25.- El museo de cera

Wood era un empresario exitoso, dueño de una empresa heredada de su padre, y que bajo su conducción había expandido sus ganancias.
De manera paralela a sus negocios, Wood era un talentoso artista plástico especializado en la creación de figuras de cera. A lo largo de los años, había creado una colección de figuras de personajes de ficción y de la historia real, que exhibía en eventos privados.
Sebastian tenía una familia ejemplar: Emily, una hermosa y dedicada esposa, y Sarah y Michael, dos hijos aplicados y cariñosos.
La vida de Sebastian estaba llena de logros profesionales y momentos familiares felices, hasta que todo cambió en un fatídico día.
Fue un accidente automovilístico devastador. Emily, Sarah y Michael perdieron la vida en un instante, dejando a Sebastian sumido en un abismo de dolor y desesperación. El empresario que una vez fue conocido por su éxito en el mundo de los negocios, y artista de talento reconocido; ahora se encontraba desolado, sin rumbo y con el corazón destrozado.
Desesperado, Sebastían trató de solucionar su congoja involucrándose más aún en sus negocios y su afición al arte, dedicando largas horas a la creación de impecables figuras en cera de las cabezas de su esposa e hijos.
Ver nuevamente los rostros de sus seres queridos, impecable y minuciosamente reproducidos, llevo a Sebastían a un nuevo nivel de obsesión, pues dedicaba largas horas a platicar con las cabezas de cera, rememorando momentos felices de su vida en familia e, inadvertidamente, a hacer planes para el futuro.
Una tarde lluviosa, Sebastian Wood buscó refugio ante una inminente tormenta en una librería de viejo, donde le llamó la atención que los libros estaban acomodados por disciplinas, y le sorprendió encontrar una amplia colección de viejos libros dedicados a la escultura en cera.
Una tapa de cuero desgastada atrajo su atención. Era un libro encuadernado en piel envejecida con letras doradas desgastadas en la portada: “La vida a través de la cera”.
Sebastian abrió el libro y quedó cautivado por lo que descubrió en sus páginas amarillentas. Era un manual antiguo, escrito en una forma arcaica del español, y con abundantes ilustraciones que detallaban las descripciones.
El texto revelaba un método perdido para crear esculturas de cera utilizando una base biológica humana. Según el manual, el proceso implicaba modelar la figura de cera alrededor de un cuerpo humano, vinculando la figura a la voluntad del artista.
La escultura animada serviría como un sirviente obediente, siguiendo las órdenes de su creador.
Una emoción indescriptible sacudió a Sebastían, sintiendo que podía haber encontrado la clave para revivir a su familia perdida. Sin vacilar, pagó por el libro el alto precio que le pidieron y con urgencia regresó a su casa.
El resto de la noche, Sebastian se olvidó del sueño y se sumergió ávidamente en la lectura del manual.
A la mañana siguiente, tomó una decisión radical que empezó a poner en práctica de inmediato: vendió su empresa y muchas de sus posesiones para dedicar cada recurso disponible a la recuperación de sus seres queridos por medio de “La vida a través de la cera”.
En el parque de diversiones de la ciudad, compró un amplio hangar, que habilitó como un museo para exhibir su colección de figuras de cera.
El museo de Sebastian se convirtió en una atracción destacada dentro del parque de diversiones, atrayendo a visitantes de todas partes con sus impresionantes figuras de cera que parecían cobrar vida.
Sin embargo, lo que el público no sabía era que dentro de una zona reservada y secreta del museo se encontraba el taller-laboratorio de Sebastian, donde elaboraba sus impresionantes creaciones, pero también realizaba pruebas y experimentos para dominar el arte secreto de “La vida a través de la cera”.
Haciendo uso de su dinero y sus contactos en la administración pública, logró los permisos para construir un paso directo de la calle al museo, de manera que podía acceder libremente a sus instalaciones, de manera independiente a los horarios del parque.
Una vez que terminó sus compromisos con sus negocios, y por lo tanto, podía disponer completamente de su tiempo, Wood se concentró completamente en extraer totalmente el conocimiento del viejo manual.
La fama del museo se incrementó cuando se hizo público que la colección se incrementaba constantemente con nuevas figuras, cada vez más realistas y espectaculares, en una insólita línea de fantasía.
La primera de las nuevas figuras era un guerrero bárbaro. Alto, de músculos poderosos, rostro primitivo y vestido con prendas formadas con pieles de animales.
Una semana después se integró a la colección un trol, bajo, pero de muy anchas espaldas y brazos fornidos. Gran cabeza con una boca repleta de dientes y piernas cortas y torcidas.
La siguiente creación llegó diez días más tarde, con la forma de un oso humanoide, con sólidos brazos y gruesas piernas humanas, pero abdomen tórax y cabeza de oso.
Después fue una hermosa vampira, de piel blancuzca, alta, delgada, pero con grandes senos largas piernas de curvas voluptuosas, manos de dedos largos y finos.
La última producción de Wood fue también la que se convirtió de inmediato en la favorita de muchos asistentes. Se trataba de una mujer muy esbelta, de piernas largas y torneadas, ataviada con un vestido negro tipo chino largo hasta las rodillas, pero con aberturas a los lados hasta el nacimiento de los muslos, muy ajustado para hacer lucir tetas y nalgas.
El rostro de la chica estaba delicadamente maquillado y su cabello arreglado para lucir como una exquisita sanpei xioie.
Los visitantes del museo que admiraban las nuevas creaciones, estaban lejos de saber que el sorprendente realismo de las figuras, se debía en buena parte a que cada una de ellas albergaba una base biológica.
El bárbaro, el trol y el hombre oso eran originalmente vagabundos que Wood había atraído con ofrecimiento de comida y bebida, a una camioneta especialmente acondicionada para abducir y retener personas.
La vampira era una prostituta que había abordado a Wood en la calle, y la sanpei era una escort contratada por internet.
Durante el día, las figuras de Wood ocupaban un lugar en sus respectivas vitrinas, pero al cerrar el museo, Wood usaba la magia del manual para infundirles vida y continuar con sus experimentos, buscando la técnica mágica ideal para lograr que dicha vida fuera completamente natural, pues en su primera etapa, el bárbaro, el trol y el hombre oso, eran un poco más que marionetas dependientes de las órdenes de Wood, y sus movimientos eran limitados y lentos, además de que sus mentes no eran del todo funcionales.
La vampira había resultado más avanzada, pues podía moverse con mayor soltura, y su inteligencia era casi humana. Wood le había creado memorias de una personalidad como si fuera una amiga y admiradora suya.
Por su parte, la sanpei, tenía tanta capacidad de movimiento como una persona real, y Wood le había creado las memorias que tendría una asistente personal leal y eficiente.
Con esta última creación, Wood decidió que podría dar el siguiente paso: conseguir las bases biológicas adecuadas para la construcción de las figuras en las cuales instalar las cabezas donde había recreado las memorias de su esposa e hijos.
Nora y sus sobrinos.
La familia Caleb vivía en la misma zona de edificios residenciales de los Jarvis. Nora estacionó su auto en la zona de visitante y junto con Hugo caminó a paso vivo hacia la entrada del edificio.
Nora lucía un breve short azul marino que realzaba la belleza de sus piernas esculpidas, enfundadas en unas pantimedias color suntan que añadían un toque de sofisticación a su look. Para completar el conjunto, llevaba unas sandalias de tacón alto, cuyas cintas del mismo color que el short se ataban delicadamente alrededor de sus tobillos, añadiendo un toque juguetón a su vestimenta.
En la parte superior, Nora llevaba una blusa blanca de manga corta que complementaba perfectamente su estilo relajado pero chic. Su cabello rojo intenso caía con suavidad sobre sus hombros, aportando un contraste encantador con la blancura de la blusa. Con cada paso que daba, su andar era una combinación de gracia y confianza, destacando su presencia única y atractiva.
-Hola, soy Nora Rosseau y mi sobrino Hugo. Vamos con la familia Caleb, en el 607- la voz dulce y cantarina de Nora, junto con espectacular presencia impactó al guardia del vestíbulo que no pudo evitar una mirada fugaz a las piernas enmarcadas en pantimedias mientras consultaba las visitas esperadas por los inquilinos.
-Sí, si, pase usted señorita Rosseau- dijo el hombre sonriente y atento señalando los elevadores.
James y Eloise Caleb, los padres de Cristi, recibieron cálidamente en su departamento a Nora y Hugo.
Mientras James estrechaba la mano de Hugo, Eloise abrazó a Nora y festejó su vestuario.
“¡Nora, qué alegría verte de nuevo!, siempre tan elegante y distinguida”, luego susurró a su oído, con discreción “y prepárate para una sorpresa, eres un ejemplo para mi hija”
Cristi se deslizó discretamente en el vestíbulo. Vestía una blusa blanca de manga corta y un short de mezclilla. Además, se había puesto unas pantimedias transparentes y zapatos deportivos.
"Hola Hugo, buenos días . . . tía Nora," murmuró Cristi, sonrojada, mientras miraba tímidamente hacia el suelo.
Los ojos verdes de Nora brillaron de admiración y extendió los brazos atrayendo a la niña a un sincero abrazo. "Hola, Cristi. ¿Ya también tú eres mi sobrina? No sabes que gusto me da que me llames así”
“Lleva dos días angustiada porque no sabía si decirte o no “Tía Nora” “, comentó Eloise, sin poder ocultar la emoción de ver la reacción de Nora.
Los padres de Cristi intercambiaron una mirada cómplice y sonrieron. James se dirigió a Nora, con una sonrisa. "Bueno, Nora, estamos en deuda contigo por llevar a estos dos a pasar un día divertido. Nosotros aprovecharemos para hacer algunas cosas por aquí."
Nora asintió con una sonrisa. "Por supuesto, disfruten su día. Yo me encargo de estos dos pequeños aventureros."

