Nora Rosseau disfrutaba del cálido sol en un camastro después de un agradable rato nadando en la piscina del club deportivo. Como de costumbre, vestía un pequeño y coqueto traje de baño blanco de dos piezas, que se ajustaba sobre sus generosas tetas y realzaba su sólido abdomen plano, sus amplias caderas y sus espectaculares piernas.
Nora tenía los ojos cubiertos con una toallita y descansaba agradablemente adormilada, sin embargo, sus piernas mantenían siempre activa su potente percepción del entorno. Al detectar una presencia cercana de inmediato notificaron a su parte superior.
Nora se quitó la toallita de la cara y se encontró con un niño que la miraba con ojos curiosos.
Era de complexión regular, destacando la agilidad y energía de un niño de 8 años, sano y activo. Tenía el cabello oscuro, ligeramente ondulado y de longitud media, habitualmente caía desordenadamente sobre su frente y orejas, pero ahora, recién salido de la piscina, le caía mojado sobre la cara. Sus ojos eran grandes y expresivos, de color marrón claro, llenos de curiosidad y siempre en movimiento, como si no quisieran perderse ningún detalle de su entorno.
Su voz conservaba el tono agudo infantil, propio de su edad, pero Nora no tardaría en descubrir al hablar transmitía entusiasmo y energía.
"¡Hola!", saludó el niño con seguridad. "Tú eres la señora de las piernas bonitas"
Nora recordó enseguida que era el pequeño que sus piernas rescataron de la piscina donde estuvo en peligro de ahogarse, le agradeció que calificara como bonitas a sus piernas, y le pidió que le llamara por su nombre. El niño se presentó como Hugo Jarvis y se sentó a su lado en el camastro. Nora le preguntó si su mamá sabía que estaba allí.
Hugo, le dijo que estaba con un grupo de natación y que le había pedido permiso a su instructora, señalando hacia una mujer que les saludó con una sonrisa, confirmando que estaba al tanto del encuentro.
“Me dejo venir contigo por unos minutos, así que voy rápido a decirte algo” dijo el niño “yo tengo memoria eidética, eso quiere decir que puedo recordar muchas cosas con solo mirarlas”.
El niño continuó diciendo: “Cuando me estaba ahogando en la piscina, vi bajo del agua unas piernas bonitas que me salvaron, y vi que esas piernas bonitas tenían tatuajes como estos” añadió señalando las pantorrillas de Nora.
Nora se asombró del comentario de Hugo, que siguió hablando: “Pero no te preocupes, tu identidad secreta está a salvo conmigo, en la escuela todos hemos visto fotos y videos de tus piernas y lo que han hecho para salvar a la gente, pero yo no le voy a decir a nadie que te conozco”.
Nora sólo pudo decir: “Gracias Hugo, gracias por ayudarme a guardar mi secreto”
El niño repitió que tenía poco tiempo para hablar con Nora, así que rápidamente, pero con mucha precisión le explicó que vivía sólo con su mama divorciada y que solían visitar un centro comercial cercano para hacer sus compras.
Luego, compartió algo más serio. Hugo le contó que había escuchado a algunos amigos mencionar que en ese centro comercial había una banda que robaba niños.
El fin de semana anterior, él mismo había presenciado cómo una pareja trataba de engatusar a una niña, con la intención de separarla de sus padres. Por suerte, la niña se había salvado en el último momento.
Con ojos serios, Hugo le dijo a Nora que gracias a su memoria excepcional recordaba haber visto a esos dos en numerosas ocasiones en el centro comercial. Explicó que siempre trataban de verse diferentes, pero que no podían confundir a su memoria eidética.
Hugo le explicó la rutina de la pareja en cuanto a los días y horas en que los había visto, poniendo énfasis en la fecha más cercana y pidiendo a Nora que ese día y a esa hora estuviera en el centro comercial.
