella” descubrió un momento antes de hablar por su canal telepático con sus piernas. “Trata de sujetar la trenza, siempre forma una catenaria que lleva un segundo de retraso atrás de la cabeza”.

“Si esto falla, va a doler” dijeron las piernas de Nora “quítame la armadura y las mallas”.

Nora reparó entonces en el problema de su plan. Sus piernas solo podían sujetar la trenza de Oraphin con sus pies desnudos, y eso requería quedarse semidesnudas, únicamente con las pantys azules.

Cuando Oraphin vio que Nora dejaba expuesta su piel suave y blanca, sin la protección del blindaje de la armadura; redobló la furia de su ataque, siempre acompañado del estridente chirrido de sus mandíbulas.

Las piernas de Nora, semidesnudas, se plantaron firmemente sobre la punta de sus pies durante un segundo, que Oraphin aprovechó para corregir el giro de su cabeza y lanzarla directo hacia los gruesos muslos, que se antojaban como la parte más vulnerable.

Los pies de Nora eran delicados y siempre estaban primorosamente arreglados, sin embargo, esto ocultaba la tremenda fuerza que podían ejercer sus dedos.

Unos centímetros antes de que las pavorosas mandíbulas de Oraphin dieran una tarascada mortal, la cabeza giratoria se detuvo bruscamente, cuando los pies de Nora, con una maniobra posible solo por su increíble elasticidad, saltaron y sujetaron la trenza que usaban las manos de Oraphin para blandir su cabeza.

Nora sintió un rudo golpe cuando cayó sobre sus nalgas sin poder amortiguar el golpe pues ambas piernas estaban aferradas a la trenza.

Las piernas de Nora rodaron por el suelo mientras aplicaban su fuerza para romper la trenza. Con el mismo impulso se pusieron de pie, llevando bien sujeta el pedazo de trenza con la cabeza de Oraphin mientras su cuerpo trataba de recuperarla jalando la trenza rota.

La cabeza de Oraphin seguía tirando tarascadas, hasta que las piernas de Nora la azotaron con fuerza descomunal contra el piso, reventando el cráneo y desprendiendo la mandíbula con un chasquido, lo que suspendió por fin el agudo rechinido de los dientes.

El cuerpo de Oraphin se dio cuenta por fin de que había perdido su cabeza, se dejó caer sobre las rodillas y empezó a disolverse hasta convertirse en una masa amorfa, con una placa de metal brillante cuya palabra se grabó de inmediato en la mente de Nora.

“Ya me cansé, te toca” dijeron las piernas de Nora, devolviendo el control a su cabeza. Nora prefirió quedarse solo con las pantis azules pues sentía sus extremidades adoloridas y cansadas.

La línea dorada en el mapa conducía hacía un punto en la pared, en la parte superior de una corta escalera.

Cojeando, Nora siguió la línea y descubrió frente a ella una niña de seis años. De cabello castaño dorado que caía sobre sus hombros, rostro fresco de ojos grandes y expresivos. Usaba un coqueto vestido amarillo con una cinta roja en la cintura, a juego con otra cinta similar en el cabello.

“Has superado a las hembras del Atroz, eres una campeona invencible y te has ganado mi cariño y gratitud”. El rostro y la actitud de la niña emanaba inocencia. Con una sonrisa adorable en el rostro, abrió los brazos y corrió hacia Nora, quien recibió con satisfacción el anuncio de que la gesta había terminado.

La altura de la niña llegaba a las caderas de Nora, de manera que sus bracitos se enlazaron sobre ellas al tiempo que frotaba suavemente mejilla contra mejilla.

Sin embargo, algo extraordinario sucedió cuando los brazos de la niña, doblados para aferrar las caderas de Nora, se desgarraron en los codos para permitir que surgieran otros dos brazos, largos y fibrosos, rematados por manos de tres dedos huesudos que aferraron con fuerza una afilada daga que se materializó entre ellos.

Con un movimiento rápido y despiadado, los brazos extra impulsaron la daga directo hacia la nuca desnuda de Nora.

Pero los eficaces sentidos de las piernas de Nora no se confiaban, y en el momento preciso para eludir la acerada punta, se teletransportaron fuera del abrazo de la niña, a unos pasos de distancia, suficientes para presenciar como la daga, empuñada con furia asesina, no pudo ser contenida y se clavó profundamente en el pecho de la niña, que lanzó un largo alarido mientras se desplomaba hacia atrás, convulsionándose en un amasijo de extremidades nudosas que surgieron de todas partes del cuerpo infantil.

El alarido anunció el final del Nudo, un violento temblor sacudió el piso, las paredes empezaron a hundirse y todos los elementos físicos que lo formaban empezaron a desintegrarse entre sacudidas y estrepitosos desplomes.

Las piernas de Nora recibieron un urgente llamado por su canal telepático y usaron su poder de teletransportación para salir del colapso del Nudo. La cabeza de Nora sufrió un leve vértigo por la violencia con que sus piernas salieron de ese lugar para aparecer en el Nudo de los fractales, donde esperaba una Aeryn radiante y satisfecha.

Nora no había repuesto su armadura y vestía solo con las pantis azules. Sus piernas lucían los hematomas por los golpes de Volgra y las lastimaduras provocadas por las mandíbulas de Oraphin. Sobre su frente, le escocía y nuevamente sangraba la larga herida obtenida durante la lucha con Lyzara.