El parque de diversiones estaba lleno de vida y emoción, con colores brillantes y el bullicio alegre de la gente disfrutando de las atracciones. Era un día soleado, con el cielo azul salpicado de nubes blancas esponjosas, creando un telón de fondo perfecto para la diversión que se avecinaba.
Al entrar, Nora, Hugo y Cristi fueron recibidos por una sinfonía de risas y gritos de emoción. A su alrededor, las atracciones se erguían imponentes, cada una con su propio estilo y tema. Una montaña rusa retorcida se elevaba en lo alto, con sus vagones vibrantes de colores chillones zigzagueando por las vías. Cerca de allí, una noria giraba lentamente, ofreciendo vistas panorámicas del parque y sus alrededores.
El aroma dulce de palomitas de maíz y algodón de azúcar flotaba en el aire, mezclado con el olor a crema de helado y hot dogs recién preparados. Puestos de juegos desafiantes y coloridos se alineaban en los alrededores, con premios tentadores exhibidos para aquellos con destreza y suerte.
La música alegre resonaba desde diferentes puntos del parque, acompañando el vaivén de las personas que caminaban entre las atracciones. El ambiente estaba lleno de energía positiva y anticipación, con familias y grupos de amigos disfrutando juntos de un día de diversión y entretenimiento.
En cada rincón, había detalles encantadores que añadían encanto al parque: desde jardineras llenas de flores brillantes hasta esculturas coloridas y fuentes burbujeantes que refrescaban el ambiente. Los artistas callejeros y los animadores ambulaban por los senderos, agregando un toque de magia y sorpresa a la experiencia.
Para Hugo y Cristi, este día resultó gratamente revelador. Descubrieron que Nora, más allá de la científica seria y formal; y de la mujer sofisticada, elegante y sensual, era una persona divertida, capaz de encontrar risas y alegrías en cualquier momento.
Además, Nora reveló estar dispuesta a cualquier nueva experiencia, aún en las atracciones más extremas.
Con el rostro radiante de felicidad y su risa contagiosa, la pelirroja de llamativas piernas acompañaba a los niños a cualquier juego mecánico que se les antojara, y disfrutaba tanto como ellos de la emoción y la adrenalina.
Después de muchas horas de diversión, Nora decidió que era momento de descansar y recuperar energías. Los llevó a un restaurante dentro del parque, donde se sentaron en una mesa con vista a las atracciones. Entre bocados de sus platos favoritos, Hugo, Cristi y Nora hicieron planes para la tarde.
—¿Qué les parece si después de comer visitamos el famoso museo de cera? —sugirió Nora, mientras sorbía su bebida.
—¡Sí! ¡Quiero ver las figuras de los superhéroes! —exclamó Hugo, con los ojos brillantes de emoción.
—Y también quiero ver las de las estrellas de cine —añadió Cristi, sonriendo.
Nora asintió, contenta de ver a los niños tan emocionados. Sabía que el museo de cera sería una experiencia inolvidable para ellos, y estaba ansiosa por compartir más momentos especiales en este día lleno de aventuras.
El museo de cera destacaba en una zona anexa del parque de diversiones con su fachada elegante y grandes carteles que anunciaban las impresionantes esculturas en su interior.
Al entrar, Nora y los niños fueron recibidos por una atmósfera fresca y una iluminación tenue que daba un toque místico al lugar. Las figuras de cera, tan realistas que parecían estar a punto de moverse, estaban dispuestas en exhibiciones temáticas.
Los niños iban a empezar a corretear de un lado a otro, pero la mente científica de Nora se impuso y los obligó a reprimir sus ímpetus, dándoles una rapidísima plática de como ejercer la observación analítica para apreciar y disfrutar cada detalle de las piezas.
Aprendido esto, los niños descubrieron una nueva dimensión visual y disfrutaban cada una de las figuras, compitiendo amistosamente por descubrir los detalles relevantes para apreciar las figuras en su totalidad.
Por su parte, Nora disfrutaba de ver el entusiasmo y la diversión de los niños.
En su oficina, Sebastien Womer escrutaba los monitores de las cámaras que vigilaban las salas de exhibición del museo. La luz azulada de las pantallas iluminaba su rostro cansado y sus ojos hundidos, reflejo de años de obsesión y trabajo incansable. De pronto, algo llamó su atención. Inspiró profundamente, tratando de calmar la agitación que le provocó ver a una mujer pelirroja acompañada de dos niños.
Sebastien sintió que su boca se secaba al admirar la espléndida figura de la mujer. Sus piernas, cubiertas por un pantalón corto, realzaban sus caderas y curvas posteriores con una elegancia natural. La pretina del pantalón marcaba una esbelta cintura que se prolongaba en un magnífico busto, cubierto con una blusa de seda que brillaba sutilmente bajo las luces del museo.
Con una mezcla de fascinación y perturbación, Womer utilizó el zoom de las cámaras para recorrer cada centímetro del cuerpo de la mujer, desde los pies calzados con sandalias de tacón hasta la llamativa cabellera roja peinada en una trenza. Su rostro, resplandecía radiante de alegría mientras compartía la diversión con los niños, y poseía grandes ojos verdes que destilaban vida.