“No puedo ir con la policía y no se me ocurre a quién pedirle ayuda”, concluyó Hugo en voz baja, en el momento que la instructora del grupo de natación se acercaba para llamarlo a continuar con la práctica.
El niño se despidió con una sonrisa, y su mirada esperanzada era una muestra de la confianza que había depositado en la "señora de las piernas bonitas".
Nora se quedó sentada en el camastro, viendo al grupo de niños correr a zambullirse en la piscina.
“¿Qué vamos a hacer?” la voz de las piernas de Nora llegó a su parte superior por su vía telepática.
“No estoy segura, no tengo experiencia con niños, sé que suelen ser fantasiosos e inventarse grandes aventuras”.
“Yo no he tenido tratos con niños, pero Hugo está verdaderamente mortificado y es sincero en su preocupación, así que yo voy al centro comercial, contigo o sin ti”.
Nora recogió las piernas sobre el camastro y las abrazó con afecto. “Son tremendas chicas, y estamos todas juntas en esto, sobre todo para proteger a Hugo”.
Nora Rosseau avanzaba por los pasillos del centro comercial con una presencia imponente y cautivadora. Cada paso que daba atraía miradas, y no era solo por su elegancia, sino por la fuerza y gracia innatas que desprendía.
Su vestido corto de color beige se ceñía perfectamente a su cuerpo exuberante y curvilíneo, resaltando sus amplias caderas y su cintura fina, mientras que el escote sutil añadía un toque de sensualidad controlada. Cada movimiento revelaba el cuidado con el que había elegido su atuendo, destacando su figura impecable.
El vestido apenas llegaba a la mitad de sus muslos, dejando al descubierto sus piernas largas y esculpidas, una obra de arte en movimiento. Había optado por unas pantimedias de color tabaco, que abrazaban la piel de sus piernas con una suavidad sedosa y ligera, disimulando los elegantes tatuajes de flores de lis que adornaban sus pantorrillas, símbolos de nobleza y valor.
El color oscuro de las pantimedias creaba un contraste perfecto con su piel y confería a sus piernas un brillo sutil, resaltando cada músculo bien definido que se tensaba bajo el tejido con cada paso que daba.
Los zapatos de tacón alto, en un tono neutro, añadían varios centímetros a su ya imponente estatura, haciendo que sus pantorrillas exhibieran una fuerza sensual y esculpida. Cada paso resonaba con un sonido rítmico sobre el piso del centro comercial. Los tacones no solo le otorgaban altura, sino que también realzaban la curvatura perfecta de sus piernas, haciéndolas parecer más largas, poderosas y estilizadas.
Nora caminaba con una seguridad imbatible, sus caderas se movían con una fluidez natural, mientras su cabello castaño claro caía en suaves ondas alrededor de sus hombros. Su rostro, perfectamente enmarcado por su melena, mostraba una mezcla de fuerza y dulzura, con un suave maquillaje que destacaba sus brillantes y expresivos ojos verdes.
Según la descripción de Hugo Jarvis, la pareja sospechosa estaba compuesta por una joven corpulenta que se maquillaba y vestía para parecer empleada de alguna tienda, y un hombre bajo y delgado que optaba por un atuendo formal, para simular ser ejecutivo de alguna de las compañías cuyas oficinas rodeaban el centro comercial.
Con esta información en mente, Nora comenzó a deambular por los pasillos del centro comercial, curioseando los escaparates de las tiendas, mientras sus piernas usaban sus poderosos sentidos para escudriñar alrededor en busca de señales de actividad sospechosa.
Después de un tiempo, Nora recibió un mensaje telepático de sus piernas: "La chica de saco y faldita azul, alguien le habló por celular y le dijo que no lo pierda de vista, que va para allá".
Siguiendo la descripción, Nora localizó a una joven rubia, alta y robusta, vestida con un conjunto estilo secretarial, exhibiendo unas piernas rollizas calzadas con zapatillas de tacón alto.