“Eres extraordinaria Nora, has vencido al Atroz” dijo la maga mientras manos etéreas levantaban a Nora y la deslizaban sobre una plataforma cubierta con una placa de espejo que, aunque parecía fría y rígida; cuando acostaron a Nora, ella se dio cuenta que en realidad era tibia y mullida.

“Esa niña al final, ¿era el Atroz?” preguntó Nora.

“Fue su último intento de detener su fin, al ver vencidas a sus hembras trató de enfrentarte con el engaño y la traición, pero al final él mismo causó su muerte” dijo Aeryn, mientras deslizaba sus manos sobre la frente de Nora, aliviando el dolor de la herida, que se cerró en segundos sin dejar la temida cicatriz.

“Entonces, ¿todo ha terminado?” preguntó Nora.

“Falta eliminar a los soldados del Atroz, van a ofrecer una gran resistencia y se van a defender con furia, pero sin su amo es imposible que puedan vencer”. Aeryn se dedicó entonces a las piernas de Nora, haciendo desaparecer con las caricias de sus manos los moretones y heridas de la lucha. Nora sintió por su canal telepático que sus piernas ronroneaban jubilosas.

“Pero esa es labor de mis guerreros, tú y tus poderosas piernas han concluido la labor que nos abrió el camino hacia una victoria segura” continúo explicando la maga.

“Yo quiero saber porque me encapsulaste” el reclamo de sus piernas resonó decidida en la mente de Nora y llegó con la misma intensidad a la mente de Aeryn.

“Quise evitar que colapsaran sus dos mentes en un mismo cuerpo y sobre todo estando juntas en sólo dos extremidades” explicó la maga.

“La mente de mis piernas surgió como una copia de la mía, pero luego ellas desarrollaron su propia personalidad. En el fondo somos la misma persona, convivimos y nos complementamos perfectamente” aclaró Nora.

“Nora es el cerebrito, es la inteligente de la pareja; yo sólo me encargo de golpear y patalear; ella me necesita y yo no puedo vivir sin ella” añadieron las piernas de Nora.

“Lo comprendo, y comprendo también que cometí un error tratando de aislarlas, les pido disculpas y celebro que hayan tenido el poder de reunirse” dijo Aeryn que ahora se había colocado tras la cabeza de Nora para deshacer su trenza y liberar su cabellera, que se expandió como una nube color de fuego en torno a su cabeza.

“Es hora de que recuperes tu cuerpo y retomes tu vida en tu universo” continuó Aeryn antes de agradecer efusivamente a Nora y a sus piernas su valentía y determinación.

Nora seguía acostada en el espejo mullido, y de pronto le invadió una calma extrema. Cerró los ojos un momento y al abrirlos se encontró flotando en la suave claridad, el mismo vacío absoluto y sereno por el que ya una vez había viajado.

Contenta de que las manos de Aeryn habían aliviado todas sus heridas y borrado sus cicatrices, ahora, la invadió una profunda sensación de calma y tranquilidad mientras emprendía el regreso a su hogar.

Durante el viaje, inmersa en la reconfortante claridad, Nora sintió como su cabeza se separaba de sus caderas, mientras diminutas partículas salidas de la misma claridad se consolidaban formando su abdomen plano y tonificado, luego, de las mismas partículas aparecieron su torso y se amontonaron dando forma a sus generosas tetas. Serenamente, Nora contempló como regresaban sus hombros y brazos.

Con cuidado, movió sus manos recién recuperadas para acoger cariñosamente sus tetas.
“Hola chicas, que bueno que volvieron” dijo Nora, agradecida por tener nuevamente todas sus partes intactas. Se sintió como si flotara en un mar de tranquilidad y dejó que la sensación la envolviera.

Poco a poco, el sueño la envolvió con su manto oscuro, y Nora cayó en un sueño profundo y reparador.

Un pequeño sobresalto sacó a Nora del sueño. Por instinto se incorporó de golpe en la cama. La habitación estaba en penumbra, a la tenue luz que se filtraba por las cortinas, Nora reconoció las siluetas familiares que la rodeaban.

Sin embargo, Nora notó cosas extrañas. Al incorporarse, la sábana y la manta que le cubrían se deslizaron hacia abajo, dejando al descubierto sus generosas tetas desnudas, en lugar de estar cubiertas por el corto camisón de seda que usaba para dormir.

Además, descubrió que no estaba sentada en la cama, sino que se apoyaba en la superficie plana del muñón de su parte superior, porque sus piernas no estaban en su lugar. No tardó en distinguir a su lado, bajo las mantas, la silueta de sus piernas, destacando las prominentes curvas de sus nalgas puesto que estaban acostadas con el pubis hacia abajo.

Nora deslizó su mano con delicadeza por la parte alta de sus muslos, solo para descubrir que ni el pantaloncillo de seda ni las bragas de algodón estaban allí.

Fue entonces cuando escuchó la voz telepática de sus piernas. "Déjame dormir, estoy agotada", dijeron con ternura. "Y sí, fue cierto. Estuvimos ahí, y derrotamos a tres hembras monstruosas"

Nora se recostó sobre la almohada, abrazando a sus piernas con cariño. Las palabras de sus piernas resonaron en su mente. "Y, por cierto, te ves muy bien de pelirroja. Piernuda, nalgona, tetuda y ahora con cabello color de fuego. Cada vez eres más ardiente, Nora Rosseau."

Nora sonrió en la oscuridad, satisfecha por haber vivido una increíble aventura. Ahora sabía que su poder y valentía trascendían cualquier realidad, y estaba lista para afrontar los desafíos que le esperaban en su propio mundo. 

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