Womer uso el zoom de sus cámaras para recorrer palmo a palmo el cuerpo de la mujer, desde los pies calzados con sandalias de tacón de cuña hasta la llamativa cabellera roja peinada en una trenza y un hermoso rostro de grandes ojos verdes, radiante por el gusto de compartir la diversión con los niños. La niña era alta y espigada, vestía un pantalón corto y blusa blanca similar a los de la mujer. Sus piernas eran largas y finas, calzadas con zapatillas de deporte. Cabello castaño peinado también en una coqueta trenza y rostro fino y delicado. El niño era un poco más bajo, también delgado, pero con músculos incipientes que asomaban bajo su playera roja que complementaba los pantalones de mezclilla. Su cabello era más oscuro y sus ojos casi negros. Sebastien Womer siguió con la cámara al trio durante su recorrido por las primeras salas del museo, admirando la forma en que el lenguaje corporal de los tres demostraba que estaban compenetrados y unidos.

Por su parte la niña era alta y espigada, vestía un pantalón corto y una blusa blanca similar a los de la mujer. Sus piernas largas y finas estaban calzadas con zapatillas de deporte. Su cabello castaño, peinado también en una coqueta trenza, enmarcaba un rostro fino y delicado, con la misma expresión de felicidad. El niño, era un poco más bajo, pero con músculos incipientes que asomaban bajo su playera roja, complementaba su atavio con pantalones de mezclilla y su cabello oscuro, casi negro, que contrastaba con sus ojos profundos.
Sebastien siguió con la cámara al trío durante su recorrido por las primeras salas del museo. Observó cómo el lenguaje corporal de los tres demostraba una compenetración y unidad que le recordaba a su propia familia, una vez feliz y ahora perdida. Durante largos minutos, Womer temió la aparición de un hombre que asumiera el rol del cabeza de familia, pero los tres siguieron solos, sin ninguna señal de que esperaran a alguien más.
La mente de Sebastien, afilada por años de dirigir negocios emergentes y habitualmente exitosos, se puso en marcha. Había aprendido a tomar decisiones rápidas y llevarlas hasta el fin. Pero esta no era una simple decisión de negocios. La mujer pelirroja tenía que ser la base biológica de la figura de cera con que reemplazaría a su esposa, y los niños, con su vitalidad y semejanza a los suyos, tenían que convertirse en sus nuevos hijos.
Mientras observaba a Nora, Hugo y Cristi, Sebastien sintió una mezcla de esperanza y desesperación. Esta podría ser la oportunidad que había estado esperando durante tantos años de dolor y soledad. La visión de una nueva familia, inmortalizada en cera, comenzó a tomar forma en su mente. Con un suspiro profundo, se levantó de su silla, decidido a actuar. Esta era su oportunidad para volver a tener una familia, aunque fuera a través de la oscura magia que había perfeccionado.
La sonrisa en el rostro de Sebastien no era de alegría, sino de resolución. Sus ojos, llenos de una mezcla de locura y tristeza, brillaban con una determinación feroz. Los engranajes de su plan empezaron a moverse. La mujer y los niños ideales habían llegado al museo, y él no permitiría que se le escaparan.


Las luces del recinto se apagaron repentinamente, sumiendo a la multitud en una oscuridad total. Una voz en off resonó en la sala, anunciando el inicio de un espectáculo especial. Los visitantes, incluyendo a Nora y los niños, esperaban expectantes, asumiendo que todo era parte de la exhibición. La música incidental comenzó a sonar, creando una atmósfera inquietante y envolvente.
En medio de la penumbra, las piernas de Nora, con su percepción avanzada, detectaron movimiento. Tres figuras intimidantes entraron silenciosamente a la sala por puertas disimuladas en las paredes. Las piernas de Nora se pusieron alertas, tensándose ante la amenaza inminente. Sin embargo, Nora y los niños estaban absortos en la exhibición y no percibieron el peligro.
De repente, una espectacular estatua de cera apareció en el centro del escenario, iluminada por un haz de luz que la hacía destacar en la oscuridad circundante. La figura era una mujer alta, de piel blanca, cubierta por una ajustada túnica negra que realzaba su cuerpo sinuoso y sus largas piernas. Su cuello alargado y la cabeza echada hacia atrás, con los labios de color rojo intenso abiertos para mostrar un par de largos colmillos, le daban una apariencia aterradora y fascinante a la vez.
Su cabellera negra lacia caía sobre su espalda hasta la cintura, y sus ojos, desmesuradamente abiertos, mostraban iris tan rojos y brillantes como sus labios. La luz multicolor jugaba sobre el escenario, creando sombras y reflejos que daban vida a la escena.
Con una gracia hipnótica, la mujer vampiro empezó a moverse lentamente. Ondulaba sus brazos y piernas al ritmo de la música, su túnica negra fluyendo con cada movimiento. Los colmillos brillaban bajo las luces, y su mirada penetrante parecía seguir a cada espectador. Fingía amenazar al público con sus largos colmillos, provocando murmullos y exclamaciones de asombro y miedo entre los presentes.
Mientras tanto, las tres figuras intimidantes se acercaban sigilosamente. El bárbaro, el trol y el oso humanoide se movían con una precisión mortal, aprovechando la distracción creada por el espectáculo. Las piernas de Nora intentaban enviarle señales de advertencia, pero la fascinación de Nora por la escena la mantenía ajena al peligro.