Kimberly guardó su celular en el bolsillo de su saco y, de reojo, observó su reflejo en un escaparate. No se sentía cómoda con la peluca oscura, el maquillaje y la vestimenta que llevaba puesta.
Prefería sus blusas ombligueras, pantalones de mezclilla y zapatos deportivos, pero entendía la necesidad de su disfraz para no ser identificada posteriormente por las cámaras de seguridad.
La joven continuó caminando por los pasillos hasta que finalmente se encontró con Brandon, su cómplice en los delitos. Brandon, delgado y moreno, lucía un traje verde oscuro con una camisa blanca y corbata a juego con el terno. Era alto, de cabello engominado y con anteojos de utilería.
Kimberly y Brandon intercambiaron miradas cómplices y se separaron nuevamente, mezclándose entre la gente. Nora, a unos metros de ellos caminaba con aire displicente, tranquilizada por sus piernas que le aseguraban tener perfectamente controlados los movimientos de la pareja.
Mientras miraba aparadores, Nora reflexionó sobre la extraordinaria habilidad de sus piernas. Como científica, todavía no podía comprender completamente cómo sus piernas podían "ver" y "oír" con tal precisión, un misterio que continuaba intrigándola.
Kimberly y Brandon avanzaron cada cual por su lado hasta localizar a su presa.
En una banca cercana, se encontraba sentado un niño con uniforme escolar, que, a pesar de su aparente calma, no podía evitar mirar nerviosamente a su alrededor. Kimberly se acercó y tomó asiento junto a él, comenzando una conversación amigable. Preguntó al niño si tenía algún problema y dónde estaban sus padres.
Como depredador al acecho, Brandon se mantenía a unos metros de distancia, vigilando la situación.
Nora se había detenido junto a un aparador, fingiendo interés por los artículos de la tienda. Confiaba en que sus piernas, con su aguda percepción, podían vigilar la situación mejor que ella misma.
Las piernas de Nora, utilizando sus canales telepáticos, se comunicaron con ella, revelando reconocer a Hugo. Notaron que el niño estaba solo con Kimberly, quien, con cada palabra, adoptaba un tono más condescendiente y dulce. Mientras tanto, Brandon intentaba pasar desapercibido, pero las piernas de Nora lo detectaron y lo describieron con detalle.
Nora se contuvo para no reaccionar y arriesgar que la pareja sospechosa la identificara. No obstante, su angustia crecía al pensar que Hugo estaba actuando como carnada. Las piernas de Nora, con empatía y admiración, reconocieron el valor del niño y la confianza que tenía en Nora, puesto que tuvo la certeza que ella acudiría en su ayuda.
Nora decidió corregir sus pensamientos y se comunicó telepáticamente con sus piernas.
"No confía en mí, confía en ti. Tú eres su heroína, ‘Piernas bonitas’ " les dijo, expresando su admiración y gratitud hacia sus leales extremidades.
Nora tenía que mandarle un mensaje a Hugo, de manera que cruzó frente a la banca, taconeando, aunque evitando mirar a nadie a su alrededor, y se adentró en una tienda al otro lado del pasillo. Hugo entendió el mensaje de inmediato; sabía que Nora y sus poderosas piernas estaban cerca y listas para intervenir si era necesario.
Por otro lado, Kimberly daba por hecho que había ganado la confianza del niño, ya el pequeño le había contado entre pucheros una angustiosa historia acerca de haber perdido de vista a sus padres.
Fingiendo ternura y solidaridad Kimberly se ofreció a acompañarlo para buscarlos. En el momento en que se levantaron de la banca, Brandon se aproximó sonriente, Kimberly se lo presentó a Hugo como su novio, explicándole que también los ayudaría a encontrar a sus padres.
Ambos adultos tomaron de las manos a Hugo, quien comenzó a sentir un miedo creciente. Lo agarraban firmemente y le hablaban en tono meloso, asegurándole que pronto encontrarían a sus padres, pero Hugo intuía que algo no estaba bien y que encontraba en una situación peligrosa, aunque confiaba en que Nora y sus poderosas piernas estaban cerca.