¿Te gustaría continuar desde aquí o ajustar algún detalle?
Claro, aquí tienes la escena reescrita con diálogos y mayor detalle:
Las piernas de Nora comenzaron a enviar señales urgentes a su parte superior, alertándola sobre las tres figuras siniestras que merodeaban desde los extremos del salón. Nora sintió un ligero cosquilleo y se inclinó un poco hacia abajo, susurrando:
"¿Qué pasa?", preguntó en voz baja, tratando de no atraer la atención.
"Algo no está bien," respondieron las piernas, utilizando una especie de código interno que Nora había aprendido a entender. "Tres figuras se acercan, no parecen ser parte del público."
Nora frunció el ceño, pero su atención fue rápidamente capturada por la danza de la mujer vampira en el escenario. La figura comenzó a moverse con una gracia exultante, sus movimientos hipnóticos atrayendo la atención de todos los asistentes. Con un gesto dramático, la vampira se despojó de su túnica negra, revelando un conjunto deslumbrante.
"¡Oh, Dios mío!", exclamó una mujer en la audiencia, mientras otra soltaba un suspiro de admiración.
La vampira ahora vestía pantimedias negras brillantes y un top que ceñía su abundante busto. La escasa vestimenta permitía descubrir que el cuerpo de la vampira, entre las caderas y el busto, era una fina estructura de plástico y metal. El público expresó su admiración con murmullos y aplausos, fascinados por la ingeniosa combinación de tecnología y arte.
"Nora, esto es increíble", dijo Hugo, sus ojos brillando de emoción. "¿Cómo lo hacen?"
"No estoy segura," respondió Nora, aunque su preocupación comenzaba a crecer. "Pero parece muy real."
Cristi, sin apartar la vista del escenario, agregó: "Es como si fuera una verdadera vampira, pero con un toque futurista. ¡Es impresionante!"
Mientras tanto, las figuras siniestras se acercaban cada vez más, sus movimientos calculados y precisos. Nora sintió nuevamente la urgencia de sus piernas.
"En serio, algo no está bien," insistieron las piernas. "Debemos estar alerta."
"Debe ser parte del espectáculo," replicó Nora, tratando de convencerse a sí misma tanto como a sus piernas. "Mira a la audiencia, todos están fascinados. No creo que haya peligro."
Pero las piernas de Nora permanecieron tensas, preparadas para actuar si la situación lo requería. La vampira en el escenario continuaba su danza, sus movimientos cada vez más intrincados y sensuales, deslumbrando a todos los presentes. La mezcla de tecnología y apariencia humana era asombrosa, pero el peligro acechaba justo más allá del foco de luz.
Las luces se apagaron de improviso, sumiendo a la sala en una oscuridad total. La música fue sustituida por un molesto rumor, lo suficientemente alto para interferir en cualquier intento de hablar con otras personas. La tensión en el ambiente era palpable.
"Con permiso, chica, pero esto es grave," escuchó Nora la voz telepática de sus piernas. En ese momento, sintió que su cabeza se aísla de su cuerpo cuando la mente de sus piernas asumió el control completo.
Hugo y Cristi, confundidos, sintieron que Nora les tomaba de las manos y, en medio de la oscuridad, los jalaba hacia un lado del recinto. Entre el rumor que saturaba el ambiente, se escuchaban gritos y el ruido de cuerpos siendo empujados.
"¿Qué pasa, tía Nora?" preguntó Hugo, desconcertado y asustado.
"Tía Nora me prestó su cuerpo," escuchó Hugo la respuesta a través del contacto de sus manos. "Estos monigotes se volvieron locos."
Usando su poderosa percepción del entorno, capaz de ver aún en la más profunda oscuridad, las piernas de Nora descubrieron que un oso humanoide y un grotesco trol arreaban a las personas hacia la puerta de acceso del recinto. Los siniestros personajes parecían ver perfectamente en la oscuridad, pues empujaban con exactitud a la gente y, a manotazos, les arrancaban los celulares cuando trataban de usarlos como lámpara.
Las piernas de Nora se dieron cuenta de que un guerrero bárbaro y la mujer vampira se dirigían sin vacilaciones hacia ellos. Sin perder tiempo, jaló a los niños hasta una puerta accesoria que encontraron cerrada. Las piernas de Nora, usando el contacto físico con Hugo y Cristi y su canal telepático con su parte superior, impartieron instrucciones con fría exactitud.
"Nora, recupera el control de tu parte superior, voy a soltarme porque hay que pelear" ordenaron las piernas, transmitiendo la urgencia de la situación.
Nora recuperó el control de su parte superior y se abrazó del cuello de Hugo. Con un esfuerzo conjunto, Hugo la sostuvo mientras las piernas de Nora aplicaban su fuerza en una patada contra la cerradura de la puerta. Con un crujido, la cerradura se rompió y la puerta se abrió de golpe, dejando entrar la luz de un angosto pasillo.
"¡Fuera todos, aquí llegan los malos!" dijeron las piernas de Nora.
Hugo no necesitó mayores instrucciones. Con determinación, se precipitó hacia afuera, cargando la parte superior de Nora y seguido por Cristi. Atravesaron el umbral, dejando atrás el caos del recinto y adentrándose en el pasillo iluminado, con la esperanza de encontrar una salida segura.
La primera en llegar, más ágil y letal, fue la vampira. Sus colmillos descubiertos en un rictus de rabia y sus largos brazos extendidos con afiladas uñas amenazaban con desgarrar todo a su paso. Las piernas de Nora, con una agilidad sorprendente, esquivaron las uñas con un rápido movimiento y dispararon una poderosa patada contra las estructuras en el talle de la vampira. El impacto rompió algunas y deformó otras, de manera que el busto, los brazos y las piernas de la vampira se desplomaron sobre sus propias caderas. Con un largo chillido y su cuerpo contrahecho, la vampira cayó al suelo, manoteando y pataleando en una desesperada lucha por moverse.
El bárbaro, sin perder tiempo, lanzó un poderoso puñetazo que impactó en una cadera a las piernas de Nora, haciendo que volaran contra la pared y luego rodaran por el suelo. La parte superior de Nora no pudo evitar un chillido de dolor por el castigo infligido a sus piernas. Hugo y Cristi la sostenían con fuerza en sus brazos.
"Déjenme, niños, y corran," dijo Nora con urgencia, intentando protegerlos.
"¿Estás loca, tía? Estamos juntos en esto," dijo Hugo con firmeza.
"Claro que no, tía Nora. No te vamos a dejar," confirmó Cristi con resolución, aferrándose más fuerte a su tía.
El bárbaro avanzó un par de pasos, alargando sus brazos amenazadoramente hacia los niños. De repente, un par de piernas femeninas, cubiertas con pantimedias y vestidas con un pantaloncito corto, saltaron sobre su espalda e incrustaron las rodillas en sus riñones. Las piernas de Nora y su parte superior sintieron un sorpresivo dolor cuando las rodillas, cubiertas del sutil tejido de las pantimedias, se estrellaron contra una superficie inusualmente dura. El impacto lanzó al bárbaro hacia el frente y cayó estrepitosamente de bruces.
Las piernas de Nora cojeando adoloridas pero decididas a defender a los niños. Esta vez, atacaron las piernas del bárbaro. Con una ágil pirueta, las piernas de Nora enlazaron las del bárbaro y lo derribaron.
Con otra pirueta, lanzaron un talón contra la nuca del bárbaro, intentando inutilizarlo con un golpe de conejo. Sin embargo, nuevamente se encontraron con una superficie dura que les lastimó en el impacto, sin provocarle mayor daño al bárbaro, quien se puso lentamente en pie.
Las piernas de Nora rodaron otra vez hasta los pies del bárbaro y esta vez lo hicieron caer de espaldas. Un segundo después, las piernas de Nora regresaron a su lugar bajo su parte superior, completando la reunificación de su cuerpo.
Nora respiró hondo, intentando calmarse a sí misma tanto como a los niños. "Puede parecer increíble, pero son estatuas de cera. Cuando mis piernas golpearon al bárbaro, fue como golpear una pared."
Hugo añadió con un tono de asombro mezclado con miedo, "Y la vampira no es un truco de magia. Realmente tiene un esqueleto de metal y plástico."
El silencio cayó sobre ellos por un momento, solo roto por la respiración agitada de los tres. La realidad de su situación era difícil de aceptar, pero tenían que seguir adelante. Nora sabía que no podían quedarse allí por mucho tiempo. Se enderezó lentamente, todavía apoyada en los niños, y les miró con determinación.
"Tenemos que encontrar una salida," dijo, su voz firme. "No importa lo que sean esas cosas, no van a detenernos. Vamos a salir de aquí juntos."
Los niños asintieron, su miedo mitigado por la seguridad de Nora. Se miraron entre ellos, sabiendo que, a pesar del peligro, no estaban solos. Eran un equipo, y juntos enfrentarían cualquier cosa que se interpusiera en su camino.
Un golpe en la puerta hizo saltar a los tres. Nora evalúo rápidamente su posición. La exhibición del museo estaba en la planta baja, por lo que la escalera descendente debía conducir a un sótano. “Vamos a subir” decidió Nora, y añadió por su canal telepático “ánimo chicas, no podemos fallarles a los niños”. “Ya lloré mis treinta segundos, ahora no hay más remedio que batirnos” respondieron sus piernas por el mismo conducto, mientras Nora sentía que recuperaban su energía y determinación con cada paso que daban.
Nora sintió que sus piernas estaban gimiendo de dolor cuando volvieron a su lugar. A pesar de esto, viendo que el bárbaro se ponía de pie y la vampira, aunque deformada y contrahecha, se arrastraba hacia ellos, Nora supo que no había tiempo que perder.
"Tenemos que movernos, niños, por este pasillo," dijo con urgencia.
Cristi y Hugo, aunque asustados, conservaron su sentido de unión. De manera tácita, sin ponerse de acuerdo, se pusieron a los lados de Nora para ayudarla a caminar mientras sus piernas maltrechas se recuperaban un poco. La conexión entre ellos era palpable, un vínculo de confianza y lealtad que se reforzaba con cada paso que daban juntos.
El pasillo los llevó hasta una puerta que pudieron abrir sin problemas, conduciéndolos al descanso de una escalera que subía y bajaba. Hugo, mostrando una sorprendente calma y determinación, cerró la puerta y descubrió la manera de bloquearla con una barra de metal que sacó de una caja de útiles de seguridad.
"Eso les detendrá un poco," dijo, respirando con dificultad. "¿Cómo estás, tía Nora?"
Nora trató de sonreír mientras frotaba sus rodillas, donde las pantimedias se habían roto, revelando moretones en su piel. "Bien, solo déjenme reponerme un poco."
Cristi, incapaz de contener su angustia, preguntó, "¿Qué son esas cosas? ¿Qué quieren hacernos?"
Nora sintió que sus piernas estaban gimiendo de dolor cuando volvieron a su lugar. A pesar de esto, viendo que el bárbaro se ponía de pie y la vampira, aunque deformada y contrahecha, se arrastraba hacia ellos, Nora supo que no había tiempo que perder.