Unos metros más adelante, una chica vestida como una muñeca, con la cara cubierta de maquillaje, una peluca de trenzas amarillas, una amplia falda de olanes de colores y medias blancas, ofrecía dulces a la gente que pasaba. La pareja que llevaba a Hugo se acercó a la "muñequita" y le explicaron la situación, diciéndole que el niño se había perdido y estaba asustado.
La "muñequita" sonrió de manera encantadora y ofreció un dulce a Hugo. A pesar de las insistencias de la "muñequita" y Kimberly, Hugo rechazó el dulce, sospechando algo extraño puesto que había notado que la “muñequita” le ofrecía a la gente golosinas que sacaba del delantal, en cambio a él, le quería dar un dulce proveniente de una bolsa en el peto del disfraz.
Brandon todo sonrisas y amabilidad, le informó a Hugo que acababa de recordar que había una oficina especial para niños perdidos en el centro comercial. La "muñequita" se unió a la conversación, afirmando con voz melindrosa que conocía a la persona que trabajaba en esa oficina y hasta se ofreció a acompañarlos.
Kimberly y Brandon volvieron a tomar de ambas manos a Hugo, y la “muñequita” se colocó detrás de él, hablándole al oído y tratando de convencerlo de que se comportara bien. Hugo se sintió cada vez más atrapado y asustado, consciente de que se encontraba en una situación de peligro inminente.
Las piernas de Nora comunicaron telepáticamente: "Esa chica disfrazada trató de darle un dulce a Hugo, y todos están insistiendo en que se lo coma."
Nora respondió inmediatamente: "Es posible que el dulce esté contaminado con algo, de todos modos, ya no podemos esperar más."
Sin perder un segundo, Nora se dirigió hacia una tienda de ropa cercana y corrió hacia los vestidores, mientras las empleadas de la tienda la observaban sorprendidas.
Hugo, presionado por la triple amenaza que le rodeaba, intentó resistirse, pero era un niño indefenso contra tres adultos decididos a hacerle daño. Lo peor llegó cuando Brandon, de manera disimulada, sacó una jeringa de una bolsa en su saco.
Mientras Kimberly y la "muñequita" distraían a Hugo, Brandon, siempre oculto, retiró el capuchón de la aguja de la jeringa y la apuntó para clavársela en el cuerpo del niño.
Un elegante zapato de tacón alto, al extremo de una torneada pierna envuelta en pantimedias oscuras, emergió de la nada y golpeó la mano en la que Brandon sostenía la jeringa, arrebatándosela.
"¡Piernas bonitas!" exclamó Hugo jubiloso al ver aparecer un par de esculturales piernas femeninas que actuaban sin necesitar un cuerpo encima. Hugo aprovechó el desconcierto de sus captores para desprenderse de ellos.
Brandon fue el primero en reaccionar y, por impulso, intentó recuperar al niño, solo para encontrarse nuevamente con el mismo zapato de mujer que se incrustaba con fuerza en su abdomen, derribándolo y dejándolo aturdido.
Kimberly decidió que no había mucho que hacer y trató de escabullirse, mientras la "muñequita" reaccionaba con virulencia para abalanzarse contra las piernas de Nora.
Las piernas de Nora saltaron sobre la "muñequita", enlazando su cuello con los muslos con la pretensión de sofocarla.
A pesar de la sorpresa, la "muñequita" resistió el apretón y le propinó dos fuertes golpes con un objeto contundente en los muslos, haciendo que las piernas de Nora soltaran su presa.
La "muñequita" reaccionó con una ágil pirueta, para separarse de su contrincante. Entonces, las piernas de Nora se dieron cuenta de que la "muñequita" escondía una sorpresa.
La "muñequita" se desprendió la peluca de su cabeza, y con un tirón, se arrancó una máscara de látex que emulaba un rostro femenino maquillado. La sorpresa fue mayúscula: la "muñequita" resultó ser un hombre moreno, de rasgos toscos que enarbolaba unos nudillos de hierro en la mano derecha, con los que había golpeado a las piernas de Nora para liberarse de la presa de sus muslos.
La "muñequita" no pareció impresionarse con la vista de las atractivas piernas femeninas y atacó con furia.
Esta vez, las piernas de Nora decidieron que era hora de poner fin al enfrentamiento. Con agilidad, esquivaron el puñetazo dirigido a ellas y saltaron, dirigiendo una rodilla directamente a la cara del agresor.
En el vestidor donde esperaba el desenlace, la parte superior del cuerpo de Nora, resentida por los puñetazos de los nudillos de hierro en sus muslos, sintió un dolor agudo cuando la rodilla de su pierna derecha dislocó la mandíbula del hombre disfrazado, dejándolo noqueado en el suelo.
Brandon, quien había logrado recuperarse, recogió la jeringa e intentó clavársela a las piernas de Nora, pero en una fracción de segundo, estas tomaron una decisión.
Consideraron que la jeringa con las huellas dactilares de Brandon era una evidencia irrefutable de sus intenciones, y debía conservarla. Con un quiebre de cintura, las piernas de Nora esquivaron su embestida, giraron tras él y le incrustaron el muslo entre sus ingles con tal fuerza que lo levantaron del suelo. Brandon cayó sobre manos y rodillas, y las piernas de Nora lo noquearon con un certero golpe de talón en la nuca.
Las piernas de Nora se percataron de que Hugo no estaba, ya que Kimberly había aprovechado la escaramuza para llevarse al niño. Pero sabían que era esencial conservar la evidencia del secuestro frustrado; de lo contrario, el valiente acto de Hugo como señuelo sería en vano.
Con la multitud a su alrededor y los guardias de seguridad acercándose, las piernas de Nora se movieron velozmente hacia donde la falsa "muñequita" yacía inconsciente. Con habilidad, deslizaron la punta de un elegante zapato en el peto del vestido para sacar la bolsa con los dulces trucados y empujarla hasta la jeringa que habían arrebatado a Brandon.
Las piernas de Nora se dejaron caer de rodillas, sujetando entre ambas todos los objetos y se teletransportaron de vuelta al vestidor, donde aguardaba su parte superior para dejar en su poder la evidencia del intento de secuestro.
Sin perder tiempo, las piernas de Nora se teletransportaron en busca de Kimberly y Hugo, con la determinación de rescatar al niño y poner fin a esta peligrosa situación.
Las piernas de Nora aparecieron en un área del centro comercial donde parecía que nadie se había percatado de la reciente escaramuza. La gente caminaba tranquilamente, pero la aparición de un par de bonitas piernas femeninas envueltas en pantimedias color tabaco y calzadas con zapatos de tacón alto, causó sorpresa entre los transeúntes.
Los sentidos agudos de las piernas de Nora captaron de inmediato a una mujer vestida con un traje secretarial, llevando a un niño en brazos, apresurándose hacia una de las salidas que conducía al estacionamiento. Sin perder tiempo, las piernas de Nora se deslizaron entre la multitud, corriendo tras Kimberly, para teletransportarse en el momento justo para aparecer frente a ella.
Aterrorizada y sorprendida, la mujer se detuvo de golpe, mientras Hugo, que había estado inmovilizado entre los brazos de Kimberly, aprovechó para patalear y liberarse del abrazo, corriendo a refugiarse tras las piernas de Nora.
Kimberly se rindió, dejándose caer de rodillas y levantando las manos. La escena era tan inusual que no pasó desapercibida para un par de guardias de seguridad que llegaron en ese momento.
Observaron con curiosidad la escena: una mujer en posición de rendición frente a un espectacular par de piernas, semidesnudas bajo unas pantimedias oscuras, mientras un niño se abrazaba a ellas cariñosamente.