"Tenemos que movernos, niños, por este pasillo," dijo con urgencia.

Cristi y Hugo, aunque asustados, conservaron su sentido de unión. De manera tácita, sin ponerse de acuerdo, se pusieron a los lados de Nora para ayudarla a caminar mientras sus piernas maltrechas se recuperaban un poco. La conexión entre ellos era palpable, un vínculo de confianza y lealtad que se reforzaba con cada paso que daban juntos.

El pasillo los llevó hasta una puerta que pudieron abrir sin problemas, conduciéndolos al descanso de una escalera que subía y bajaba. Hugo, mostrando una sorprendente calma y determinación, cerró la puerta y descubrió la manera de bloquearla con una barra de metal que sacó de una caja de útiles de seguridad.

"Eso les detendrá un poco," dijo, respirando con dificultad. "¿Cómo estás, tía Nora?"

Nora trató de sonreír mientras frotaba sus rodillas, donde las pantimedias se habían roto, revelando moretones en su piel. "Bien, solo déjenme reponerme un poco."

Cristi, incapaz de contener su angustia, preguntó, "¿Qué son esas cosas? ¿Qué quieren hacernos?"

Nora respiró hondo, intentando calmarse a sí misma tanto como a los niños. "Puede parecer increíble, pero son estatuas de cera. Cuando mis piernas golpearon al bárbaro, fue como golpear una pared."

Hugo añadió con un tono de asombro mezclado con miedo, "Y la vampira no es un truco de magia. Realmente tiene un esqueleto de metal y plástico."

El silencio cayó sobre ellos por un momento, solo roto por la respiración agitada de los tres. La realidad de su situación era difícil de aceptar, pero tenían que seguir adelante. Nora sabía que no podían quedarse allí por mucho tiempo. Se enderezó lentamente, todavía apoyada en los niños, y les miró con determinación.

"Tenemos que encontrar una salida," dijo, su voz firme. "No importa lo que sean esas cosas, no van a detenernos. Vamos a salir de aquí juntos."

Los niños asintieron, su miedo mitigado por la seguridad de Nora. Se miraron entre ellos, sabiendo que, a pesar del peligro, no estaban solos. Eran un equipo, y juntos enfrentarían cualquier cosa que se interpusiera en su camino.



Nora y los niños subieron los primeros peldaños de la escalera, con cada paso una mezcla de adrenalina y miedo recorriendo sus venas. Apenas llegaron al descanso de la puerta superior, una figura femenina apareció, bloqueando su camino. Ataviada como una Mui Tsai, la mujer vestía un ceñido vestido negro con dragones bordados en dorado. El vestido llegaba hasta las rodillas, pero tenía sendas aberturas a los lados hasta la parte más alta de los muslos, dejando admirar unas piernas largas y sinuosas.

La mujer poseía una espesa cabellera negra y lustrosa, peinada en un sofisticado tocado que realzaba su presencia imponente. Sus ojos estaban maquillados en tonos negros y plateados, y sus labios pintados de un brillante color rojo formaban un rictus de amenaza. Adoptó una pose beligerante, alzando sus manos con uñas largas y afiladas de color rojo sangre, dispuesta a atacar.

Hugo y Cristi reaccionaron de inmediato, sosteniendo la parte superior de Nora, sin necesidad de que ella se los indicara. La compenetración entre ellos era asombrosa, un reflejo de la confianza y el cariño que los unía.

Mientras tanto, las piernas de Nora aparecieron en el descanso de la escalera, detrás de la Mui Tsai. La mujer, de alguna manera, intuyó su presencia y trató de girar para enfrentarlas. Pero antes de lograrlo, la pierna derecha de Nora se movió con precisión y fuerza, golpeando a la Mui Tsai en la cadera. El impacto fue tan fuerte que la mujer de cera voló sobre el barandal, aterrizando con un estruendoso ruido metálico en la parte inferior de la escalera.

Nora sintió una mezcla de alivio y preocupación. Sus piernas habían hecho su trabajo, pero sabía que no podían bajar la guardia. A pesar de la situación, sintió un agradecimiento profundo hacia sus valientes piernas y hacia los niños que, a su manera, también eran sus aliados más valiosos.

"Bien hecho," dijo Hugo, con una chispa de admiración en sus ojos. "Vamos, tía Nora, tenemos que seguir."

Nora asintió, aún recuperándose del dolor en sus rodillas, pero con una determinación renovada. "Sí, sigamos. No podemos quedarnos aquí."

Cristi miró hacia abajo, donde la Mui Tsai yacía en una pose desarticulada, sus ojos de cera aún brillando con una amenaza latente. "¿Estará bien así?" preguntó, su voz temblando un poco.

"Por ahora," respondió Nora, apretando ligeramente la mano de Cristi para darle seguridad. "Lo importante es que sigamos adelante. Tenemos que salir de aquí."

Los tres continuaron subiendo la escalera, con Nora recuperando poco a poco el control de sus piernas. Cada paso los acercaba a la salida, pero también los hacía más conscientes del peligro que los rodeaba. Sin embargo, la conexión y el coraje que compartían les daban la fuerza necesaria para enfrentar cualquier obstáculo.

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Las piernas de Nora regresaron a su sitio con un ligero temblor de dolor, pero sin perder tiempo, la mujer se impulsó escaleras arriba junto a los niños. Cristi y Hugo, llenos de curiosidad y temor, se asomaron por las escaleras. La Mui Tsai yacía sobre el hombro derecho y, debido a la fuerza del impacto, su brazo se había desprendido y rodado un par de escalones más abajo.

Para sorpresa de los niños, no había sangre; en su lugar, asomaba un trozo de hueso reseco, roto y astillado. Sin mostrar signos de dolor, la mujer oriental se apoyaba en su brazo sano, levantándose con una determinación fría y espeluznante. Sus ojos, esplendorosamente maquillados, les dirigían una mirada vacía y amenazante.

"Vámonos," urgió Nora con voz tensa, su preocupación palpable. Los golpes en la puerta del piso inferior eran cada vez más fuertes, resonando como un tambor de guerra, una siniestra señal de que la barrera que los separaba de sus perseguidores estaba a punto de ceder.

Cristi y Hugo intercambiaron una mirada, su miedo reflejado en sus ojos, pero sin cuestionar a Nora. La Mui Tsai estaba a punto de incorporarse, sus movimientos mecánicos y decididos, dispuesta a subir tras ellos.

Nora, sintiendo la urgencia de la situación, se esforzó por mantener el control. "No podemos quedarnos aquí," dijo con firmeza, su voz intentando transmitir calma y seguridad a los niños. "Tenemos que seguir."

Con cada paso que daban, el sonido de los golpes en la puerta y el ruido metálico de la Mui Tsai tratando de recuperar su equilibrio resonaban en sus oídos. La tensión en el aire era casi tangible, una mezcla de miedo, adrenalina y una determinación feroz de sobrevivir.

A medida que subían las escaleras, Nora sintió un dolor punzante en sus piernas, pero su preocupación por Hugo y Cristi la impulsaba a seguir adelante. Los niños, aunque asustados, se mantenían firmes a su lado, sus manos pequeñas pero fuertes sosteniendo a Nora, compartiendo su fuerza y valentía.

El pasillo superior se extendía frente a ellos como una promesa de escape, pero también como un laberinto lleno de incertidumbres. "Vamos, niños," murmuró Nora, apretando ligeramente las manos de Hugo y Cristi. "Podemos hacerlo."