Sorpresivamente, Hugo recibió en su mente un mensaje con la misma voz dulce y amable de Nora.
“Hola Hugo, si me estás oyendo es porque puedo transmitir mis pensamientos a través del contacto físico”
“¡Claro que te oigo, eres increíble!” exclamó Hugo en voz alta, sorprendiendo aún más a los guardias, a Kimberly y a los curiosos que les empezaban a rodear.
“No me simpatizaría que estos tipos me manoseen, así que explícales tú lo que está pasando” dijeron las piernas de Nora, a través del contacto de las manos de Hugo.
Hugo comprendió la situación, así que se encargó de dar una explicación elocuente de todo lo sucedido.
Los guardias de seguridad se comunicaron por radio con la oficina central, de donde les informaron que sus colegas habían detenido a un hombre vestido de verde y otro disfrazado de "muñequita" con nudillos de hierro, a quienes los testigos en el área acusaban de intentar secuestrar a un niño, quien, milagrosamente, había sido defendido por unas misteriosas piernas de mujer vestidas solamente con pantimedias color café, tanga de encaje y zapatos de tacón alto; sin cuerpo visible, que desaparecieron inexplicablemente llevándose algunos objetos de los agresores.
Las piernas de Nora comenzaron a caminar por los pasillos del centro comercial, rumbo al negocio donde las esperaban su parte superior, causando asombro y admiración en decenas de personas sorprendidas al ver un par de torneadas piernas femeninas, vestidas solo con pantimedias oscuras y zapatos de tacón. La elegante tanga de encaje remarcada bajo el calzón de las pantimedias sus amplias nalgas y caderas, y cada paso que daba, era acompañado por el sensual susurro de las pantimedias rozando en sus muslos.
Completaba el espectáculo un niño que avanzaba orgulloso y orondo a su lado, con una mano apoyada en la parte alta de una de las caderas, como si lo llevara de la mano. Dos guardias de seguridad completaban la insólita procesión, llevando retenida a Kimberly.
En la boutique donde Nora entrara intempestivamente, las dos empleadas habían pasado de sorpresa en sorpresa. Primero una guapa mujer se había metido corriendo en un probador. Luego se había formado un tumulto frente a la tienda, cuando muchas personas habían atestiguado como un par de piernas de mujer defendían a un niño.
La siguiente sorpresa fue cuando Hugo llegó a la puerta de la tienda junto con las piernas de Nora y dos guardias que retenían a una mujer.
Al llegar junto al vestidor, las piernas de Nora desaparecieron, y Nora salió de este unos segundos después, ajustándose el vestido sobre las caderas y los muslos. Les mostró a los guardias la jeringa y los dulces, como evidencias de las maliciosas intenciones del trio de delincuentes.
Las oficinas del equipo de seguridad del centro comercial, estaban decoradas y amuebladas con sencillez y funcionalidad.
Mientras estaban en una sala de espera, aguardando a ser recibidos por el jefe de seguridad, Hugo le confesó a Nora que estaba en el centro comercial a escondidas de su madre, pues le había inventado que iría a casa de un compañero de la escuela para hacer la tarea y jugar un rato.
Nora suspiró y rápidamente urdió un plan para evitar complicaciones, que le comunicó en voz baja a Hugo.
El jefe de seguridad era un hombre mayor, de complexión robusta y aspecto enérgico. Una vez en su oficina, tomó los datos de identificación de ambos y la declaración de Nora, sintiéndose claramente seducido por su personalidad y su imagen.
“¿Entonces el menor es su sobrino, señorita Rosseau?” preguntó.
“Así es, Hugo es hijo de mi prima Marvina. Muchas veces me ha acompañado a hacer compras, pero el día de hoy sucedió un lamentable descuido”
La mirada del jefe de seguridad pasó de los ojos brillantes y el rostro amable y sonriente de Nora a sus espectaculares tetas, separadas por un fino y profundo canalillo, y resaltadas bajo el fino tejido del vestido, por la pose de espalda erguida de Nora; mientras Hugo se abrazaba al brazo de su supuesta tía con rostro pleno de arrepentimiento.
“¿Vieron algo de la pelea frente a la boutique?”.
“Yo estaba angustiada buscando al niño, me mortificaba pensar como le iba a decir a mi prima que había perdido a Hugo” respondió Nora con acento afligido, pero sin bajar la guardia de sus tetas, segura de que tenían toda la atención del jefe de seguridad.
“Yo estaba llorando, solo sentía como me jaloneaban” gimoteó Hugo.
El jefe les aseguró que Brandon, Kimberly y la falsa "muñequita" estaban bajo custodia para entregarlos junto con la evidencia a la policía. Agradeció a Nora su colaboración y le recomendó a Hugo no volver a separarse de su tía.
Nora salió llevando a Hugo de la mano, el jefe no pudo evitar disfrutar el espectáculo de las caderas y nalgas de Nora, contoneándose dentro del corto y ceñido vestido, sobre sus monumentales piernas.
“Fueron esas piernas las que rescataron al niño cuando se lo llevaba la mujer” musitó un guardia que se paró junto a su jefe, “esas piernas son inolvidables”.
El jefe bufó “¿Y cómo se te ocurre que llene el acta de hechos para la policía?, ¿decimos que una mujer se partió en dos para defender a un niño?”.
El guardia no supo que decir y el jefe añadió:
“Los dulces con droga y la jeringa con narcótico bastan para que esos tres robachicos pasen un buen tiempo lejos de aquí, y al final el niño se fue feliz con su tía”
En el camino hacia su automóvil, Nora actuó como la tía perfecta llevando de la mano al niño. Pero una vez en el vehículo, y mientras conducía hacia la salida del estacionamiento, empezó a regañar a Hugo por arriesgarse de esa manera y, sobre todo, por mentir a su madre y ponerse imprudentemente en peligro.
Cerca de la salida a la calle, Nora escuchó claramente la voz de sus piernas en su mente: "A ver si ya terminas de regañarlo, y le dices que es el niño más valiente que hemos tenido el honor de conocer. Nosotras, desafiamos el peligro con tu inteligencia y mi fuerza, pero Hugo es simplemente un niño con un corazón valiente que se enfrentó a una banda peligrosa. Juntas, luchamos para protegerlo, y eso nos enorgullece, así que dejas de regañarlo, estacionas el carro y le das a mi sobrino un beso enorme de mi parte".
Nora se quedó abruptamente en silencio. El mismo Hugo se sintió cohibido y desconcertado. Nora buscó un lugar para detener el carro, cosa que le tomó algunos minutos de extraño silencio.
Por fin, una vez estacionados, Nora se volvió hacia Hugo y le dijo que tenía que darle un mensaje de parte de alguien muy importante: repitió puntalmente las palabras de sus piernas y le dio dos besos en las mejillas, uno de parte de sus piernas y otro de parte de ella.
Desde que se había divorciado del padre de Hugo, Marvina Jarvis y su hijo vivían en un cómodo departamento en un edificio residencial.
Aunque su hijo se lo había advertido por teléfono, Marvina no dejó de sorprenderse al llegar a su casa y encontrarse con una atractiva mujer esperándola en la sala.
Marvina era un par de años mayor que Nora. Delgada, alta y espigada, de piel clara y cabello negro, usaba ropa elegante y se arreglaba con buen gusto, como correspondía a su puesto de curadora en jefe de un importante museo.
Luego de presentarse, Nora le dijo que Hugo tenía algo muy importante de que contarle. Intrigada y un poco asustada, Marvina se acomodó en un extremo del sofá y Nora se sentó con las piernas cruzadas en el otro extremo.
Hugo se paró frente a las mujeres y empezó a contar la historia.