Con una última mirada hacia la figura de la Mui Tsai, que finalmente se había puesto de pie y comenzaba a subir tras ellos, Nora y los niños aceleraron el paso, decididos a encontrar una salida de ese museo de pesadillas.

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Luego de franquear la puerta, Nora encontró la manera de cerrarla y bloquearla. Estaban en un amplio hangar, vacío y con escasa iluminación. La percepción del entorno de las piernas de Nora detectaron dos puertas al otro extremo del hangar, hacia donde se dirigieron de inmediato. Nora sintió cómo sus piernas se movían por sí solas para pegar una cadera en la primera puerta.

—No oigo nada, espero que esté vacío allá adentro —dijeron las piernas de Nora, devolviéndole el control a la parte superior de Nora.

Con cuidado, Nora hizo girar el picaporte y abrió la puerta. Las piernas de Nora detectaron el interruptor de la luz, y Nora lo encendió para descubrir un cuarto amplio, con un sillón en el centro y las paredes cubiertas de tableros de corcho con ampliaciones de fotografías pegadas con chinchetas. En otra pared, una gran pantalla conectada a un dispositivo de reproducción de video en varios formatos. Cuando Nora y los niños curiosearon las fotos, descubrieron que algunas de ellas representaban a una familia con padre, madre y dos hijos. En otras fotos, la mayoría, aparecían sólo la mujer, una guapa y escultural rubia, con una niña y un niño en diferentes etapas de crecimiento.

—Si no estuviera depilada como huevo duro, se me erizaría el vello —dijeron las piernas de Nora por su canal telepático—. ¿Te fijas que está obcecado con la rubia y los niños?

Nora asintió, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda. Cristi y Hugo, intrigados y asustados, seguían observando las fotos.

—Esto es... inquietante —murmuró Nora—. El tipo que hizo esto tiene una obsesión terrífica.

Los niños siguieron explorando y encontraron otra puerta en el cuarto. Hugo la abrió con cuidado y encendió la luz, revelando un cuarto del mismo tamaño. Igual que el anterior, tenía un sillón en el centro, pero además había una mesa de metal con tres esculturas de cera que representaban las cabezas de una mujer y dos niños, muy parecidos a las personas fotografiadas.

—Mira esto, tía Nora —llamó Cristi, señalando las cabezas de cera.

Nora se acercó, su corazón latiendo con fuerza al ver las esculturas. Las cabezas tenían un nivel de detalle impresionante, y los ojos de la mujer parecían estar a punto de abrirse.

—Es como si estuvieran durmiendo —susurró Hugo, acercándose con cautela.

De repente, la cabeza de la mujer abrió los ojos, provocando un sobresalto en todos.

—No teman —dijo la cabeza de cera con una voz suave y melódica—. No les haré daño.

Nora, sorprendida pero decidida a obtener respuestas, se acercó un poco más.

—¿Quién eres? —preguntó con voz firme.

—Soy una creación de Sebastien Womer —respondió la cabeza de cera—. Mi nombre es Elaria. Fui hecha a partir del recuerdo de la esposa que Womer perdió.

—¿Sebastien Womer? —Nora frunció el ceño—. ¿Qué está tratando de hacer?

Elaria cerró sus ojos de cera, como si necesitara concentrarse para recordar el doloroso pasado.

—Womer es un hombre consumido por la tristeza y la desesperación —comenzó Elaria—. Perdió a su esposa y a sus hijos en un accidente trágico. En su dolor, descubrió un antiguo libro de magia que le prometía la capacidad de traer de vuelta a los que había perdido. Este libro, conocido como “El Grimorio de las Sombras Eternas”, contiene hechizos que pueden insuflar vida a las estatuas de cera, transformándolas en seres conscientes.

Hugo y Cristi intercambiaron miradas de asombro y miedo.

—¿Pero cómo lo ha logrado? —preguntó Hugo.

—Womer ha estado tratando de recrear a su familia a través de estas figuras de cera —continuó Elaria—. Su intención es usar estas estatuas como sustitutos de su esposa y sus hijos. Ha intentado infundir en cada una de ellas la memoria de su familia para que puedan reemplazarlos. Pero ha fallado en su intento hasta ahora, pues no ha logrado recuperar la verdadera esencia de lo que eran.

Cristi se acercó a la cabeza con un brillo de esperanza en los ojos.

—¿Hay algo que podamos hacer para detenerlo?

La cabeza de cera, con una expresión de resignación, se volvió hacia un estante en la esquina del taller, donde se encontraba un libro antiguo cubierto de polvo. Susurros de angustia y esperanza se mezclaron en su voz.

—El Grimorio de las Sombras Eternas está allí —dijo Elaria, señalando el libro con un gesto—. Si se destruye, se interrumpirá el poder que Womer utiliza para sus oscuros propósitos.

Nora miró el libro con una mezcla de determinación y preocupación. Era un volumen antiguo con un encuadernado de cuero desgastado y un símbolo en la portada que parecía emanar una energía oscura.

—¿Y qué pasa con nosotros? —preguntó Hugo, con el pánico reflejado en sus ojos.

—Debéis encontrar una forma de escapar mientras aún podáis —aconsejó Elaria—. El laboratorio tiene un mecanismo de protección que puede ser activado para protegerse de intrusos, pero no tiene más recursos para detener a Womer.

Elaria cerró sus ojos lentamente.

—Tienen que actuar con rapidez. La Mui Tsai está en camino, y pronto se unirán otros guardianes para detenerlos. No tienen mucho tiempo antes de que Womer descubra lo que están haciendo aquí.

Nora asintió, con el corazón latiendo con fuerza mientras sus pensamientos se dirigían al libro. Se volvió hacia los niños, decidida.

—Hugo, Cristi, necesitamos encontrar una manera de destruir ese libro. Y debemos hacerlo antes de que sea demasiado tarde.

Hugo apretó los dientes, su miedo transformado en determinación. Cristi asintió con valentía, su mano firmemente aferrada a la de Nora.

—Vamos a hacerlo, tía Nora. Estamos contigo.

Nora sonrió con una mezcla de tristeza y esperanza, agradecida por la valentía de los niños. Juntos, se acercaron al libro, sus pasos resonando con una nueva resolución.

Hugo comentó en voz baja que parecían estar durmiendo. De improviso, la escultura de la cabeza de mujer abrió los ojos, sobresaltando a todos.