Empezó por describir el suceso de la piscina, cuando un par de piernas con tatuajes de flor
de lis en las pantorrillas evitaron que se ahogara.
El rostro de la madre de Hugo expresó un total asombro y susurró “Las piernas de la flor de lis, he visto decenas de fotos y videos en internet, pero nunca pensé que fueran reales”
Nora fue a sentarse junto a Marvina y la tomó de las manos. “Aún falta mucho de lo que Hugo tiene que decirte, pero debes saber que tu hijo siempre estuvo bajo la protección de mis piernas”
El asombro siguió creciendo en el ánimo de Marvina, cuando vio como la corta falda del vestido de Nora quedaba flácido sobre el sofá mientras sus piernas aparecían a un lado de Hugo, giraban sobre los tacones para mostrar las flores de lis tatuadas en sus deliciosas pantorrillas, y se inclinaban luego en una cortés reverencia.
El niño siguió hablando de lo que había descubierto en el centro comercial y sus sospechas acerca de la banda de secuestradores de niños. Luego se armó de valor para confesarle a su madre que había inventado que iría a la casa de un amigo para escabullirse al centro comercial.
“Arreglaremos eso después, sabes que por nada del mundo te permito que me mientas” dijo Marvina frunciendo el ceño.
Hugo tragó saliva, anticipando el regaño y el castigo que le esperaba, pero continuó con su relato, describiendo como había atraído la atención de los secuestradores, hasta terminar con su captura final y entrega a los guardias del centro comercial. Mientras que las piernas de Nora, haciendo gala de la finura de sus movimientos, se sentaron en un sofá, cruzándose elegantemente.
“Es mi turno” dijo Nora cuando Hugo acabó, y le explicó a la cada vez más asombrada Marvina el origen del poder de sus piernas.
“Ellas tienen mente propia, pueden ver y oír mejor que cualquier ser humano y cuando están separadas de mi cuerpo adquieren una fuerza y agilidad extraordinaria” añadió Nora, mientras sus piernas regresaban a su sitio, ocupando el espacio bajo el corto vestido.
Marvina se sentía en una montaña rusa de emociones, del asombro y la admiración por conocer las capacidades de Nora y sus piernas, al enojo de madre excitada.
“¿Por qué no me lo dijiste antes?” le reclamó a Hugo.
“Tía Nora es una superheroína, y hay que cuidar su identidad secreta” respondió el niño con tono resuelto.
“¿Tía Nora?, ¿Qué más me tienen reservado?” nuevamente la sorpresa y la incertidumbre sacudieron a Marvina.
Nora tomó de las manos a Marvina y le clavó su intensa mirada, transmitiéndole afecto.
“Hay leyes y reglas para proteger a los niños, y unas de ellas exigen que los pequeños estén en compañía de adultos calificados. Tuvimos que ir al cuartelillo de la seguridad del centro comercial para hacer una declaración en contra de los delincuentes. Yo no quise correr el riesgo de quedar como una desconocida y que retuvieran a Hugo, así que decidí inventar la historia de que andaba de compras con mi sobrino favorito, hijo de mi querida prima”.
Hugo se había deslizado hasta quedar junto a Nora. “No les dijimos a los guardias que en realidad las piernas de la flor de lis apalearon a los malos y me rescataron, yo dije que mi tía Nora me había salvado pero que no había visto nada porque estaba llorando” dijo el niño poniendo cara de compungido.
Marvina Jarvis se puso de pie y asumió un gesto serio que gradualmente fue dulcificando hasta convertirse en una sonrisa. Extendió sus manos para tomar las de Nora, que también se levantó del sillón.
“Entonces, ya que somos nuevas primas, tenemos muchas cosas que contarnos para ponernos al corriente, así que mientras este granujilla va a lavarse las manos y la cara y luego dispone la mesa, acompáñame a la cocina para preparar la cena” dijo Marvina, que finalmente abrazó con cariño a Nora.
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