La cabeza de mujer miró a Nora y dijo con voz ronca y áspera:

—¿Quiénes son ustedes? ¿Qué hacen aquí? ¿Eres tú quien me va a dar su cuerpo?

Nora, tratando de calmarse, respondió:

—Somos visitantes. Unos extraños seres nos empujaron a este lugar y no entiendo de darte mi cuerpo. Ahora dime, ¿quién eres tú y qué está pasando aquí?

La cabeza pestañeó, como si acomodara sus pensamientos.

—Soy una creación de Sebastien. Me dijo que me llamo Isabella y él viene todos los días a platicarme los recuerdos de su esposa porque quiere que yo sea como ella. Prometió además que me iba a dar un cuerpo como el que tenía su esposa.

Hugo, aún asustado pero curioso, preguntó:

—¿Y los niños?

Isabella torció los ojos para ver a Hugo.

—Van a ser mis hijos para completar la familia de Sebastien. Me ha dicho que cuando yo tenga todos los recuerdos de su esposa, entre los dos vamos a hacer que los niños tengan los recuerdos de sus hijos.

Nora frunció el ceño, intentando comprender el alcance de todo esto.

—¿Pero quién es ese Sebastien? —urgió Nora.

Isabella cerró sus ojos de cera, concentrándose.

—Sebastien es un hombre consumido por la tristeza y la desesperación. Perdió a su esposa y a sus hijos en un accidente trágico. En su dolor, descubrió un antiguo libro de magia que contiene hechizos que pueden insuflar vida a las estatuas de cera. Quiere primero que en estas cabezas tengamos los recuerdos de su esposa e hijos para luego ponernos sobre cuerpos convertidos en estatuas y con eso recuperar a su familia.

Las piernas de Nora pasaron un mensaje a su parte superior. "Tiene una voz muy extraña pero percibo que está triste e inconforme," el mensaje coincidió con una sensación que Nora ya había captado. "Estás triste e inconforme, Isabella, ¿Qué sucede?" preguntó Nora. Los ojos de cera transmitieron dolor sin palabras.

"No sé quién soy," comenzó Isabella con un tono sombrío. "Sebastien me injerta recuerdos y pensamientos que son de una persona muerta. No sé si realmente quiero tener un cuerpo para vivir como una sombra de alguien que ya no existe, y no sé tampoco si quiero esto para unos niños que ni siquiera conozco y que Sebastien quiere obligar a que sean mis hijos."

"Eso es lamentable, Isabella. ¿Y sabes cómo hace esto Sebastien?" preguntó Nora.

La cabeza de cera trató de señalar un rincón con los ojos. "Me ha dicho que es un libro de magia, está en el cajón de la mesa."

Cristi, siendo la más cercana, se acercó al cajón con determinación. Con un suspiro profundo, abrió el cajón y encontró un libro encuadernado en cuero oscuro, con un grabado en líneas doradas, irreconocible de lo gastado. Sus dedos temblaban mientras sacaba el libro y lo colocaba sobre la mesa.

Nora se acercó y pasó sus dedos sobre la tapa del libro. "Este es el origen de todo," murmuró. "Con esto, podríamos deshacer lo que Sebastien ha hecho."

Hugo miró a la cabeza de cera de Isabella con una mezcla de compasión y determinación. "No mereces ser una sombra de alguien más, ni los niños tampoco," dijo con firmeza.

Isabella pestañeó, tratando de contener sus emociones. "Por favor, detengan a Sebastien. No quiero vivir esta mentira."

Nora asintió con determinación. "Lo haremos. Encontraremos una forma de revertir esto y liberarte a ti y a los niños."

De repente, un fuerte golpe resonó en la puerta que habían bloqueado anteriormente. El corazón de Nora latía con fuerza. "Debemos darnos prisa," urgió. "Sebastien y sus creaciones no tardarán en encontrarnos."

Cristi sostenía el libro con fuerza mientras Nora y Hugo la guiaban hacia la otra puerta del cuarto. "Tenemos que descubrir cómo usar este libro para detenerlo," dijo Cristi.

"Primero, tenemos que salir de aquí con vida," respondió Nora. "Vamos, sigamos adelante."

Las piernas de Nora estaban alerta, listas para cualquier amenaza que pudieran encontrar. Los tres, con el libro en mano, se adentraron más en el misterioso taller de Sebastien, buscando desesperadamente una salida y una solución para liberar a las almas atrapadas en las estatuas de cera.


En su oficina, donde además tenía el control sobre las instalaciones del museo, Sebastien Womer seguía por el circuito cerrado las acciones de sus creaciones de cera. Apagó las luces del recinto interactivo, sabiendo que sus creaciones tenían visión infrarroja para moverse en la oscuridad y cumplir sus órdenes de apoderarse de la mujer de bonitas piernas y sus hijos, y desalojar al resto del público a la supuesta sesión interactiva.

De manera sorpresiva, Sebastien vio por sus cámaras que una de las puertas laterales se abría y tres figuras salían por ella, seguidas de cerca por el bárbaro y la vampira. A continuación, Sebastien atestiguó con sorpresa que la atractiva mujer pelirroja de pantaloncillo corto y hermosas piernas, se dividía en dos. La parte superior quedó en resguardo de los niños, mientras las piernas enfrentaban a sus perseguidores. Sebastien sintió un poco de envidia al hacer zoom y notar que algo decía la mujer a los niños, que sin vacilar usaron sus generosos senos para sujetar firmemente su parte superior.

Atónito, el escultor presenció en sus pantallas cómo las piernas fracturaban el soporte del cuerpo de la vampira y derribaban al bárbaro, para fusionarse luego con su parte superior y huir con los niños hacia las escaleras. Luego, el circuito cerrado le llevó hasta sus pantallas la pelea de las piernas contra la Mui Tsai y la forma sorprendente en que las elegantes piernas podían desaparecer de un sitio y aparecer inmediatamente en otro. Una vez más, corroboró la forma en que los niños se compenetraban en brindar apoyo a la parte superior de la pelirroja, mientras sus piernas estaban separadas.

El hangar del piso superior no tenía cámaras y tampoco las había en la sala privada donde Womer supuso que los fugitivos irían a meterse, y que se encontraba a un lado de su propia oficina. Ver en acción a la espectacular pelirroja que podía usar sus piernas como una poderosa arma, había fortalecido su intención de apoderarse de su cuerpo y usarlo para darle una forma sensual a su nueva esposa. Por otra parte, la determinación y valor de los niños también lo había convencido de que eran los más indicados para ocupar el lugar de sus hijos.



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